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Eduardo Fernández's blog

Una agenda sencilla

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Lo primero es cambiar al Gobierno. Ojalá podamos hacerlo en el menor lapso y de una manera constitucional y democrática. Las conversaciones de República Dominicana podrían aportar alguna luz. ¡Ojalá!

Lo segundo que hay que hacer es reconstruir la estructura institucional del país. Es decir, restablecer la plena vigencia del Estado de Derecho. La supremacía de la Constitución Nacional

El principio de la autonomía e independencia de las ramas del poder público. El respeto a los derechos humanos.

Elecciones municipales

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Hasta la reforma política de 1989, en Venezuela no existía la figura del alcalde. Había elecciones cada cinco años y existía una tarjeta mágica: blanca, verde, amarilla o roja, que al depositarla en una urna electoral servía para elegir al Presidente de la República, a los senadores -dos por cada estado-, a los diputados al Congreso Nacional, a los diputados a las asambleas legislativas regionales y a los concejales. Todo eso con una sola tarjeta.

¿Votar o no votar?

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La catástrofe del 15 de octubre y, sobre todo, los acontecimientos posteriores, como la juramentación ante la Asamblea Nacional Constituyente de cuatro de los cinco gobernadores electos en la plataforma de la oposición y las peleas insólitas entre los dirigentes de los partidos representados en la Mesa de la Unidad Democrática, ha replanteado la discusión entre votar o no votar.

Más que un error

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La juramentación de los gobernadores ante la llamada Asamblea Nacional Constituyente fue un error grave, un error que tiene consecuencias negativas para quienes anhelamos un cambio político en Venezuela.

En ninguna parte dice que los gobernadores, elegidos por el pueblo en cada uno de sus respectivos estados, tengan que venir a Caracas a juramentarse ante ninguna autoridad del poder central.
La Constituyente no existe. En eso hemos coincidido todos los venezolanos con alguna formación jurídica y con alguna conciencia política democrática.

¿Y ahora..?

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Venezuela también es un país maravilloso, pero está atravesando una crisis gigantesca que se traduce en demasiado sufrimiento para la gente. Lo que ocurrió el domingo 15, en las elecciones regionales, fue una catástrofe. Los que dirigieron la campaña de la oposición tendrán que reflexionar, con seriedad y con objetividad, lo que ocurrió. Y actuar en consecuencia.
Tenemos 17 años con un gobierno que consideramos muy malo y que ha conducido al país a una crisis de proporciones increíbles. Pero tenemos 17 años tratando, sin éxito, de sustituirlo.

!A votar!

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La legislación electoral no me permite que desde este viernes 13 de octubre pueda hacer proselitismo a favor de ninguna candidatura. La campaña electoral, de acuerdo con la ley, terminó el jueves 12 de octubre.

Sin embargo, pienso que nadie objetará que haga unas líneas para promover el voto ciudadano. Los problemas políticos se resuelven con votos o con balas. Yo prefiero los votos a las balas. Por encima de todas las dificultades creo que el voto contribuye a abrir caminos cívicos, pacíficos y civilizados para los cambios que Venezuela está reclamando.

Arístides Calvani

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El próximo mes de enero se cumple el primer centenario del nacimiento de uno de los grandes estadistas de la Venezuela moderna: Arístides Calvani.

La Fundación que lleva su nombre y que es más conocida como “Centro Internacional de Políticas Públicas IFEDEC” ha designado una comisión muy representativa para organizar los actos conmemorativos de ese aniversario. Esa Comisión ha sido puesta bajo la dirección del doctor Román José Duque Corredor, uno de los juristas más respetados y más prestigiosos en la Venezuela Contemporánea.

Solución nacional

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Los venezolanos tenemos que apreciar mucho la solidaridad que ha demostrado la comunidad internacional con los problemas que atraviesa nuestro país. Tenemos que reconocer, sin embargo, que el problema es nuestro, que somos nosotros los que lo creamos y somos nosotros los que tenemos la obligación de resolverlo.

Propuesta

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El gobierno presentó su propuesta: la Constituyente. Esa Asamblea convocada al margen y en contra de lo previsto en la Constitución Nacional no solo no resolverá ninguno de los problemas que afligen a la familia venezolana, sino que, lo que ha logrado hasta ahora, es agravar la polarización y la confrontación política.
El gobierno, con su propuesta constituyente, no va a recuperar nunca la gobernabilidad. Por ese camino, pierde el gobierno, y, lo que es más grave, perdemos los 30 millones de venezolanos.

¿Hasta cuándo?

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Ya es hora de ponerle fin a esta crisis. Se está condenando a la gente al hambre, a la desesperación, a la violencia y a la pobreza.
Se destruye la democracia y las instituciones. Se destruye la economía y el aparato productivo nacional. Se hace presente el desabastecimiento de alimentos y de medicinas.

Miles de compatriotas son condenados al sufrimiento, al hambre y a la desnutrición.

No se puede ser indiferente frente al drama que significa toda una generación que estamos condenando a la desnutrición física e intelectual.

