El caso de un hombre que confundió a su mujer con un sombrero (y otras curiosidades del cerebro humano)
Oliver Sacks, autor del libro "Despertares" (llevado al cine con la memorable interpretación de Robert de Niro), ha escrito un libro "Musicofilia" donde revela muchas de las peripecias del cerebro humano, entre ellas la de un pintor que perdió la capacidad de percibir los colores. ¿Cómo se explica que Beethoven siguiera escribiendo música después de haber quedado completamente sordo? ¿Por qué Tchaikovsky sufría de una especie de alucinación auditiva que le impedía dejar de oir música en su cerebro? ¿Qué tenía Mozart que no tenían los demás músicos de su época? Estas y otras interrogantes se responden en este libro. Lea el interesante artículo que publica El País de España...
El cerebro y la música: Un secreto a voces
Por Carlos María Domínguez
A LOS DOCE años Oliver Sacks quería ser escritor. Se convirtió en neurólogo. Pero desde los años setenta no ha dejado de publicar relatos de casos clínicos y sus investigaciones sobre el funcionamiento del cerebro humano. Cada libro de Sacks sorprende por la originalidad de narrar los casos con un tono testimonial que vincula el interés científico con la experiencia singular del paciente. Así, el caso del hombre que confundió a su mujer con un sombrero, o la del pintor que perdió la capacidad de distinguir los colores, entre otras notables historias.
Nació en Londres en 1933, hoy trabaja en la Universidad de Columbia, en Nueva York, y se dio a conocer al mundo con su libro Despertares (1974), llevado al cine con una memorable interpretación de Robert de Niro. La sorpresa de sus experiencias en una clínica de enfermos crónicos de encefalitis fue que pacientes inmovilizados y sin habla durante décadas pudiesen bailar y cantar estimulados por la música. Treinta años después, el misterio se aclara y expande en este nuevo trabajo que revela un abanico de comportamientos del cerebro frente a la música.
Musicofilia es un libro extraordinario no sólo por su información sino por las insólitas experiencias de músicos, críticos, afinadores de pianos y personas comunes. Incluye episodios personales, porque Sacks toca el piano desde su niñez y tiene varios sucesos que contar.
Alucinaciones y sorderas. A partir de la década de los noventa, la posibilidad de realizar imágenes cerebrales y los progresos tecnológicos permitieron comprobar que el cerebro de los músicos es notoriamente distinto del que tiene el resto de los mortales. Los cuerpos callosos, la materia gris en las zonas motoras, auditivas y visuoespaciales del córtex, así como el cerebelo, están más desarrollados, y otras anomalías singularizan a las personas que tienen tono absoluto (capacidad de identificar la nota de cualquier sonido, de manera inmediata). Lo tenía el entomólogo Olavi Sotavalta, capaz de saber que la nota que emite con sus alas la polilla Plusia gamma se aproxima a un Do sostenido grave con una frecuencia de 46 ciclos por segundo. Lo tenía Mozart, aunque no Wagner ni Schumann, y algunos estudios indican que lo posee el 50% de los niños nacidos ciegos. Se estima que sólo tiene tono absoluto una persona de cada diez mil. Pero la música acompaña a todos los hombres y su intimidad con el cerebro es ancestral.
Oliver Sacks ha tratado con una gran cantidad de personas que, como le sucedió en dos oportunidades a él, han tenido alucinaciones auditivas. Son, en su mayoría, individuos vinculados al mundo de la música o personas ancianas afectadas por una progresiva sordera. Al cabo de comprobar que la música que oyen no proviene de ninguna radio o equipo, debieron aprender a convivir con ella por cortos o larguísimos períodos. El problema es que a menudo esa música no coincide con el gusto personal, se oye a volúmenes demasiado altos e interfiere todas las ocupaciones. Robert Jourdain cuenta que cuando Tchaikovski era niño, en una ocasión lo hallaron llorando en la cama mientras gritaba: "¡Esa música! Está en mi cabeza. ¡Salvadme de ella!". En pocos casos el volumen es bajo y pocas personas, merced a diversas estrategias, lograron dominar el repertorio, como si cambiaran una estación del dial.
