Cadáveres

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El neoliberalismo salvaje y el totalitarismo comunista se dan la mano. Cuando anunciaron la exposición Bodies en Caracas a principios de marzo no me interesó: pagar para ver cadáveres, sólo las momias del Antiguo Egipto. Me parecía morboso admirar difuntos contemporáneos desollados, a pesar de que amigos que visitaron Bodies... the exhibition en otras ciudades del mundo me aseguraron que era una lección impactante sobre el funcionamiento del cuerpo humano.

Pero cuando el Gobierno venezolano clausuró la exhibición por razones burocráticas y el Ministerio de Salud le negó el permiso y se realizó un despliegue forense que quisieran los familiares de las víctimas de muertes violentas que ocurren cada semana en Venezuela, lamenté haberme perdido la muestra científica que nuestro reaccionario gobierno cerró pocos días después de su exitosa apertura.

Por eso al constatar en una reciente visita a Nueva York que Bodies seguía abierto en el bajo Manhattan quise aprovechar para ver la muestra de cadáveres plastificados similar a la que en Venezuela fue vetada. Casualmente, mi prima Paulina, que vive en París, pasaba Semana Santa en Nueva York y la invité a ver la exposición conmigo. Cuando me respondió un rotundo no temí lo peor: que mi primita se había salido del closet chavista.

Pero sus razones no eran políticas sino éticas: en Francia la exhibición también desató una álgida controversia: ¿de dónde provenían los cadáveres desollados? Yo habría asumido que de personas que donaron sus cuerpos a la ciencia, pero no, los muertos y órganos humanos preservados con una moderna tecnología para que en las grandes metrópolis sepamos cómo funciona la anatomía humana hasta el último cartílago salieron de la morgue de un hospital chino. Se alega que son cuerpos que no fueron reclamados. El dilema bioético se agudizó al descubrirse que estos muertos anónimos usados en tan lucrativas exhibiciones provenían en su mayoría de cárceles de China donde los derechos humanos son violentados por el régimen totalitario.

Tremenda paradoja: el neoliberalismo salvaje y el totalitarismo comunista se dan la mano beneficiándose del infortunio humano gracias a la curiosidad científica de millones de espectadores.

Esa misma semana leí en The New York Times cómo se estrechaban los vínculos económicos entre China y varias naciones de Latinoamerica, especialmente Venezuela, y me encajó el porqué durante la controversia sobre Bodies en nuestro país el Gobierno eludió la frase "cárceles chinas".

Se juzgó la profanación capitalista de los cuerpos expuestos a la que se trató como tráfico de cadáveres, mas ni por asomo se criticó la procedencia de los muertos. Por su lado la oposición saltó a defender una exposición científica aplaudida en las principales ciudades del mundo, el origen de los cadáveres tampoco pareció importar un comino a los defensores.

Y una controversia que daba para tanto terminó siendo reflejo de lo que nos hemos convertido los venezolanos en estos últimos diez años: todo tiene un interés político sectario, la ética la perdimos hace rato.

La semana pasada el Gobierno francés ordenó la clausura de Bodies. En Estados Unidos sigue siendo un controversial éxito, pero regresé a mi postura inicial: pagar para ver cadáveres, sólo las felices momias del Antiguo Egipto.

EL NACIONAL
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