Los Obama se besan, se tocan y flirtean en público. Quizá quieren airear su afecto, lo unidos que están. O quizá se aferran uno a otro para navegar por unas aguas nuevas e inseguras. De nuevo un atardecer de Washington, de nuevo una caravana, de nuevo una velada íntima ante los ojos del público. El 3 de octubre, Barack y Michelle Obama fueron a un restaurante de Georgetown para celebrar su 17º aniversario de boda. Su elegancia se ve hasta en las oscuras fotografías tomadas por transeúntes y colgadas en la Red: el presidente, de traje y sin corbata; la primera dama, con un vestido con la espalda al aire.
Cinco días antes, el presidente lamentaba en qué se han convertido las noches en las que sale con su esposa. "Creo que la única vez, en el tiempo que llevamos en la Casa Blanca, que me ha...". Hizo una pausa tan larga que Michelle Obama, sentada a su lado, le inquirió: "¿Que te ha qué...?".
"Irritado", respondió el presidente.
"¡No lo digas!", advirtió medio en broma la primera dama. "Oh, oh". seguir leyendo »