Los 10 paisajes helados más bellos del mundo (Fotos)


Glaciares, sendas, macizos y hasta una ciudad de hielo. Estos son los diez paisajes helados más bellos del mundo.

1. Alpes franco-suizos: La ruta Chamonix-Zermatt

En el orbe entero sólo hay dos regiones, Alaska y el Karakorum, que pueden presumir de arquitecturas montañosas más señeras y grandiosas que la de Los Alpes. Claro que la enorme reputación de estos últimos entre esquiadores y escaladores a nivel mundial no se debe tanto a la soberbia elegancia de sus principales macizos como a la extrema facilidad de acceso a sus vertientes, que hierven de teleféricos, refugios y pistas de esquí.

Los Alpes franceses, en concreto, constituyen el mayor dominio esquiable del Planeta. Sus casi 400 estaciones –con un total de 3.230 telesillas que soportan un flujo de 3,4 millones de personas ¡cada hora!- se reparten 1.180 kilómetros de circuitos para la práctica del deporte blanco, un negocio que en el conjunto del gran arco alpino europeo mueve 3.000 millones de euros al año.

Para quienes buscan la aventura más allá de las pistas, la Alta Ruta Chamonix-Zermatt mantiene intacto su prestigio y todo su atractivo. Fueron alpinistas ingleses los que, hace ya siglo y medio, inventaron esta travesía «digna de los dioses» que une, en un recorrido de seis etapas, los dos principales núcleos montañeros de Los Alpes. La Alta Ruta, todavía hoy, sigue siendo el mejor modo de penetrar en el corazón del macizo del Mont Blanc y forzar sus secretos confinados en una naturaleza de nieve, hielo y roca de soberana y virginal belleza.

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2. Skaftafell, entre el fuego y el hielo islandés

Pocos lugares de Islandia logran igualar la riqueza de contrastes que ofrece el parque nacional Skaftafell, una salvaje y espléndida conjunción entre la blancura refulgente de los hielos, las oscuras arenas volcánicas y las verdes laderas arboladas. Establecido el 23 de agosto de 1968 sobre 20.000 hectáreas de la costa sur, constituye, entre las áreas protegidas del país, la segunda en antigüedad.

Las manifestaciones geomorfológicas –volcanes, glaciares, ríos y cascadas-, esencia del territorio islandés, alcanzan aquí más de un récord. Es el caso del Hvannadalshnúkur (2.119 m.), el pico más alto de Islandia, que sobresale por encima de la caldera volcánica de Oraefajökull, sin duda la más espectacular del Parque; y también del Vatnajökull, el mayor glaciar de Europa –su superficie, 8.400 km. cuadrados, supera a la suma de las del resto de casquetes helados del Viejo Continente-, que delimita Skaftafell por el Norte.

Y al Oeste, recogiendo los depósitos de las morrenas en forma de témpanos, la laguna de Jökulsárlón compone un escenario de rutilante belleza escénica donde el más famoso de los agentes secretos, el incombustible James Bond, luce sus habilidades sorteando icebergs sobre una lancha a toda velocidad en «Panorama para matar»; icebergs que, a menos de un tiro de piedra de distancia, acompañan hoy a quienes visitan Jökulsárlón y deciden emular a 007 navegando en los botes disponibles para tal fin.

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3. Karakorum: el glacial de Baltoro (Pakistán)

En lo relativo a las montañas, la cordillera del Karakorum –que no la del Himalaya- es el zenit de la Creación. No existe otro lugar en La Tierra donde el relieve alpino adquiera una presencia tan vasta, tan completa y tan avasalladora. «Felices los elegidos que han tenido el raro privilegio de penetrar en ese santuario; todos han conservado un recuerdo deslumbrante, quedando marcada su existencia por sus esplendores», escribía en 1981 Maurice Herzog, el conquistador del Annapurna (8.091 m.) en 1950.

La principal puerta de entrada a este colosal universo alpino es el glaciar de Baltoro, en el norte de Pakistán, que, con su lengua de 57 kilómetros, es uno de los mayores del orbe fuera de las regiones polares. Prácticamente virgen hasta 1938, el Baltoro constituye actualmente uno de los recorridos de montaña más espectaculares y solicitados, incluido en los programas de trekking de numerosas agencias de viajes. A lo largo del mismo se concentran cuatro de los catorce «ochomiles» (cumbres que superan dicha altitud, en términos de los alpinistas) existentes en el Planeta, incluido el K2 (8.611 m.), la segunda cima mundial, sólo por detrás del Everest (8.848 m.).

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4. Bahía de los Glaciares (Alaska, EE.UU.)

