Entre acuerdos... Y galletas

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¿Señor... Me regala una galleta? Es la constante y repetitiva pregunta que hace "Juan" (nombre ficticio para resguardar la identidad del menor), él tiene 14 años; es un adolescente que tiene por "pasatiempo" ir a un centro comercial reconocido de Cabimas, estado Zulia en Venezuela a pedir algo de comer. No es para nada exigente, una chica le preguntó que sabor de galleta quería degustar, y dijo "cualquiera". Juan manifiesta que no está estudiando, y explica sus razones: "no tengo para comprar los útiles escolares, uniforme..." Y tranquilamente continúa su exposición de motivos de manera efusiva: "¡Tampoco tengo cobres!". Estudió hasta el 7mo grado, y en la corta conversación (interrumpida por una entrega de galletas), dijo que si pudiese tener la oportunidad estudiaría.
Juan, entra y sale del centro comercial durante todo el día. Cabe destacar que el personal de seguridad lo desaloja del lugar en cuanto lo ve, pero él y otros compañeros de "labores", se las ingenian para entrar "como sea" por cualquiera de las entradas.
No sé si está bien o está mal lo que hace este adolescente junto con otros más (tienen su razones). Tampoco quiero politizar este delicado tema, pero mientras unos señores tratan de acordar un acuerdo (valga la redundancia) en una isla del Caribe, creo que nos toca pedir galletas a nosotros también. Quien quita y de repente tenemos mejor suerte que los señores que viajan a esa isla caribeña y llegamos a rápidos y mejores "acuerdos" con el dueño de la fábrica de galletas y la junta de condominio del centro comercial.
Alexander Rosquez Faria