¿Amor sin sexo?


Mucho se habla de la emancipación del sexo respecto al amor pero, ¿puede el amor independizarse del sexo? El debate arranca mientras emerge el movimiento asexual como cuarta orientación sexual y muchas parejas preservan el núcleo romántico y buscan la sexualidad fuera. "No tiene nada que ver con la promiscuidad. Simplemente, cada vez hay más gente que acepta que es muy difícil encontrar todos los estímulos en una sola persona", explica a Efe, en vísperas de San Valentín, Anthony Bogaert, profesor del Departamento de Psicología del Universidad de Brock, en Otawa (Canadá) y experto en sexualidad.

El amor aspira actualmente a sobrevivir a este divorcio, pese a los esquemas tradicionales. "Son personas todavía sexuales pero han perdido el apego sexual a su pareja pero no el romántico", puntualiza.

De hecho, este matrimonio amor-sexo, desde una visión psicoanalista, puede ser en muchas ocasiones de conveniencia y esta nueva fórmula sería más realista.

"El amor y el sexo están generalmente separados. Las parejas que más se aman, las que se conocieron a los doce años, fueron al liceo y a la universidad y luego se casaron, no son las que más gozan", asegura a Efe Miguel Oscar Menassa, director del Grupo Cero de Poesía y Psicoanálisis.

Y añade: "Muchas mujeres tienen su primer orgasmo fuera de la pareja. Después gozan con la pareja, pero primero, para tener una buena sexualidad hay que aprender a no respetar demasiado al objeto sexual".

Aun así, "lo ideal sigue siendo poder conjugar que aquello que amo es aquello que deseo", pero eso "ocurre muy pocas veces" y, en esos casos, también puede tener una duración concreta, según Menassa.

"Las consultas están llenas de parejas de enamorados que no pueden tener relaciones. Ellos se convierten en impotentes y ellas en frígidas", explica Menassa.

Más allá de los caminos divergentes que toma el amor respecto al sexo, comienza a tomar fuerza un colectivo que se reivindica como el cuarta orientación sexual: los asexuales.

Para la visión psicoanalista de Menassa, eso no existe. "Separamos la sexualidad de la genitalidad. La sexualidad es un montón de cosas de la actividad del hombre y es una función vital imprescindible", rebate.

Sin embargo, Bogaert, en sus estudios, analiza cómo mientras mucha gente "no quiere sexo por la reacción emotiva que les provoca", también existe otra "que simplemente no tiene interés ni atracción por el sexo".

El colectivo asexual, según los expertos, supone entre un 1 y un 3 por ciento de la población y muchos apuntan a sus filas a figuras como Salvador Dalí, Frédéric Chopin o Isabel I de Inglaterra.

En cualquier caso, es una minoría que empieza a hacerse oír, a reivindicar su carácter no patológico y a explicar su manera de desenvolverse en un mundo sumamente sexuado.

Ellos firman claramente la declaración de independencia del amor, ya que "los asexuales sí pueden sentir una atracción romántica por la otra persona" y aun así no entrar en materia sexual, explica Bogaert.

La pareja no siempre es asexual, por lo que el planteamiento de las relaciones íntimas es complicado y muchas veces el miembro asexual de la pareja accede a practicar el sexo puntualmente, ya que físicamente es capaz.

Más fácil es una relación entre asexuales, como recogía en septiembre de 2008 el diario británico The Guardian, a través del testimonio de Paul Cox, un joven de 24 años asexual que desgranaba las felicidades de su recién inaugurado matrimonio.

"Es muy difícil para el asexual encontrar pareja y es una indudable fuente de estrés", reconoce Bogaert.

Así ha nacido Platonic Partners (www.platonicpartners.co.uk), una página de contactos para encuentros amorosos liberados del, para sus usuarios, yugo del sexo.

O, para entender el fenómeno más ampliamente o "adscribirse" a él, nace la Asexual Visibility and Education Network (www.asexuality.org).

Y es que, en esta minoría, también existe una gran variedad: "Desde el que no entiende el sexo con otras personas pero sí lleva un hábito de masturbación como cualquiera, hasta el que se declara 'A-romantic', es decir, que tampoco siente atracción por ningún tipo de vínculo amoroso", explica Bogaert, quien sigue investigando en busca de la base biológica detrás de ello.

En cualquier caso, el colectivo asexual sigue un patrón parecido al gay en su "salida del armario". Comienzan a usarse términos como el "A-Pride" (orgullo asexual) y se venden con el eslogan "Amoeba Lifestyle" (estilo de vida ameba).

También muchos testimonios vertidos en la red aseguran que fue muy liberador encontrarse con gente de su misma condición tras una adolescencia en la que se sintieron excluidos entre tanta revolución hormonal.

"Algún día la asexualidad estará más aceptada, pero nunca será tan poderosa como el movimiento gay por una simple razón: son menos. Espero que sea un movimiento significativo, que se junten, compartan información y sientan proximidad", concluye Bogaert. (EFE)

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