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Paul Krugman's blog

El peor y el más tonto

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Al igual que millones de personas en todo el mundo, me tranquilizó saber que Donald Trump es un “genio muy estable”. Y es que, si no lo fuera —si en cambio fuera un aspirante a tirano errático, vengativo, desinformado y perezoso— estaríamos en verdaderos problemas.

Seamos honestos: Estados Unidos con frecuencia ha sido presidido por hombres mediocres, algunos de los cuales han tenido personalidades desagradables. Sin embargo, por lo general, no han hecho mucho daño, por dos razones.

La doctrina de la infalibilidad trumpiana

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La semana pasada John Kelly, el jefe de Gabinete de la Casa Blanca, trató de defender al presidente Donald Trump después de que lo acusaran de mostrarse sumamente insensible con la viuda de un soldado estadounidense muerto en combate. En el proceso, Kelly acusó a Frederica Wilson —miembro del congreso y amiga de la familia del soldado, quien divulgó lo que Trump había dicho— de haberse comportado mal anteriormente durante la inauguración de un edificio del FBI.

Un Estado a la deriva

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Después de la sorpresiva victoria electoral de Donald Trump, mucha gente de derecha, e incluso de centro, trató de sustentar el argumento de que en realidad no sería tan malo. Cada vez que Trump mostraba un resquicio de contención –aunque no fuera más que leer su discurso sin improvisar o dejar de usar Twitter por uno o dos días– los analistas se apresuraban a declarar que, con eso, Trump había “alcanzado estatura presidencial”.

Trump y el cambio climático: Hagamos a la ignorancia grandiosa de nuevo

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Donald Trump acaba de retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París sin tener una buena razón. No digo que su decisión sea errónea. Lo que digo es que literalmente no nos dio ninguna justificación de peso que sustente esa decisión (bueno, sí mencionó algunas cifras sobre la supuesta pérdida de empleos, pero nadie cree que sepa, o le importe, de dónde sacó esos números). Solo fue algo que se le ocurrió.

Los trucos publicitarios no son políticas reales

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¿Alguien recuerda el trato con Carrier? En diciembre el presidente electo Donald Trump anunció, triunfante, que había llegado a un acuerdo con el fabricante de aires acondicionados para mantener 1100 empleos en Estados Unidos en vez de trasladarlos a México. Los medios celebraron el logro durante días.

En realidad, el número de empleos en juego se acercaba más a los 700, pero ¿quién lleva la cuenta? Cerca de 75.000 trabajadores estadounidenses son despedidos cada día hábil, así que unos cuantos cientos aquí o allá difícilmente hacen una diferencia en el panorama total.

Donald, el incapaz

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Betsy DeVos, a quien Donald Trump nombró secretaria de Educación, no conoce términos básicos de educación, ignora los estatutos federales que regulan la educación especial, pero piensa que en las escuelas debería haber armas para defender al alumnado de los osos grizzli.

Con el debido irrespeto, señor Trump

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Cuando era joven, el congresista John Lewis, quien representa a casi todo Atlanta, puso su vida en riesgo en búsqueda de la justicia. Como un líder en la lucha por los derechos civiles, recibió varias golpizas. Y, en uno de sus momentos más famosos, encabezó la demostración que llegó a ser conocida como el Domingo Sangriento, en la que sufrió una fractura de cráneo a manos de policías estatales en Alabama. La indignación pública que surgió tras la violencia de ese día de 1965 ayudó a que fuera adoptada la Ley de Derecho al Voto (Voting Rights Act).

Estados Unidos se convertirá en Trumpistán

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En 2015, la ciudad de Asjabad, capital de Turkmenistán, fue honrada con un nuevo monumento público: una gigantesca escultura ecuestre bañada en oro en la que se veía al presidente del país. Tal vez parezca un exceso. Los cultos a la personalidad son más bien una norma en los países que terminan con “-istán”: es decir, los países de Asia central que surgieron tras la caída de la Unión Soviética, en general gobernados por hombres fuertes que se rodean de un selecto grupo de ricos compinches capitalistas.

¿Quién teme a China?

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El experto de Slate Matthew Yglesias llamaba la atención hace poco sobre un repunte de las advertencias de las Personas Muy Serias acerca de que China podría perder confianza en Estados Unidos y empezar a deshacerse de nuestros bonos. En un artículo publicado a principios de este mes, se centra en los motivos de China, lo cual resulta útil.

