Andreína Ramírez fue sepultada en el Táchira

 Andreína Ramírez fue sepultada en el Táchira

Aunque la madre y demás familiares esperaron por 6 horas en el cementerio Metropolitano, el cuerpo fue llevado a la capilla del cementerio de Caneyes luego de las 8 de la noche, a donde de prisa se trasladaron las personas

Las reacciones de familiares, amigos y políticos, de rechazo no se hicieron esperar en la mañana de este sábado al conocerse que los cadáveres de dos de los hombres abatidos junto con Óscar Pérez, el pasado lunes, en El Junquito, serían enterrados, contra la voluntad y consentimiento de sus familiares, en el Cementerio General del Este, en Caracas.

Se trataba de los restos mortales de Abraham Israel Agostini y José Alejandro Díaz Pimentel, mientras que los de los hermanos Abraham y Jairo Lugo Ramos, junto con el de Daniel Enrique Soto Torres, fueron trasladados en un avión militar al Zulia y sepultados en el acto; lo mismo ocurrió con el cuerpo de la enfermera tachirense, Lisbeth Andreína Ramírez Mantilla.

A la familia de la mujer tachirense, a media mañana de este sábado, le informaron que le entregarían el cuerpo, pero que sería el mismo Gobierno, a través de los organismos correspondientes, el que se encargaría de trasladarlo al Táchira y de su inmediata sepultura, en razón de que el grado de descomposición que presenta no era apto para el acto velatorio.

Para ello, les habrían indicado que requerían la no intervención de terceros, como -por ejemplo- la de los diputados de la Asamblea Nacional, que a través de una comisión que investiga el hecho violento han estado acompañando y apoyando, con asesoría y trámites, a las familias de los siete abatidos, desde hace casi una semana.

Efectivamente, a la 1:45 de la tarde, según informó el diputado tachirense a la Asamblea Nacional, Franklin Duarte, sacaron de la morgue de Bello Monte, bajo fuerte custodia militar, el cuerpo de Lisbeth Andreína, con destino al aeropuerto de Maiquetía y de allí, desde la rampa 4, en un avión militar hasta el Zulia, para dejar los cuerpos de los tres masculinos, y luego directamente al Táchira con el de la enfermera.

Un nutrido grupo de personas, entre familiares, amigos, vecinos de la muchacha y periodistas, esperaban en el cementerio la llegada del ataúd; sin embargo, pasaban las horas y la angustia se comenzó a sentir entre los presentes, ante la duda de a qué hora llegaría, por cuál lugar y en dónde sería finalmente el sepelio, si en el Cementerio Metropolitano, donde se congregó la familia, o en el camposanto de Caneyes, donde también esperaba un grupo de personas.

Visiblemente abatida y flanqueada por sus tres hijas, poco antes de las 4 de la tarde, llegó Faride Mantilla, la madre de Andreína. Y fue a finales de la tarde cuando al fin la aeronave arribó a tierra tachirense con el féretro de la muchacha, que se asegura estaba

embarazada y fue trasladada al cementerio de Caneyes en Cárdenas y no al Jardín Metropolitano El Mirador, donde esperaba la familia durante más de 6 horas, por lo que debieron en la noche –luego de las 8 pm- trasladarse al cementerio donde fue trasladado el cuerpo por parte de los militares. Y luego de una breve despedida en la capilla fue sepultada en medio del llanto de su familia y aplausos y algunos cantos de los presentes que enarbolaron la bandera nacional.

“Medida arbitraria e indolente”

En cuanto al traslado de los féretros con los cuerpos de los dos primeros hombres hasta el Cementerio del Este, donde ya habían abierto las fosas, se dio a las 5 de la mañana. A los familiares -que aseguraron fue bajo engaño e incomunicados porque les quitaron temporalmente sus celulares-, también los llevaron en un autobús, para luego solo permitir el ingreso de dos, por fallecido, al acto de sepultura.

El acceso al cementerio fue restringido para el resto de familiares, amigos, periodistas, con un gran despliegue de la Guardia Nacional, cuyos funcionarios, inmutables, escuchaban las súplicas de los parientes que exigían la entrga de los cuerpos o en su defecto que les permitieran estar en el entierro, para despedirse de ellos por última vez. Escenas de dolor, indignación, impotencia e ira se apreciaron a las afueras del cementerio por parte de quienes gritaban y denunciaban que se trataba de una medida arbitraria e indolente que estaba cometiendo contra ellos el Gobierno nacional, al haber “secuestrado los cadáveres”, sin miramientos ni respeto.

La decisión, adoptada de manera sorpresiva ayer, fue justificada por las autoridades, como una medida sanitaria, es decir, ninguno de los cuerpos podía ser velado, dado su avanzado deterioro. Hacia las 10 de la mañana, a los primeros dos familiares, tanto de José Alejandro Díaz Pimentel como de Abraham Agostini, les permitieron pasar. Las fosas ya estaban abiertas, en las parcelas 26 y 27 del citado cementerio; la inhumación era inminente. En el acto del Cementerio del Este estuvieron presentes representantes del Ministerio Público y de la Defensoría del Pueblo, que no se dejaron ver. También había un sacerdote católico, pese a que Abraham Agostini era evangélico. Fue en la tarde cuando los presentes a las puertas del cementerio lograron superar el piquete de la GNB e ingresar al camposanto para rendir honores ante las tumbas de Agostini y Díaz Pimentel.

Fuente: LaNacionWeb

EA

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