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Carlos Blanco's blog

Viaje hacia la nada

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El régimen de Maduro tiene el tonto lejos o –también es posible- los veteranos cubanos le mantienen a raya la bobería. La idea de reunirse en Santo Domingo esta semana con los opositores dialogantes al lado de su docena de asesores, se hará–si se hace- bajo la sombra ominosa de unas elecciones inexistentes el pasado domingo, en donde el régimen se auto adjudica la inmensa mayoría de las alcaldías del país.

Hastíos dominicanos

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El fracaso del encuentro del 1 y 2 de diciembre entre los representantes del régimen y del G4 (AD, PJ, UNT y VP) era inevitable, pues los opositores no estaban en condiciones de esgrimir amenazas creíbles para forzar a negociar en serio y cumplir lo acordado.

Para obligar al régimen se requieren una o varias condiciones: la unidad opositora; la presión internacional; la movilización de calle; y apoyo militar.

Tertulia dominicana

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Vuelve el diálogo de Zapatero esta vez revestido de negociación. Se trata de una situación imposible: ni el sector opositor que asiste tiene fuerza para imponer unos términos, ya que renunció a disponer de esa fibra al diluir el espacio de la Asamblea Nacional y al prescindir de la potencia de la multitud que ha luchado por la libertad; ni el régimen, por su parte, tiene la fuerza necesaria para retroceder en orden y aceptar la pérdida de su “espacio” de poder.

Ledezma y su encuentro con la libertad

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La llegada de Antonio Ledezma a la libertad es motivo de celebración para todos los demócratas, dentro y fuera de Venezuela. Un hombre que con paciencia soportó el encierro en la cárcel militar de Ramo Verde y después en su casa, sin poder siquiera bajar de su apartamento al jardín, debe haber maquinado ese plan de fuga con un detalle milimétrico. Lo logró, y genera una sensación de resarcimiento.

Madre catástrofe

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La catástrofe invade, permea, corrompe y destruye el resto de tejido social que sobrevive. Todo parece valer. Los de allá roban a placer; matan, persiguen y encarcelan. Muchos de los de acá un día son insurrectos y plantean la salida de Maduro y al día siguiente son devotos del voto, porque –según- lo único que saben/pueden hacer es votar.

La muerte de la crítica

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El régimen pena la crítica con expulsiones y marginamientos. Se sabe. Es la vocación autocrática y policial. Dentro de la oposición debería ser distinto; pero, no lo es. Especialmente entre quienes siguen sin chistar lo que dice –o decía- la MUD. Progresivamente, los factores que la dominan marginan -cuando pueden- el pensamiento y las actitudes críticas.

La banda de los cuatro

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La opinión pública, crispada al máximo, repudia la decisión de los gobernadores de Acción Democrática de someterse al mandato de la Constituyente de Maduro. Nadie ha de creer que un partido gobernado con la férrea y autoritaria mano de Henry Ramos Allup pueda haberse desentendido de la decisión de esos dirigentes de anotarse en el convoy constituyente. Así ha sido asumida y de allí la reacción colosal en contra de lo que ha hecho Acción Democrática en esta hora menguada.

Puntos ciegos

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La estruendosa derrota en las elecciones regionales es una doble derrota: la de la MUD que articuló esa política a pesar de las prevenciones que se le plantearon; y también una derrota para el país democrático –más allá de ese grupo dirigente- que dispuesto a votar o no, recibió el mazazo de una descalabro que ni buscó ni merece. En los próximos días escribiré sobre la catástrofe electoral; hoy quiero centrarme la forma en la cual los dirigentes de la MUD tratan a los ciudadanos. Fue una ilusión óptica fatal.

El diálogo necesario es con los militares

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Los demócratas venezolanos no pueden hablar con los militares. El bandidaje cubano y las fichas rojas dentro de la Fuerza Armada, lo impiden. Tampoco se puede tener un diálogo institucional. Los oficiales rojos sólo se refieren a los representantes institucionales mediante empujones como el que recibió el Presidente de la Asamblea Nacional de manos de un malandrín con charreteras. También se conocen las andanzas del general Padrino López, cínico y arrogante en su compromiso partidista, convertido no en protector de la ley sino de Maduro.

El Mal Mayor y el mal menor

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¿Es mejor que los presos políticos sigan en la cárcel o que tengan casa por cárcel? Por supuesto que es preferible casa por cárcel: se tiene a la familia cercana sin el vaho fétido de los carceleros. Es el mal menor; pero, ocurre dentro del Mal Mayor: la pérdida de la libertad. Una jaula más grande sigue siendo una jaula. En términos de libertad, casa por cárcel es similar a cárcel por casa. Allí el preso paga un precio, la épica de la torre amurallada es sustituida por un espacio en el que los tiranos disuelven al héroe para convertirlo en un asilado silente dentro de su propio hogar.

Síndrome del ex radical

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Los radicales venezolanos de hoy buscan salir del régimen de Maduro lo más pronto, sin desviarse de los objetivos del 16 de julio pasado. Su radicalismo no los hace salir con fusiles sino defender una posición firme frente a otras, más –digamos- pausadas. Los radicales de hoy esgrimen una posición política sin violencia, a diferencia de los alzados en armas hace más de medio siglo. Éstos mataron y murieron en combates; fusilaron a los blandos o “traidores” y varios fueron torturados, algunos asesinados. Fueron los que lanzaron la lucha armada de la década de los 60.