Costas desnudas por la erosión glaciar, bosques primarios de abetos y píceas, fiordos de paredes desplomadas y dieciséis gigantescos glaciares que descienden de las nevadas cumbres, doce de los cuales expulsan al mar icebergs de todas las formas, tamaños y tonos de azul, hacen de esta enorme y solitaria bahía, localizada en el sureste de Alaska, un indómito desierto helado que goza hoy de renombre en el mundo entero. Declarada Monumento Nacional en 1925, recibió la denominación de parque nacional y reserva de la bahía de Los Glaciares en 1980. Seis años después, la Unesco la proclamó Reserva de la Biosfera y en 1992 la incorporó a la lista del Patrimonio de la Humanidad.

El Parque, con la mayor concentración de glaciares costeros del orbe, ocupa una extensión de 13.287 km², de los cuales 10.784 km² se consideran zona salvaje. En ausencia de carreteras, el 90% de sus 380.000 visitantes anuales accede al mismo a través de sus aguas libres, a bordo de los grandes barcos de crucero. ¿El principal reclamo turístico? Aparte del de sentir de cerca el helado aliento del glaciar Muir, el más famoso de la bahía, con sus 3 kilómetros de morrena frontal y sus 80 metros de espesor, el de la fascinación que provocan las acrobacias de las ballenas jorobadas, elevando sus poderosos cuerpos sobre la superficie del mar a pocos metros de los botes de observación.

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5. Glaciar Athabasca, Parque Nacional Jasper (Canadá)

Con 325 km² de superficie y un espesor variable entre 100 y 365 metros –además de recibir otros 7 de nieve al año-, el campo de hielo de Columbia es el más extenso de las montañas Rocosas. Aparte de concentrar a su alrededor algunas de las cumbres más altas de las citadas montañas, da origen a tres caudalosos ríos (Saskatchewan Norte, Athabasca y Columbia) y a seis ventisqueros principales.

Uno de éstos es el Athabasca, el glaciar más visitado de toda Norteamérica, dentro del parque nacional de Jasper, en el estado canadiense de Alberta. Ello se debe, en primer lugar, a su cercanía a la carretera 93, la célebre Icefields Parkway (vía de los campos de hielo) y, después, a que es fácilmente accesible a pie.

Es de suponer que su indecible belleza escénica, resueltamente apabullante, ha aportado también su granito de arena al respecto. O quizá la culpa de todo haya que buscarla en una fecha ya relativamente lejana, la del año 1954, cuando a Anthony Mann se le ocurrió hacer de este paisaje incomparable un personaje más, al lado de un sobrio James Stewart –actor fetiche de este prestigioso director-, de su película «Tierras lejanas».

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6. Parque Nacional Los Glaciares (Argentina)

Sobre las cumbres de los Andes patagónicos, y a lo largo de 350 kilómetros, las tormentas van generando el campo de Hielo Continental, la superficie de nieves perpetuas más extensa del mundo, exceptuando las de la Antártida y Groenlandia.

De sus 47 lenguas glaciares, 37 vierten al Pacífico y 10 al Atlántico. Son estas últimas las que pertenecen al parque nacional Los Glaciares. Destacan, por su aparatosa belleza, el Viedma, el Upsala, el Onelli, el Spegazzini y, por encima y a distancia de todos ellos, el Perito Moreno, que precipita sus torres de hielo sobre el lago Argentino con anárquica lentitud y mineral estruendo, rompiendo, cuando lo hace, un silencio de santuario.

Hoy por hoy, el Perito Moreno es el glaciar más célebre y más impresionante del mundo, gracias, en manera y medida determinantes, a las pasarelas instaladas en la península de Magallanes, directamente enfrentadas a los 3 kilómetros de ancho y los 60 metros de altura de su morrena terminal, que permiten sucesivas panorámicas de conjunto, tanto a vista de pájaro como a un tiro de piedra de los hielos. A cualquier hora y con cualquier luz –¡ay, el embrujo de sus noches con luna llena!-, constituye un espectáculo extraordinario que conmueve por su fuerza sobrehumana, por una energía telúrica que nos transporta a épocas primigenias, anteriores a toda civilización.

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7. Los fiordos magallánicos (Chile)

La Patagonia Chilena es, en su conjunto, un admirable disparate geográfico, una zona inacabada del Planeta, remota y casi intacta, a la que se le adjudica el sobrenombre, tan sugerente como inequívoco, de Tierra del fin del mundo. Su relieve, convulsionado, roto y troceado hasta la médula, renuncia a todo aspecto de amable tarjeta postal para revestirse de brío y salvajismo en un gigantesco rompecabezas de tierras y mares a partes indistintas.

Los ventisqueros y los glaciares, muchos de ellos con salida directa al mar, son los elementos más persistentes y notables del paisaje. Y, junto a ellos, fiordos, canales, ensenadas, bosques, ríos, rosarios de lagos y de islas, inexplorados en su mayor parte, componen uno de los espectáculos más sublimes de la Creación. Es, por inconcebible que parezca, la armonía del caos.

