¡Y lo volvieron a profanar!


Imagen de Richard Blanco

El Cementerio General del Sur, fue decretado el año 1982, Patrimonio Histórico y Artístico de la nación y Patrimonio Universal de la UNESCO.

Para el año 1996, siendo Antonio Ledezma alcalde del municipio Libertador, me designó como director de los cementerios municipales, al llegar a este camposanto que posee 120 hectáreas donde hay obras de incalculables valía, me conseguí con una necrópolis realmente abandonada.

Las puertas principales tenían como destino una servidumbre de paso que permitía que los vecinos de los sectores aledaños entraran hacia sus residencias recortando camino entre las urnas. Las capillas velatorios estaban abandonadas, no había servicios de seguridad y se profanaban las tumbas.

Recuerdo haber llegado al panteón de los Crespo, ahí reposaban los cuerpos de los familiares, y del ex presidente de la República, Joaquín Sinforiano de Jesús Crespo, quien fue muerto en la Mata Carmelera, estado Cojedes el 16 de abril de 1898; así como los restos de su amada esposa Misia Jacinta.

Al inicio de mi gestión los mismos trabajadores del cementerio no me permitían entrar a un panteón que lucia desolado, abandonado con una cadena y un gran candado como que si alguien fuese el responsable del cuido de dicho sitio.

Ordené que entráramos al que un día fue un majestuoso mausoleo familiar, construido en 1898, donde reposaban en su sótano dos sarcófagos, el de Joaquín Crespo y el de su esposa, María Jacinta. Percibí con asombro como la tumba del militar que fue dos veces Presidente de Venezuela, había sido profanada.

Pude observar los restos diminutos de un cadáver sin vestimenta que para la fecha estaba por cumplir casi 100 años de muerte. A su lado se veía que realizaban ritos de hechicería y de magia negra, velones, tabacos, ofrendas con esfinges de santos de diferentes tipos, entre ellos el del negro primero, no obstante la tumba de Misia Jacinta se mantenía intacta.

Inmediatamente me comuniqué con el Alcalde Ledezma y denuncié ante los medios de comunicación lo que venía ocurriendo, contacté por instrucciones del Alcalde con el Instituto de Patrimonio Cultural, e iniciamos una persecución para acabar con los ladrones de cuello negro, los zamuros que rondaban por las noches el huerto sagrado.

No solamente el mausoleo de Joaquín Crespo había sido desvalijado, otras tumbas también fueron profanadas por gente inescrupulosa dedicada a comercializar con el dolor de los deudos.

Recibí la llamada del Presidente Rafael Caldera quien se preocupó y designó a su Ministro de Secretaria, el Dr. Asdrúbal Aguiar, quien me manifestó que planificaría una visita al cumplirse casi un centenario de la muerte de Joaquín Crespo, y en el que acudió días después luego del rescate de dicho mausoleo por parte del Municipio Libertador y la Gobernación del Distrito Federal conjuntamente con el apoyo del Gobierno nacional de entonces.

Se realizaron operativos fitosanitarios y la refacción de la estructura física, exámenes médico forenses por parte del Dr. Jack Castro, y su equipo de trabajo de la Medicatura Forense de la antigua Policía Técnica Judicial, también logramos localizar los familiares más cercanos a Joaquín Crespo. Ahí se dejó un servicio permanente de custodia integrado por la Policía del Municipio Libertador, la Seguridad Urbana de la Guardia Nacional para el resguardo del sitio.

Hace algunos días retorné al Cementerio General del Sur y denuncié a través del programa Aló Venezuela el mal estado de este camposanto, la profanación de las tumbas y los problemas sanitarios que ocurren bajo la mirada complaciente de las autoridades de la Alcaldía Libertador, dirigida por el Alcalde ausente Jorge Rodríguez, quien tiene la responsabilidad, de acuerdo a la Ley Orgánica de Régimen Municipal y a la Ordenanza de Servicios Funerarios, de ser el administrador, custodio y responsable del mantenimiento permanente del camposanto.

Y lo volvieron a profanar, a Joaquín Crespo, “el Taita”, el dictador, y así como ocurre con él también sucede con los cadáveres de hombres, mujeres y niños sin mayor renombre que descansan en este lugar del olvido. ¡Que indolencia, que anarquía, incapacidad e injusticia!

Queda en mano de la Fiscalía General de la República iniciar una averiguación de estos hechos ilícitos que se están cometiendo en el Cementerio General del Sur.

Ya los muertos ni siquiera descansan en Paz.

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Richard Blanco
Diputado a la Asamblea Nacional por Caracas

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