"Capitán, hay un enorme agujero en el pasillo de pasajeros”: la insólita explosión del vuelo 96

"Capitán, hay un enorme agujero en el pasillo de pasajeros”: la insólita explosión del vuelo 96

El 12 de junio de 1972 el vuelo 96 de American Airlines despegó del aeropuerto de Los Ángeles rumbo a LaGuardia (Nueva York). La explosión que tuvo lugar poco después forma parte de la historia de la aviación. Un increíble accidente conocido como el incidente de Windsor.

El vuelo tenía planeado dos paradas intermedias en Detroit y Niagara. A los mandos del avión estaban el capitán Bryce McCormick, el primer oficial Peter Whitney, y el ingeniero de vuelo Clayton Burke. En Detroit, la mayoría de los pasajeros desembarcó, quedando el avión con 56 pasajeros y 11 miembros de la tripulación.

Cinco minutos después del despegue y mientras el McDonnell Douglas DC-10 ascendía a 3 mil metros, un rugido de la parte trasera del avión silencia a los pasajeros. Comenzó a volar todo por los aires, una súbita descompresión con los pasajeros tratando de esquivar como podían las maletas, bolsos y restos de comida que guardaba el avión.

El sonido que habían escuchado provenía de la puerta trasera de carga. Se había roto por completo y desprendido en pleno vuelo. Para empeorar un poco más las cosas, la descompresión también causó que parte del piso en la parte trasera de la cabina cediera parcialmente. Cuando los pasajeros, aterrorizados por la escena, eran capaces de girar sus cabezas y mirar atrás, podían apreciar un agujero en el suelo, a más de 3 mil metros de altura.

Sin embargo, la tripulación no lo tuvo tan claro desde el principio, pensaron en algo mucho peor. De hecho, el capitán McCormick creyó que habían sufrido una colisión en el aire y que las ventanas de la cabina no aguantaron. Además, los pedales de control se movieron completamente a la derecha, y los controles del motor tornaron a ralentí.

Unos segundos después, un auxiliar de vuelo daba constancia en cabina de lo ocurrido. McCormick pasó inmediatamente al control manual. Los motores 1 y 3 respondieron bien, pero el motor 2, en la cola, no permitía movimiento porque los cables de control se cortaron cuando el piso cedió. Finalmente, el capitán consiguió nivelarse y estabilizar algo la velocidad. Al mismo tiempo, Whitney declaró la emergencia a la torre de control y solicitó una ruta de regreso a Detroit.

En la zona de pasajeros la escena era una auténtico caos, con una especie de niebla cubriéndolo todo debido a la descompresión. Cydya Smith, una de las auxiliares, fue la primera en darse cuenta del agujero que se había abierto en el suelo al final del pasillo (a la altura de los baños). Aterrorizada por lo que estaba viendo, la joven avanzó como pudo para alertar a la cabina. Al llegar, Smith comunicó lo siguiente:

“¡Capitán, hay un enorme agujero en el pasillo de pasajeros, en la parte trasera!!” A lo que respondió McCormick: “¿Qué? ¿Un agujero?” Smith replicó: “Sí, capitán, un agujero, ¿qué hacemos?”

McCormick avisó al resto de la tripulación. Debían llevar a cabo un aterrizaje de emergencia en muy poco tiempo antes de que el avión se convirtiera en una masa de hierro ingobernable. Los auxiliares trataban de aplacar las escenas de histeria entre los pasajeros mientras instruían a los pasajeros en los procedimientos de un aterrizaje de emergencia.

Entre las escenas dantescas y surrealistas que marcaron aquella jornada histórica de la aviación, cientos de maletas terminaron dispersadas sobre el suelo canadiense (se encontraban cerca de Windsor), aunque sin duda, el momento más perturbador se vivió con al ataúd y el cuerpo de la mujer que se encontraba en su interior, cayendo desde la bodega de carga del DC-10.

Finalmente, el avión logró dar la vuelta y acercarse al aeropuerto de Detroit. Con el motor 2 de la cola sin respuesta, McCormick lo apostó todo a los alerones y los motores restantes. Así fue como pudieron nivelarlo y lograr un aterrizaje de emergencia que consiguió salvar a las 67 personas a bordo del vuelo.

El problema que causó el accidente era bastante obvio, faltaba la puerta de carga trasera que había causado los daños al estabilizador horizontal izquierdo cuando salió disparada. Los investigadores estudiaron el historial de mantenimiento y encontraron que el 3 de marzo de 1972, tres meses antes del accidente, los encargados de llevar las maletas informaron que la puerta no se cerró a través de su sistema eléctrico y tuvieron que hacerlo manualmente.

El momento más perturbador se vivió con al ataúd y el cuerpo de la mujer que se encontraba en su interior, cayendo desde la bodega de carga del DC-10

Un examen posterior descubrió que la causa se debía al modelo de las compuertas de carga, las cuales se abrían hacia fuera. Esto significa que la presurizacion las forzaba en cada vuelo. ¿Por qué las diseñaron así? Para optimizar el espacio en la carga, con ello conseguían incluir más equipaje.

Tras el incidente, la FAA llevó a cabo una serie de recomendaciones (básicamente, que las puertas se abrieran hacia adentro) con el fin de incrementar la seguridad. Desgraciadamente, la advertencia no fue suficiente. Dos años después ocurrió el mismo tipo de accidente en el vuelo 981 de Turkish Airlines. Aquel día fallecieron todos los pasajeros. Entonces sí, la advertencia se convirtió en obligatoria para todos los DC-10.

Fuente: gizmodo / MF

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