Imposible resumir los estudios citados por Sacks en estas páginas, pero a modo de invitación a su lectura, cabe referir que cuando un sentido presenta anomalías disfuncionales, el cerebro tiende a incrementar sus recursos para captar la información disminuida, a compensarlo con la mayor especialización de otras facultades, o a proyectar las imágenes cerebrales acumuladas. Así como los sentidos transmiten información al cerebro, habría un flujo inverso del cerebro a los sentidos, habitualmente inhibido por la dirección del flujo, pero muy activo cuando las percepciones dejan de llegar, como en el caso de una persona que se vuelve sorda. Durante la alucinación auditiva, la actividad del córtex es similar a la que se registra cuando se escucha música real. El fenómeno explicaría, aunque sólo en parte, la sensibilidad intensificada de Beethoven, que compuso obras mayores después de perder el oído.
Son muchos los elementos que participan a la hora de oír música: el timbre, el tono, la afinación, la melodía, el volumen, el ritmo, entre otros, y muchas las afecciones adquiridas o congénitas que pueden interferir con cualquiera de ellas. Unos son sordos al tono, otros al ritmo. "El Che Guevara era famoso por ser sordo al ritmo; se le podía ver bailando un mambo mientras la orquesta tocaba un tango. (También padecía una considerable sordera al tono)", señala Sacks. Cuenta el caso de un crítico musical que luego de perder el oído izquierdo dejó de captar la tercera dimensión que le permitía percibir la armonía como "una arquitectura". Otro músico pasó a oír los sonidos de los instrumentos aislados, sin lograr integrarlos al conjunto y, a la inversa, otros experimentaron conciertos como una masa de ruidos indiscriminados. Es que la percepción estéreo, visual o auditiva, "se basa en la capacidad del cerebro de inferir profundidad y distancia a partir de las disparidades entre lo que transmiten los dos ojos u oídos de manera individual: una disparidad espacial en el caso de los ojos, una disparidad temporal en el caso de los oídos".
Asegura Sacks que son muchos los músicos que sufren afecciones -disminución en la capacidad de percibir frecuencias altas, leves cambios de tono- y las sobrellevan en silencio, temerosos de perder sus contratos en las orquestas.
Dos memorias. Accidentes, epilepsias, el Parkinson, el Alzheimer y muchas enfermedades pueden reducir a polvo la memoria de un hombre, pero en demasiados casos no pueden deshacer la música alojada en su cerebro. Clive Wearing, un destacado músico y musicólogo inglés de cuarenta y cinco años, sufrió una infección cerebral que borró su pasado y redujo su memoria a unos pocos segundos. Incapaz de retener una emoción durante más de un parpadeo, puede tocar al piano un preludio o una fuga de Bach con absoluto dominio. La identificación de una memoria episódica y otra memoria inconsciente de los procedimientos, explicaría las facultades de Wearing y el fracaso de Sacks en tratar las amnesias con terapias musicales. Los pacientes recuerdan las canciones, óperas o conciertos enteros, pero no quiénes son, ni lo que hicieron en el día.
La tipicidad de los savants, personas que padecen autismo o debilidad mental pero desarrollan facultades extraordinarias para el dibujo, el cálculo o la música, ocupa un capítulo del libro, y entre las experiencias más conmovedoras Oliver Sacks cuenta su visita a un campamento de personas con el síndrome de Williams, caracterizado por una enorme sociabilidad. Locuaces, muy afectos a las narraciones y en especial, a la música, padecen retardo mental y son incapaces de manejarse en el espacio sin tropezar o de ensamblar un cubo dentro de otro.
Más allá del interés científico o profesional, Musicofilia acerca un caudal de experiencias tan asombrosas que parece una cantera de cuentos de enorme poder de sugestión. Naturalmente, no debía ser este un elogio para un libro de base científica, pero lo es de un modo legítimo por el notable asedio a los misterios del cerebro, a partir de la experiencia de los pacientes y del relato de la enfermedad como una aventura humana.
MUSICOFILIA. RELATOS DE LA MÚSICA Y EL CEREBRO, de Oliver Sacks, Anagrama, Barcelona, 2009. Distribuye Gussi. 459 págs.



















Compartir