¿Qué esconden los cerebros de los asesinos en serie?


Hace siglos que los científicos estudian los cerebros de los delincuentes más célebres: maniacos, pedófilos, terroristas y asesinos en serie. ¿Podría uno de los sospechosos del atentado en el Maratón de Boston, Tamerlán Tsarnáyev quien murió luego de un tiroteo con la Policía, sufrir de una lesión cerebral debido a la práctica durante años del boxeo? Los resultados del análisis forense se darán a conocer más tarde, lo que ofrece gran campo para suposiciones, informa Russia Today.

Mientras tanto, en la medicina forense abundan las historias clínicas de otros asesinos y delincuentes violentos que fueron diagnosticados de enfermedades y traumas cerebrales, lo que plantea la cuestión de si existe la posibilidad de que se puedan evitar tragedias por tratar tales enfermedades con anticipación, señala Jeffrey Kluger de revista estadounidense ‘Time’.

El ejemplo clínico más famoso es el de Charles Whitman, un estudiante de Texas que mató a 15 personas e hirió a 32 el primero de agosto de 1966, tras haber asesinado a su esposa y a su madre la víspera.

La nota de suicidio de Whitman confirma que sufría mucho antes de matar y morir tiroteado por la Policía: “Realmente no me entiendo estos días. Se supone que debo ser un hombre razonable e inteligente. Sin embargo, últimamente (no puedo recordar cuándo comenzó) he sido víctima de muchos pensamientos inusuales e irracionales… Si mi póliza de seguro de vida es válida, por favor que paguen mis deudas... donen el resto anónimamente a una fundación de salud mental. Quizás la investigación pueda prevenir futuras tragedias de este tipo”.

Whitman pidió que le hicieran una autopsia para determinar si había algo que pudiese explicar sus acciones y dolores de cabeza.

La autopsia del cuerpo de Whitman reveló un tumor cerebral del tipo glioblastoma multiforme. Un glioblastoma multiforme es un tumor muy agresivo y maligno. Está compuesto por una mezcla de células astrocitarias, necrosis, mitosis y proliferación vascular.

Resultó que el glioblastoma de Whitman presionaba contra su amígdala, la región pequeña y primitiva del cerebro que controla la emoción. La comisión estatal de investigación llegó a la conclusión de que el tumor podría haber contribuido a la masiva matanza.

Otro caso famoso se atribuye a un profesor de una escuela de Virginia, en EE.UU., quien a los 40 años de edad experimentó un repentino interés en la pornografía infantil y comenzó a hacer proposiciones sexuales a su hijastra. Un día antes de rendirse, el hombre apareció en la sala de emergencias local con un dolor de cabeza explosivo y una gama de síntomas neurológicos. Los médicos escanearon su cerebro y encontraron un tumor del tamaño de un huevo. Cuando los médicos retiraron el tumor, la sexualidad compulsiva desapareció.

Los especialistas coinciden en que el cerebro humano sigue siendo un misterio y se necesitarán años de estudios para poder prever y prevenir ese tipo de crímenes ocasionados por lesiones y enfermedades cerebrales.

Fuente: http://www.telecinco.es/informativos/sociedad/asesinos-cerebro-analisis-...

DJ

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