Hernán Gamboa, un cuatrista que marcó pauta e hizo escuela (+Video)

La trayectoria de este notable ejecutante del instrumento nacional estuvo llena de logros y momentos brillantes, tanto dentro como fuera de Venezuela. Un músico notable, cultor de los ritmos folklóricos y típicos de Venezuela, que enaltecía y revestía de grandeza a través del cuatro, un instrumento cuya ejecución elevó a niveles de excelencia.

Así podría definirse a grandes rasgos a Hernán Gamboa, de cuyo nacimiento, que tuvo lugar en San Tomé, estado Anzoátegui, el 18 de junio de 1946, se están cumpliendo 71 años.

La vocación le vino de herencia, pues fue el primero de los siete hijos del matrimonio del cantante y compositor Carmito Gamboa, toda una leyenda en el ámbito de la música venezolana y quien le enseñó, siendo aún muy niño, a tocar el cuatro, la guitarra y otros instrumentos de cuerda, aunque sería el cuatro el que definiría su dilatada trayectoria llena de logros y reconocimientos.

Entre lo más destacado de su legado figura una técnica especial de ejecución llamada rasgapunteo, que consiste en hacer que la melodía y la armonía vayan conjuntamente.

En 1970 fundó, junto a Mauricio Castro Rodríguez y los hermanos Iván y César Pérez Rossi, la agrupación Serenata Guayanesa, de la cual fue arreglista, cantante y primer cuatrista. En 1977, ya con algunos discos grabados con este cuarteto, firmó contrato con la empresa discográfica Promus para realizar su primer disco como solista, titulado El cuatro de Venezuela. Sus actividades artísticas las alternaba con su labor de profesor de biología y química en varias instituciones de educación media.

En 1983 decide dejar Serenata Guayanesa, por diferencias con sus compañeros, y a partir de allí su trayectoria continuó definitivamente en solitario.

En 1992 es designado agregado cultural del consulado de Venezuela en Miami, cargo para el cual lo designó el Presidente Rafael Caldera. Allí estuvo hasta 1998, luego de lo cual se quedaría en esa ciudad, que se convertiría en su centro de operaciones y desde donde viajaría hacia Venezuela y otras naciones del mundo a cumplir los repetidos compromisos artísticos que debía asumir. En 2010 se radica en Buenos Aires, en donde falleció el 10 de enero de 2016, como consecuencia de un cáncer pulmonar.

Retrato de una vida

En una amplia entrevista que le realizáramos para Informe 21, fechada el 17 de noviembre de 2011, con ocasión de una de sus presentaciones en Caracas, Hernán Gamboa habló sobre varios temas, personales y artísticos, algunos de los cuales vale la pena resumir:

“Desde la época en que nací en San Tomé, mi padre tenía conjuntos. Recuerdo que allí también participaron algunos músicos, como Chelique Sarabia, quien aprendió a tocar la mandolina al lado de mi padre, y otros como El Carrao de Palmarito, El Catire Carpio y Enrique Hidalgo, que también se formaron con mi padre”.

“Como mi papá trabajaba en una empresa petrolera, vivimos en muchos sitios: San Tomé, El Tigre, Anaco, Barinas y Puerto Cabello. Recuerdo que estando en Barinas, yo tenía 11 años, cantaba las canciones de Juan Vicente Torrealba, y él me acompañó con su arpa y el conjunto de mi padre. También cuando Alirio Díaz visitaba mi casa yo siempre estaba allí. Eso me permitió alternar con estos importantes músicos, que tanto le han dado a Venezuela”.

“Fue a los 14 años cuando desarrollé la técnica del rasgapunteo. El primer sorprendido fue mi papá. Cuando me escuchó, me preguntó: ‘¿Y de quién aprendiste eso muchacho?’. Y le dije ‘de nadie, lo estoy haciendo yo mismo’”.

“El principal atractivo de la música venezolana es su complejidad. Eso por una parte es bueno, pero por otra es malo, porque esa complejidad hace que sea muy reconocida a la hora de escucharse, pero también tiene el problema de que no puede ser asimilada por la masa, algo que no pasa con el tango o el merengue dominicano, por ejemplo, que son ritmos binarios y resultan muy asimilables para la gente, tanto para escucharlos como para bailarlos”.

“Nuestro Sistema Nacional de Orquestas es una maravilla. Admiro la tenacidad y la constancia del maestro José Antonio Abreu, que le ha dado tantos buenos músicos a Venezuela. Gustavo Dudamel es un elegido de Dios para la música”.

“Desde muy pequeño el cuatro me conquistó a mí, yo no conquisté al cuatro. Aprendí a tocar otros instrumentos. Pude haberme inclinado por la guitarra, la bandola o el arpa, pero el cuatro tuvo esa afinidad conmigo, se ha internalizado en mi ser. Es un instrumento acompañante, pero yo lo hice solista”.
“Uno de los países donde he tenido mayor aceptación es Argentina, que ha sido muy receptiva, de hecho estoy viviendo allá”.

“Como Agregado Cultural del Consulado de Venezuela en Miami realicé una labor que considero importante. Teníamos una coral de 50 niños venezolanos, con la cual recorrimos todo el Estado de Florida cantando nuestra música. Después creé las misas de aguinaldos, donde asistían alrededor de 5 mil personas, que cantaban los aguinaldos tradicionales, y concebimos un espacio donde expusimos a más de 150 artistas plásticos, incluyendo a Zapata, Cruz Diez y Arturo Michelena, entre otros”.

“Desearía que el Niño Jesús le regalara a Venezuela mucha paz y mucha unión, que no vayamos a vivir una situación de enfrentamiento, donde haya violencia. Ojalá que no vivamos la experiencia de otros países, como en Centroamérica, donde ha habido derramamiento de sangre”.

“Cuando muera, quisiera que se dijera que hubo una persona que se llamó Hernán Gamboa, que dejó una escuela de ejecución para el instrumento, para el cuatro de Venezuela, y que fue el que más lo difundió en el mundo”.

Aquilino José Mata/ EDC