Doble fraude

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El domingo 30 de julio se perpetuó un doble fraude: por un lado, un fraude a la Constitución y, por el otro, un fraude electoral.
El fraude constitucional está clarísimo. De acuerdo con el artículo 347 de la Carta Magna, el único autorizado para convocar una Asamblea Nacional Constituyente es el pueblo de Venezuela, que no fue consultado. La ANC fue convocada por autoridades que no tienen la facultad de hacerlo. Por tanto, estamos en presencia de una clara violación de la letra, espíritu y propósito de la Constitución Nacional.

La Revolución Francesa

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Sin duda alguna, la revolución de la independencia americana, y en particular la venezolana, estuvo influida por las ideas de los enciclopedistas franceses y de los protagonistas de aquel proceso que acabó con el poder absoluto de los reyes y abrió paso a la democracia y al gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

Alternativas para el Gobierno

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Una de las alternativas que posee el gobierno es seguir el ejemplo de Salvador Allende en Chile. También en aquella nación, en nombre del socialismo, se ensayó una gestión que acabó con la economía, que produjo desabastecimiento, inflación y una crisis económica y social comparable con la que hoy padece Venezuela. También hubo esfuerzos de variada índole para lograr acuerdos políticos y parlamentarios a fin de evitar un desenlace violento.

La reconstrucción

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Venezuela está sufriendo dolores de parto. Está naciendo un nuevo momento en la historia de nuestro país. Como decía Gramsci, “el tiempo viejo no termina de morir y el tiempo nuevo no termina de nacer”.
Ya la llamada revolución del socialismo del siglo XXI es tiempo viejo. El saldo de su gestión no puede ser más lamentable. Ha sido una prolongada siembra de odio que costará mucho trabajo superar.
Hoy tenemos menos democracia que ayer. Hoy tenemos niveles de confrontación, de división y de polarización difíciles de superar.

Dos jóvenes

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En el mismo día en que un joven venezolano llamado Wuilker Faríñez, arquero de la vinotinto sub-20, se cubría de gloria en Corea del Sur y ayudaba a la clasificación de su equipo para la final en el Mundial que se jugaba en aquel remoto país, otro joven venezolano, llamado Neomar Lander, caía abatido en las calles de Caracas víctima de la violencia política y de la represión.
Los dos apenas alcanzaban los 17 años. Los dos representan una promesa para sus familias, para su país, para sus amigos y para ellos mismos.

Alternabilidad

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Uno de los principios más importantes del sistema democrático es el de la alternabilidad. La democracia supone que el pueblo, es decir, la suma de todos los ciudadanos, elige al gobierno. Si el gobierno lo hace bien y los ciudadanos están contentos, ese gobierno puede ser reelecto. El principio de alternabilidad permite que los electores con sus votos cambien al gobierno y elijan a un nuevo equipo para que dirijan la vida del país.
En Venezuela no existió mucha tradición de alternabilidad pacífica y civilizada hasta que llegamos al período democrático que se inició en 1958.

Fortaleza

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En medio de la terrible tragedia que estamos sufriendo resulta reconfortante robustecer la confianza en los valores fundamentales.
El primero de esos valores es la confianza en la existencia de Dios. Saber que Dios existe y que es infinitamente misericordioso e infinitamente justo.
Saber que Dios es amor y que, finalmente, el amor prevalecerá por encima del odio y por encima del sufrimiento.

Gobierno nuevo

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Se agotan las palabras y los adjetivos para describir la catástrofe que ha producido el llamado “socialismo revolucionario” sobre Venezuela. Es difícil describir el daño inconmensurable y el sufrimiento que han padecido Venezuela y los venezolanos como consecuencia de esta presunta revolución: daño político, económico, social, moral y cultural.
No es extraño, por tanto, que la mayoría de los venezolanos nos pronunciemos a favor de un cambio de gobierno. Anhelamos un nuevo gobierno con características radicalmente distintas a las del actual gobierno.

¿Constituyente?

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Venezuela y los venezolanos estamos viviendo una tragedia. Tragedia que se manifiesta, en lo político, en el colapso de las instituciones democráticas. Ninguna de las ramas del poder público funciona. Todo el poder se concentra en las manos del Presidente de la República. Por eso, podemos decir que ha desaparecido la democracia en nuestro país.

En lo económico, tenemos las dos enfermedades más graves que puede tener un país: inflación, la mayor del mundo, y recesión la más acentuada del hemisferio .

El desenlace

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No queremos más derramamiento de sangre venezolana. No queremos más violencia ni más confrontación. Queremos que se pongan por delante los intereses superiores de Venezuela. No hay un don más preciado que la paz. Como lo dije en mi artículo de la semana pasada y lo reitero ahora, Venezuela tiene una agenda en que las palabras claves son cambio, democracia, justicia, paz, reactivación económica, solución de los problemas de desabastecimiento y de inflación y promoción de un ambiente de armonía y de entendimiento para que los venezolanos podamos vivir mejor.

Democracia de partidos

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Una democracia bien organizada requiere de la existencia de partidos políticos. Los partidos son articuladores y agregadores de los intereses colectivos.

La democracia requiere partidos fuertes, representativos y bien organizados. Un partido político es, por encima de cualquier otra consideración, un mensaje, una propuesta, una visión.

La propuesta debe ser la que mejor interprete los sueños, los anhelos y las esperanzas de los ciudadanos. Hoy, en Venezuela, la oferta partidista más realista tiene que ser la invitación a un cambio político, económico y social.

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