Los nietos de los dictadores también son diferentes

Alejandro Armengol's picture

La foto del encuentro en La Habana entre el multimillonario Richard Branson y el nieto de Fidel Castro, Fidel Antonio Castro Smirnov, ha recorrido las redes sociales y provocado comentarios sobre las simpatías y los gustos de los descendientes del fallecido gobernante cubano: siempre se están codeando con ricos y famosos. Y el hecho —por lo general su demostración gráfica— es algo que incita tanto a la ira justa como a la crítica fácil.

Pero en este caso, hay un aspecto por lo general omitido en tales comentarios, y en el cual reside la verdadera naturaleza del asunto: entre pompa y circunstancia —que siempre Branson dosifica con una fantasía aventurera estilo guerrilla con lentejuelas y cierta nostalgia imperial británica a la inversa— reside el billete.

El millonario inglés —y aquí cabe un breve paréntesis para disfrute republicano— es tanto un cercano amigo de los Obama (la pareja viajó de vacaciones a su residencia en las Islas Vírgenes Británicas tras abandonar la Casa Blanca) como un reluciente aventurero y capitalista ingenioso, creador de un multimillonario conglomerado empresarial que es una verdadera maraña —donde caben todas las acepciones de la palabra— de fideicomisos y compañías.

Alguien que para promover su persona y empresa —¿no son una las dos?— ha recurrido a las tácticas más diversas de publicidad, y en las cuales no han estado ausentes los recursos de una propaganda elemental y directa, vieja pero aún efectiva para algunos. Todo un despliegue de avaricia capitalista disfrazado de heroicidad guerrillera: nunca un fin ha justificado un medio más pervertido, o perverso.
Baste un ejemplo.

Cuando lanzó su compañía de teléfonos móviles en Francia, en septiembre de 2013, Branson se disfrazó de Ernesto “Che” Guevara.

“Llegamos con la revolución pacífica en un todoterreno y una producción totalmente a lo ‘Che’ Guevara”, expresó entonces el magnate, que se paseó por el centro de París con el puño en alto y rodeado de las siempre atractivas modelos al uso, de acuerdo a lo publicado en esa fecha por Cuaderno de Cuba.

La “revolución” del empresario de tiendas de discos y aviación —la cuarta persona más rica de Gran Bretaña— era simplemente de tarifas y prestaciones dentro del competitivo mercado de los teléfonos móviles.

Branson, que siempre se ha empeñado no solo en tener más dinero —y así echar a un lado la condena de Hemingway, mientras se pretende ser diferente, para beneplácito de Fitzgerald— ha compartido lo mismo con Mandela que con Al Gore, o cenado con Peter Gabriel. Ello sin olvidar las vacaciones en el mar con los Obama ya antes citadas. Y por supuesto, cuando lanzó aquella campaña en París era seguro que no conocía un pepino sobre la vida y el pensamiento del “Che”, que lo hubiera despreciado de inmediato, si no lo fusilaba antes.

Ahora con Castro Smirnov, la publicidad vuelve a estar en el escenario, aunque no se limita a un nombre y mucho menos a una boina o una camiseta. El nieto de Fidel Castro es un especialista en nanotecnología, a cargo junto con su padre de esta industria en la isla.

Empresa y familia

Desde hace años el Gobierno cubano viene apostando por las nanociencias y la nanotecnología como áreas “estratégicas” para el desarrollo científico y empresarial del país.

“La estrategia de un futuro plan nacional para la nanotecnología en Cuba sería unirse en el período 2015-2020 a las naciones líderes de la región latinoamericana, principalmente en el sector de la nanobiotecnología”, indicó Castro Díaz-Balart, hijo mayor de Fidel Castro y padre de Castro Smirnov, durante un seminario internacional sobre nanotecnología en septiembre de 2012.

Castro Díaz-Balart señaló en dicho evento que la nanomedicina y la nanobiotecnología estaban camino a convertirse en “los puntos focales del desarrollo nacional” en este campo, debido a los logros alcanzados por la isla en los servicios de salud y la industria biotecnológica.

Pero en Cuba el desarrollo de esa industria no solo se trata de un empeño estatal, sino también familiar: tanto el hijo como el nieto del primer matrimonio de Fidel Castro dirigen dicho proyecto multimillonario de tecnología avanzada.

En una información publicada en el sitio oficial de Virgin Branson habló de los avances médicos en Cuba y rechazó el embargo así como la política del presidente Donald Trump hacia el Gobierno cubano.

“Mientras estaba en la ciudad, tuve la suerte de conocer a Fidel Antonio Castro Smirnov, quien es nieto de Fidel Castro. En la parte posterior de un Chaika ruso de los años 60, nos pusimos a conversar sobre nuestro amor compartido de aventura y el océano, entre otras cosas. Luego, se habló de los diversos avances médicos que se han desarrollado en Cuba y de cómo estos podrían ser increíblemente útiles también para el resto del mundo”, destacó Branson.

Virgin Group mantiene una presencia en la isla con la aerolínea Virgin Atlantic, y entre los ejecutivos del grupo que acompañaron al empresario se encontraba el director general de Virgin Voyages, Tom McAlpin.

La visión del exilio

Con frecuencia la mezcla de negocios, frivolidad y oropel en que desde hace años viene participando, con mayor o menor relevancia la familia Castro —con el Festival del Habano en diversos años como el testimonio más gráfico— por lo general es considerada desde el exilio como una oportunidad para lanzar dardos contra un proyecto que en una época se proclamó como “revolución de los humildes y para los humildes”. Aunque dicha denuncia no ha perdido su valor moral, enfatizar solo en ella no permite —o esconde— el análisis necesario sobre la realidad actual de la isla.

Hay cierta traición al análisis disfuncional en el empeño de buscar indicios en Cuba de una sucesión dinástica, al estilo norcoreano, y despreciar otras señales o utilizarlas solo como muestras de vicios y privilegios.

En medio del estancamiento imperante en el país, vale la pena intentar ir un poco más a fondo en otros atisbos que muestran también la incidencia en la práctica —aunque quizá no aún como modelo— de patrones más cercanos a los adoptados por las élites dominantes en Rusia y China. De lo contario, se limita todo a contemplar la superficialidad y hasta las payasadas que figuras como Richard Branson — y aquí cabe otro breve paréntesis, esta vez para disfrute demócrata— o Donald Trump aparentan con frecuencia, pero que no siempre o casi nunca practican a fondo. Iniciar ese análisis más amplio, de las dos familias de Fidel Castro y la única de su hermano Raúl, resulta así aún una asignatura pendiente.
Alejandro Armengol

Fuente: http://www.cuadernodecuba.net/