Yellen, economista de economistas

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He tardado tiempo en escribir algo sobre el nombramiento de Janet Yellen para dirigir la Reserva Federal, en parte porque no estaba seguro de qué decir exactamente o cómo explicar la razón por la cual yo y tantos otros economistas estamos tan contentos de que la hayan nombrado.
Pero Noam Scheiber en The New Republic dio en el clavo al escribir en un reciente artículo que lo que es tan esperanzador sobre Yellen no es solo su trayectoria, sino con quién se codea. En este sentido es, sin ninguna duda, la candidata de los economistas.

El villano ‘keynesiano’

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Ken Rogoff, el economista de Harvard cuyo trabajo con Carmen Reinhart ha desempeñado un papel fundamental en el debate sobre las políticas de austeridad, escribía recientemente una columna que está estructurada como un argumento en contra de Aquellos que: aquellos que piensan que los problemas de Europa provienen únicamente de una excesiva austeridad, y que todos ellos se resolverían con un poco de keynesianismo. Podría ser útil que mencionara esos nombres, o de lo contrario la gente podría imaginarse que está hablando, pongamos por caso, del economista Martin Wolf o de mí.

El trauma de la isla del tesoro

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Hace un par de años, el periodista Nicholas Shaxson publicó un libro fascinante y descorazonador titulado Treasure Islands (islas del tesoro), en el que explicaba la manera en que los paraísos fiscales internacionales —que también son, como el autor señalaba, “jurisdicciones con secreto bancario” en las que muchas reglas no se aplican— debilitan las economías en todo el mundo. No solo escamotean los ingresos a unos Gobiernos escasos de dinero y facilitan la corrupción, sino que distorsionan el movimiento de capital, lo que contribuye a alimentar crisis financieras cada vez más grandes.

Coches sin conductores

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Felix Salmon se ha convertido al culto del coche que se conduce solo. “Aunque en general he sido partidario de casi cualquier alternativa al automóvil, ahora no estoy tan seguro de ello”, escribe Salmon, redactor de economía de Reuters, en un blog publicado el 24 de enero. “Creo que la tecnología de los coches inteligentes está mejorando de una forma impresionante, hasta el punto de que podría ser la solución más prometedora, especialmente en partes desarrolladas del mundo como California”. Y en efecto, esto empieza a parecer algo real. Y estoy impresionado.

El curioso caso de Japón

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¿Es Japón el país del futuro una vez más? En un sentido amplio, seguramente no, aunque solo sea por la demografía: los japoneses combinan una tasa de nacimientos baja con una profunda aversión cultural a la inmigración, de modo que el papel futuro de Japón se verá muy limitado por la escasez de japoneses.

La mala decisión de Wall Street

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Ahora circulan muchas listas de los principales ganadores y perdedores en estas elecciones; pero, curiosamente, ninguna de las listas que he visto menciona lo malo que es este resultado para los Amos del Universo de Wall Street.
Como quizá recordarán, la historia es que el sector financiero –tras haberse arrastrado él mismo y al resto del mundo al borde del desastre- fue rescatado por los contribuyentes.

La deuda de las generaciones futuras

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El economista Brad DeLong se enfrentaba no hace mucho con el catedrático Nick Rowe, de la Universidad de Carlton, por el inexplicablemente confuso tema de la deuda intergeneracional; en un momento intentaré plantear una nueva manera de explicar por qué la presentación convencional es completamente inexacta.

"En el mundo de Nick Rowe los contribuyentes de la próxima generación pagan impuestos para devolver la deuda, y por eso salen perdiendo", escribía DeLong en un blog el 12 octubre. "Y en el mundo de Nick Rowe los titulares de deuda de la próxima generación no salen ganando".

El problema no es Romney, es el Partido Republicano

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Mitt Romney está recibiendo muchas críticas de su propio bando últimamente, lo que parece prematuro: esto todavía no ha acabado ni mucho menos. Pero permítanme decir que incluso si se pasa la noche de las elecciones llorando en su ascensor para coches, las críticas de la derecha están siendo injustas.
Sí, es un candidato bastante malo, pero el problema básico es su partido, no él.

Romney sigue apostando por políticas fallidas

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Hay un tono de incredulidad en los escritos de los apologistas de Romney. Es como si no pudiesen creer que las palabras mágicas —¡capitalismo!, ¡libre mercado!, ¡creadores de empleo!— no estuviesen silenciando a quienes le critican. Después de todo, dicen, ¿no se limitaba Mitt Romney a hacer lo que ha sido habitual durante los últimos 30 años?

¿Realmente se salvará al euro?

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La semana pasada Mario Draghi, el presidente del Banco Central Europeo, declaró que su institución “está preparada para hacer lo que sea necesario a fin de preservar el euro’’, y lo celebraron los mercados. En particular, cayeron drásticamente las tasas de interés de los bonos españoles, y se dispararon las bolsas de valores en todas partes.

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