Aquí, en la zona norte de la región magallánica, se encuentra el más famoso de los parques nacionales suramericanos y uno de los más renombrados a nivel mundial: el de Torres del Paine. Creado en 1959, la indescriptible belleza de sus pilares de granito, elevándose a más de 2.000 metros sobre la estepa patagónica, de sus espesos bosques y de sus lagunas glaciares surcadas de témpanos, unida a su magnífica red de senderos, hace de él un hito del trekking de relevancia internacional.

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8. El sendero Routeburn (Nueva Zelanda)

Nueva Zelanda posee algunos de los itinerarios de senderismo más impresionantes del Globo. Uno de los más conocidos, el sendero Milford, atraviesa el corazón del parque nacional Fiordland –el mayor del país, en la isla sur, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1990- desde el norte del lago Te Anau hasta Milford Sound, el fiordo más célebre de los Alpes Meridionales. Muchos lo denominan «el paseo más fino del mundo», sobre todo al recordar la hermosura excepcional de sus valles glaciares espolvoreados con cascadas rumorosas y flores alpinas de vivos colores.

Pero la joya indiscutible del Fiordland es el sendero Routeburn, su camino más frecuentado, incluido por Lonely Planet entre las diez mejores rutas de senderismo del mundo. Ciertamente, recorrer en tres o cuatro días sus 39 kilómetros, zigzagueando entre cumbres nevadas, bosques de hayas y lagos espejados -el Mackenzie, por el voluble arco iris de sus aguas y la misteriosa belleza de sus orillas rocosas recubiertas de musgos y líquenes, semeja la puerta de entrada al universo fantástico de J.R.R. Tolkien- y pasando las noches en las cabañas atendidas por el personal del Parque, es una de las mejores maneras de introducirse en el terreno de la alta montaña neozelandesa y, de paso, en el estilo de vida kiwi, amigable y tranquilo.

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9. La isla Decepción (Antártida)

La Antártida, el también llamado Continente Blanco, es el paradigma del frío terrenal. Sin embargo, Decepción, una de sus islas más minúsculas –98,5 km², incluyendo sus islotes vecinos, con 15 km. de diámetro-, se empeña en poner tal paradigma en entredicho. Y es que Decepción (62°57'S, 60°38'W) es una de las singularidades más increíbles del Planeta. Se trata de un volcán activo en el archipiélago de las Shetland del Sur, frente a la Península Antártica.

Nacida hace un millón de años, con más de una treintena de cráteres que han vomitado millones de toneladas de lava en el último siglo, la isla es hoy un laboratorio al aire libre donde los científicos estudian la historia de la Antártida. Su extraordinario paisaje consiste en glaciares permanentes, velados por cenizas, que cubren el 57% del territorio, áridas laderas volcánicas, playas con fumarolas y varios lagos –el llamado Kroner es la única laguna geotermal del Continente Blanco-. La temperatura, 3ºC superior a la que reina en esas latitudes, permite la presencia de cientos de especies animales.

Decepción es una herradura con una amplia caldera central invadida por las aguas marinas que penetran por un estrecho canal, Los Fuelles de Neptuno, formando un atracadero interior natural, Puerto Foster, parada obligada de los grandes cruceros turísticos, ya que es uno de los contados lugares del mundo donde los buques pueden navegar en el centro de un volcán en actividad.

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10. La ciudad de hielo de Harbin (China)

Y terminamos esta lista de paisajes helados dándoles una vuelta de tuerca con el muy urbano –y muy artístico- de Harbin, la capital de la provincia china de Heilongjiang, una de las cuatro ciudades culturales del hielo y la nieve existentes en el mundo (junto a Sapporo, Quebec y Oslo). Situada 300 millas al norte de Vladivostok –uno de los polos rusos del frío-, Harbin se halla bajo la influencia del duro invierno siberiano, con temperaturas entre los -10º y -20º C durante 5/6 meses y extremos ocasionales de hasta 40º C bajo cero.

Las insólitas esculturas de hielo de Harbin son una de las maravillas de China que Walt Disney fotografió en su cortometraje Circle visión 360. Aunque las primeras datan de la dinastía Manchú (1644-1912), el Festival Internacional del hielo y la nieve –o, para los más románticos, Festival de los palacios de hielo- se inició en 1963. En la actualidad concursan equipos de Rusia, Japón, Canadá, Francia y de la propia China. Las enormes y efímeras tallas de castillos y palacios, de figuras humanas y animales, de réplicas de edificios y templos famosos de distintos países, atraen a Harbin a más de un millón de visitantes de todo el orbe. Tras caer el sol, iluminadas con luces de neón multicolores, las obras adquieren transparencias y reflejos de fantasía, de ciudad de Las Mil y una Noches.

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Fuente: http://www.abc.es/viajar-top/20130204/abci-paisaje-helado-destinos-20130...

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