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José Luis Zambrano P.'s blog

Una perturbadora ley que odia la libertad

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Será una suerte de silenciador o un trabalenguas desdeñable. No existirá ni un ápice de piedad para señalar al que se considere más taimado, con más dotes de líder; también para terminar de amordazar a los medios o sacar del rumbo a la fracción más popular. Una ley contra el odio, impulsada con odio para acallar a quien critique el odio sembrado por el régimen.

La cacería de los adversarios

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No podemos engañarnos. Acaba de comenzar la temporada de cacería política. Y como toda acción metida como calzador, fue notificada a voz en cuello y con la parafernalia aburrida de una declaración controvertida, como tantas de estos funcionarios desventurados, que sólo esgrimen su cansona reyerta y el tratar de aparentar el tener la razón en sus argumentos para los excesos.

Un país al revés y sin gobernadores

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Recuerdo casi risueño cómo en esas películas antiguas —de terror deslucido para nuestros tiempos—, andaba una momia arrastrando sus vendajes como un monigote con posturas de sonámbulo, tratando de atrapar al más incauto para atenazarlo con sus brazos extendidos, a sabiendas que semejantes restos humanos apenas podían moverse y no creo que espantase a alguien en las cándidas salas de cine de la época.

En política no hay callejones sin salida

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Una pregunta reiterante y sin tregua con la cual me atosigan los más pesimistas de mi entorno es, ¿cuándo finaliza el régimen? ¿Cuándo sus retorcidos argumentos para envilecer a una nación tenderán a enflaquecer? Acaso no existe un deseo imperativo nacional por restablecer los buenos modos a una ciudadanía que está a punto de la histeria colectiva. Será tal vez que el valor, el aplomo para lo encomiable y la sensatez para la precisión de las acciones, permanece sólo como un bosquejo antiguo en los libros de nuestra historia libertaria.

¿Y ahora qué?

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Esta ha sido la batalla de los mil pleitos, contra el imperio del infortunio. Lluvias eternas de amenazas, contradicciones electorales y argumentos indecorosos siempre se sirvieron en un plato agrio de asombros trasnochados, que por lo general lograba avasallar nuestra memoria reciente y hasta llegó, en un momento, a consumir el aliento de esta esperanza de libertad que no nos cabe en el pecho.

El voto irremediable

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De niño soñaba con unas ansias perturbadoras, el entintarme el dedo, para poder respirar ese aire indescriptible y glorioso de ser ciudadano ejemplar. Ese sería el paso reconfortante entre la infancia y la adultez. El poder depositar en un buzón, mi parecer sobre quién podría ser el más pertinente para dirigir destinos nacionales. Lo consideraba un logro tan prodigioso y severo, que dejar de lado la oportunidad era como no comer en las horas precisas o no saber leer ante tantos acontecimientos desmesurados en los periódicos.

Una vida sin octanaje

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No imagino a una Holanda sin sus campos solemnes de tulipanes alegres. Mucho menos a una Colombia saboreando algo distinto al humeante café o a los chilenos rechazando el poder degustar sus mejores vinos de sobremesa. De la misma manera, sería una idea trastornada que los ingeniosos chinos le dieran la espalda a su tropel de arroz diario, tan delirante como recurrente, pues lo llevan en la epidermis como una costumbre milenaria.

¿Alguien ha visto un rico conejo?

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Recuerdo de buen grado a aquel conejito travieso, de orejas esbeltas y dientes irredimibles, con posturas poco comunes para un animalito salvaje. Se convirtió en una mascota apacible en los años remotos de mis primeras experiencias profesionales. Se confeccionaba su propia sabiduría de supervivencia. Esperaba con una paciencia memorable para que saliera del baño, para él entrar a hacer sus necesidades en un sumidero con una pulcritud tan sorprendente, que a veces pensaba si era un ser humano camuflado de roedor.

¡Oh, salve, dictador!

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El acto de entendimiento se realizó hace tiempo, lleno de los escombros del pasado. No se requiere el saldar viejas cuentas ni efectos asombrosos de hechicero para crear el escenario perfecto y lograr el convencimiento. A pesar que lo reconozca ahora a voz en cuello y con los estragos evidentes de una sociedad molida a palos por las decisiones trastornadas, ya todos están más que esclarecidos de que estamos inmersos en una irremediable dictadura.

De qué tamaño es la cerca de las barras y las estrellas

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Muchos se preguntarán con irresistible ironía, si de algo servirán estas nuevas sanciones norteamericanas, sino ha podido observarse con ojos propios algún requiebre ante las anteriores.
Las dictaduras que tratan de ser democracia, ataviándose con delirio de las trampas repetidas de una supuesta lucha por un pueblo al que deterioran, no tienen la buena virtud de ser inmunes y mucho menos logran al final del camino, el poder evadir los buenos oficios de los argumentos.

Los viajes del segundo gran musiú

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El periplo es cuidadosamente bien estudiado, así como el evitar emitir declaraciones dispersas. Las evasivas de antaño se dejaron de lado y ahora hay una misión determinante e ineludible, de cuyo resultado no sólo depende la libertad de una nación secuestrada por un sistema abominable, sino ya parte de la comprensión oportuna del peligro hemisférico si no se detiene de una vez, esta juerga política de malhechores y las atrocidades a la moral ocurridas en Venezuela.