Diálogo sin rumbo

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La operación política llamada “diálogo” no va para ninguna parte, a menos que se convierta en un mecanismo de cohabitación entre el régimen y un sector de la oposición. No va para ninguna parte porque el objetivo central de Maduro y sus cófrades es quedarse como garrapatas en el poder hasta el final de los tiempos (lo de abandonar en 2018 es puro tente-allá para distraer). Mientras que el objetivo de las fuerzas democráticas ha sido la salida del régimen lo más pronto posible.

Dirigentes quejosos de los dirigidos

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Con el cambio de objetivo de la lucha por la salida del régimen a la lucha por la entrada en las gobernaciones, se ha producido un disgusto en un vasto sector democrático. La respuesta de varios de los dirigentes ha sido arremeter en contra del universo de las redes sociales y de los escribidores que también muestran su desacuerdo con esa decisión.

Caminar y mascar chicle a la vez

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El título es un lugar común usado en muchos contextos para afirmar que se pueden hacer dos actividades a la vez. En realidad, se pueden hacer muchas a la vez: pensar, caminar, tomarse un trago, sudar y consultar el teléfono. Multitasking lo llaman. Sin embargo, es analogía engañosa cuando se trata de convencer que se puede andar en dos direcciones opuestas simultáneamente; o cuando se propone la salida del régimen de Maduro y se adoptan políticas que lo pueden perpetuar.

Cuando Cero es igual a 10 millones

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No importa la cifra. Hasta es un error atribuirle más de dos millones de votos al régimen. No existió la votación; no existieron los números; no existió el evento. No fue sino un nuevo simulacro con malos actores y algunos necesitados o atemorizados en el reparto. No fue que inflaron las cifras sino que nunca existieron. Por tanto, discutir sobre el número es atribuir validez a registros que están montados no en folios sino en muertos, presos, exiliados, torturados, perseguidos y reprimidos.

Poder en disolución

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Maduro no se cae: se disuelve. El ejercicio continuo del poder siempre desgasta, aun a los más impecables demócratas; el ejercicio autoritario lo disuelve más rápido y de allí la necesidad de recurrir a la violencia en la medida en que se agota la legitimidad. En el caso del chavismo en su etapa más ruinosa y perversa, con Maduro a la cabeza, no queda nada de legitimidad –ni siquiera ante los propios- y lo que resta es quedarse, exhaustos, aferrados del último madero flotante después del cataclismo.

Plebiscito… Rebelión…

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Los millones que votaron crearon un hecho político nuevo y volvieron a poner una base sólida a la salida del poder de Maduro y su régimen. A partir de un cierto número de votantes, la avalancha crea una nueva realidad y es la de las masas que toman una decisión irrevocable. Esa jornada le dio una orden terminante al régimen, a la oposición, a la Asamblea Nacional y a todo bicho con uña, lo cual incluye a Trump, Santos y Castro: Maduro tiene que irse.

Adán perdió la inocencia (hace rato…)

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Entre los próceres rojos cunde la ignorancia como una especie de culto apasionado. Esos jerarcas odian los libros en general, pero mucho más los abstrusos textos de Marx, Lenin, Mao o Trotsky; pero, con su cara muy lavada, peroran sobre el socialismo, el imperialismo y las dietas vegetarianas. Hay excepciones a ese cultivo sistemático del oscurantismo.

La salida de Nicolás

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He sostenido que la salida del régimen está planteada. Algunos interlocutores me reclaman, porque yo llevaría años prediciendo lo que no ha ocurrido. Siempre parece que se está a punto y no ocurre. Tema a evaluar, sobre todo por respeto a quienes confían en la palabra de quien esto escribe.

¡Qué trancazo, Nicolás!

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Maduro no sabe. Cree que sabe y no sabe. Pero peor: no sabe que no sabe. No entiende lo que hacen los ciudadanos. Imagina conspiraciones. En las noches insomnes delira sobre la traición. Va a un acto en la Academia Militar rodeado de guardaespaldas de ignota nacionalidad. No comprende cómo los estudiantes llaman a un trancazo nacional y el país se paraliza. Y las balas, los tanques de guerra y los generales estilo Padrino López no le dan respuesta.

La resistencia

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Los que marchan; los que apoyan dentro o fuera de Venezuela; los que están en el frente o más atrás, en el cuerpo central de las demostraciones, o en la retaguardia; los que son capaces de conmoverse ante el crimen que ejecutan Maduro y sus secuaces; todos, sin excepción, merecen reconocimiento eterno por la patria libre que harán posible.

M de Masacre M de Maduro

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Cuando el general Isaías Medina fue derrocado en 1945 por la revolución de Acción Democrática y la Unión Patriótica Militar del Mayor Marcos Pérez Jiménez, hubo un adulante que instó a Medina que atacara la Academia Militar. El Presidente respondió: “¡Yo no asesino cadetes!” Impidió más violencia a pesar de que tal vez habría podido defender su gobierno.

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