Emilio Lovera recuerda al "Hermano Cocó" su compañero de Radio Rochela


"Cuando llegué a la Rochela ya le decían el Gato, me imagino que era por sus ojos grandes y rayados", recuerda el comediante. Con Pedro Soto, se va una buena parte de la segunda generación de rocheleros, según nos lo cuenta explica Emilio Lovera... Informe21.com conversó en exclusiva con Emilio Lovera sobre la trayectoria y la reciente desaparición física del actor cómico rochelero, el "Gato" Pedro Soto: "Fuimos compañeros de trabajo. No fuimos tan cercanos porque cuando yo entré a la Radio Rochela", explica Emilio, "yo me di cuenta que habían varias generaciones dentro del programa, muy claramente definidas". Una de ellas era la de los fundadores -dice Lovera-, donde estaba gente como Bólido (César Granados), Kiko Mendive, Pepeto (Ernesto López), Cayito (Aponte), Martha Olivo, luego venía un grupo de gente muy unida donde estaba Nelson Paredes, Henry Rodríguez, Honorio Torrealba y el "Gato". Yo me ubiqué más bien entre otros compañeros como el "Nené" Quintana, Juan Carlos Barry, Carlos Rodríguez ("Rafucho" el Maracucho), que era una generación más arriba... ¿Tú me entiendes? Todos éramos como de diferentes generaciones, pero compartimos mucho, nos unió nuestro trabajo en el canal y siempre tuve una admiración especial por sus habilidades artísticas".

¿Cuál fue su principal mérito como comediante?
-Su capacidad para improvisar. Sin duda. En esa área era muy difícil competir con él. Su velocidad mental para relacionar lo "irrelacionable": esa era su mejor condición. Ahí no lo superaba nadie, y entre sus propios compañeros era lo que todos le reconocíamos, en un grupo de comediantes que tenían todos muchas otras habilidades.

¿Cómo era él para tí en lo cotidiano?
-Siempre estaba contento y echando broma. Era un tipo feliz. Inteligente. Para ser humorista hay que tener una inteligencia especial, porque para crear en el acto, como lo hacía él, situaciones y personajes, hay que tener algo más que condiciones artísticas.

¿Qué otra cosa admiraste de él?
-Su chispa, su vis cómica, esa habilidad innata para el chiste, la gracia, eso que no se puede copiar y que tienen sólo unos pocos privilegiados, que además tienen el mérito de dedicarse disciplinada y profesionalmente a explotarlo en beneficio de la comedia.

-Yo recuerdo que su sola presencia era graciosa...
-Sí. Dondequiera que él entraba y lo reconocían, ya la gente cambiaba de humor. Ya tenían el ánimo de reírse.

¿Cómo lo defines en lo personal?
-Yo conocí al Gato en familia. Fui a su casa en varias oportunidades y vi como él adoraba a sus hijas y cómo ellas lo adoraban a él. Él tenía una especie de refugio en el interior donde se la pasaba feliz: tan feliz como todo aquel que de tanto pasársela echando broma ya nadie lo toma en serio. Ese era su espíritu. Era un ser muy alegre y todos se contagiaban de esa alegría.

¿Quién le puso el sobre nombre de "El Gato"?
-Cuando yo entré en la Rochela ya le decían así. Yo me imagino que era por los ojos. Él tenía los ojos como grandes, como rayados, amarillos, verdes, no sé, como un gato. Era natural que le dijeran el Gato porque estaba allí con un poco de animales: a mí me decían El Conejo, a Nelson Paredes le decían el Gallo Loco, estaba también el Mono, que era Edgar Guevara... En fin, habían muchos animales en esa época...

ALFREDO SÁNCHEZ
Informe21.com

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