La desgarradora llamada negada

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El teléfono repica con un eco perturbador. La insistente llamada sólo recibía un rechazo tan inconmovible y tan drástico, que sólo servía para avivar la insistencia. “Hasta que se restablezca la democracia”, alude su negativa a contestar el portavoz de la Casa Blanca, mientras al mandatario venezolano se le distorsionaba el rostro, pues no podía escurrírsele la oportunidad de aclarar entuertos o propiciar algún tipo de salvoconducto.

Crónica de abusos, entuertos y fantasías

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Se ha perdido en mi memoria el último domingo apacible. Ya parece rutinario que el país se caiga a pedazo, se destituya a quien le dé la gana al régimen y se contabilice otro muerto a la larga lista de la resistencia.
Esta vez resultó ser el fin de semana más enrevesado de los últimos tiempos. En la víspera de esa insondable, sorpresiva, confusas y supuesta insurrección militar en Paramacay, que hizo pasto fácil de la expectación nacional, se instaló el sábado el nuevo centro de abusos y decisiones dictatoriales, llamado ahora Asamblea Nacional Constituyente.

El valor de agregarle un cero al reloj

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Las abrumadoras murallas improvisadas han sido un severo impacto del cual no saben cómo recobrarse. Se ven consternados, con las mejillas fruncidas y gruñendo palabrotas torpes y acaloradas. Los insultos son desproporcionados hacia los motivadores de estas terribles trincheras, para apagar la normalidad y darle vida a la consternación nacional.

El Estado comunal para el fin

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Todo cambiará como en un estallido silencioso. Se sacudirá el polvo de aquellos recuerdos espléndidos de las décadas últimas del siglo pasado, para rebosarnos con una nueva realidad concluyente. Todo será decidido en Miraflores. Estrenaremos nuevos sentimientos, atornillados como en una trinchera sórdida; sometidos a una sensación cerrera, siempre a la espera de la próxima calamidad. Sólo quedará el acostumbrarnos a la eventualidad y sin poder expresar nuestro desconcierto. La única alharaca será el obsequiarnos la amargura en un empaque adornado de sonrisas.

Calles sangran por el sueño de la juventud

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Nuestra juventud husmea en el peligro, con las nociones confusas y los vapores de la intolerancia sirviendo de arrebato para sus determinaciones. Las calles detienen su tránsito de exhalaciones normales, mientras las barricadas son apostadas para contener lo habitual de la ciudad, que hoy se ha convertido en muerte por la fuerza represora de un gobierno sin apoyo popular.

Todas las pruebas matemáticas dan 350

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Hoy la palabra cautela se halla debajo de la alfombra. Se ha perdido el miedo y el sopor, quizá en el mismo tapete donde se había escondido clandestinamente, la llave para abrir la puerta del cambio, pero que ahora la exasperación popular prefiere abrirla a su manera y con un valor inaudito e histórico.
Pese a ello, la agenda diaria de la MUD es esperada con gran disposición por los ciudadanos, quienes con un entusiasmo desparramado y enérgico, la siguen casi al dedillo, agregándole mayores elementos para hacer contundentes las acciones.

Corre, fiscal, corre

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Cada vez que se cuenta un fallecido más, manchando la calle con la sangre valerosa de su atrevimiento, el cielo se torna gris y los ánimos se retuercen de pavor. No sé si es casualidad o problemas de mi visión, pero todo se vuelve plomizo. Tal vez el clima es cómplice de la desazón. Pero los jóvenes están dando la cara, con sus consignas enfebrecidas y su bravura que no ve escamoteos, sólo un camino profundo de posibilidades.

El rumor de la caída

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Mientras el tiempo transcurre con sus campanadas de presagios, los muertos que tapizan la lucha siguen llenándonos de impresiones desagradables y de un dolor descorazonado. Principalmente porque son jóvenes esperanzados, revestido de la valentía de no temerle a nada y hallan la mala hora en el accionar inhumano de los guardias nacionales.

Más de 60 muertos y una canción desesperada

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Cada día nuestro país se parece más a un poema desdichado hecho con borrones, mostrando la cara triste del abuso del tirano. Ya se ha hecho común contabilizar los muertos como flechas desabridas de una inminente dictadura. Son quemados en el asador del la injusticia. Vilipendiados con el abuso extremo e imprudente de quienes tienen las armas. Amedrentados de mal grado, mientras vociferan su indignación ante el atropello, sufriendo la calamidad con sus pormenores de desventura y el hambre a voz en cuello, por una nevera caótica y desamparada de insumos.

El efecto dominó de los rojos

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La cuerda floja carece de trapecios acojinados y de un público encantador que le dé fuelle al acto de mantenerse en equilibrio. La tentativa por emprender la huida y poner los pies en polvorosa resulta tan grande, que asumen de forma apresurada las últimas alternativas que les resta para no perder el poder, aunque sus estratagemas tengan ribetes de descaro e incoherencia.

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