Niñas a la venta: “Me llevo a tu hija por quince euros para que trabaje para mí”


Las cenicientas se multiplican en la realidad y lo pasan mucho peor que la del cuento. En África Occidental es habitual tener a niñas como 'esclavas domésticas', denuncia una ONG. Entregó a su hija de trece años a un hombre adulto como pago de una deuda. Sucedió en una aldea de Togo hace unos meses y el vendedor es uno de los jefes del poblado.

Patricia Rodríguez ha vivido dos años en el país como cooperante de Misiones Salesianas y tras su marcha en 2011 ya ha vuelto un par de veces. En su última visita se encontró con esta mala noticia en un lugar que había visitado a menudo como parte de su labor en identificación de riesgos y prevención. Visto lo visto, queda mucha labor por hacer. Aunque al menos quienes la avisaron, fueron miembros del poblado que sí están ahora concienciados contra la venta de niñas.

“En estas zonas no tienen dinero ahorrado, cualquier emergencia que tengas… Son familias muy pobres, aunque sea la del jefe del poblado”, explica Rodríguez. “Es gente muy pobre y con muchísimos hijos”. Hasta 30 miembros en una familia con cuatro mujeres constató ella cuando realizó encuestas de salud, y los padres no sabían decir exactamente cuántos eran.

Explica que es una situación que se repite mucho en el África Occidental entre la población rural, aunque más en unas etnias que en otras, como los seminómadas peulh.

Esclavas domésticas

Lo que más impacta a esta cooperante, es lo que denomina “las niñas esclavas domésticas”. Con solo 8 o 9 años pueden sacarlas de su hogar para que trabajen en una vivienda donde a cambio les dan manutención. Pero Rodríguez asegura que esta costumbre dista mucho de la que hasta no hace mucho también se practicaba en España.

“Muchas veces las someten a malos tratos, desde palizas hasta violaciones de los dueños ‘de género masculino’. Sufren muchísimo”, lamenta. “Normalmente tampoco las alimentan bien ni les dan educación”.

Muchas de estas niñas llegan a los hogares de acogida de esta u otra ONG porque se escapan de estos lugares, o del mercado, en cuyos puestos también las pueden utilizar. Cuenta Rodríguez que la venta de niñas como esclavas domésticas es habitual en todos los países de la región: Ghana, Costa de Marfil, Nigeria…

“Las niñas pequeñitas que vienen de los pueblos y no tienen cómo mantenerlas se las dan a una familia a cambio de que la mantengan y ella realiza todas las tareas del hogar. En ocasiones, además dan dinero a quien las vende. Ellas trabajan gratis, como esclavas”, resume.

Costumbres y leyes enfrentadas

La ley prohíbe este tipo de servidumbre en todos estos países, pero una combinación de costumbres arraigadas y falta de recursos de las correspondientes administraciones permite que siga sucediendo. Además, también se pueden darse situaciones de timos.“Muchas veces cuando venden a las niñas, engañan a los padres: les dicen que les van a dar una educación a la vez que trabajan, que van a estar bien… Y encima les dicen que les van a dar 15 euros, pues las dan. Son niñas que si no, estarían en su casa trabajando en el campo o con sus padres”, explica.

Pero la entrega de niñas a cambio dinero no acaba ahí. La cooperante de Misiones Salesianas cuenta que en su hogar de acogida en Togo tienen a “dos niñas a las que intentaron vender a cambio de una dote a un señor mayor cuando tenían doce años. Ahora estas niñas están estudiando en nuestro colegio, tienen 16 años y son las primeras de su clase”.

¿Simple dote o pura venta para el matrimonio?

Aunque Unicef no considera el matrimonio precoz venta de menores. Lo hace así de acuerdo con el Protocolo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a su venta para su explotación sexual, pornográfica o el tráfico de órganos, firmado en 2002.

“La venta a maridos a cambio de una dote dentro de su cultura no se interpreta como una venta. Para ellos es simplemente una dote a cambio de la cual das a una niña que puede ser menor de edad”, justifica Carmen Molina, directora de Cooperación de Unicef España.Eso no significa que esta organización apruebe el matrimonio precoz. De hecho, asegura que viola los derechos humanos y un informe de la ONU del pasado octubre advierte de que estas uniones forzadas de niñas puede aumentar en los próximos años. En 2010 fueron 14,2 millones y el Fondo de Población de Naciones Unidas cree que en 2030 pueden ser 15,1 millones matrimonios precoces por año, con Asia y el África subsahariana como los más afectados.

Patricia Rodríguez opina que no necesariamente son dos asuntos separados la venta de pequeñas y la tradición de la dote. “Hay veces que no es que sea una dote, es que es por pago de una deuda y ellos lo consideran dote. Para mí eso es tráfico, es una transacción económica”. Y añade: “Las dotes suelen ser animales, telas buenas, dinero”.

Forzadas a la prostitución o la pornografía

Por lo que respecta a explotación sexual, ahí es donde Unicef habla específicamente de la venta de menores. Por ello, trabaja estrechamente con legisladores y policía además de tratar de concienciar al sector turístico en los países donde existe el llamado “turismo sexual”, principalmente Asia.

“Se informa a los turistas, porque muchos piensan ‘ah, mira: en este país son más liberales’ o ‘es que aquí tienen otro concepto de la sexualidad o la empiezan [a desarrollar antes]’. Se justifican con miles de ideas que no son reales, claro”, asegura Molina.

Rodríguez cuenta que en Togo antes mandaban a niñas a Gabón para explotarlas sexualmente, y apunta que otro problema para evitar estas mafias en la región de África Occidental es la dificultad de vigilar debidamente de las fronteras.

En el caso de la “esclavitud doméstica”, valga este comentario de Patricia Rodríguez para hacerse una idea de las dificultades para combatirla: “Todo el mundo tiene a una niña así en su casa [en Togo], es algo normal. Es muy difícil [combatirlo], a no ser que se puedan demostrar malos tratos”. Así que a veces la única forma de librarse en la vida real de ser una cenicienta es que la esclava pueda ofrecer pruebas de los abusos físicos. La otra opción es huir, como han hecho algunas de las niñas que conoció Rodríguez.

Ahora que vive de vuelta en Madrid como responsable de proyectos de Misiones Salesianas, confiesa que las echa “muchísimo” de menos. “Las niñas son muy buenas, muy buenas”, presume orgullosa de varias decenas de chicas que ahora pueden disfrutar de una vida digna y ser dueñas de sí mismas.

Fuente: Lainformacion

EA

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