Más espacios para el emprendimiento y el bienestar social


Imagen de Angelo Burgazzi

¡Todo lo que está hecho por el hombre es resultado de la acción emprendedora! El desarrollo de un país y su progreso resultan de una larga y continua cadena de actos de emprendimiento, entrelazados, que van conformando capas y capas de servicios, productos, soluciones de problemas, avances tecnológicos, sobre los cuales podemos sustentar la calidad de vida a la que todos aspiramos. Así de relevante y primordial es el emprendimiento.
El ciudadano, a través de su acción emprendedora, participa en la creación de bienes y servicios para la sociedad.
Mientras más ciudadanos tengan acceso al emprendimiento, mientras menos complejo sea emprender, mientras más probabilidad de éxito tenga cada emprendedor y emprendimiento, mejor calidad de vida se dará en un país y por ende estará al alcance de sus habitantes.
Pero paradójicamente, hoy no son tantas las personas que emprenden, lo hace una minoría. De esta, pocos, muy pocos emprendedores o emprendedoras, logran llegar a niveles de auto-sustentabilidad. Menos aún, van más allá y logran tener un impacto relevante en su entorno. Lo que estamos viendo es abrumadoramente revelador: 1) Emprender es raro; muy pero muy pocos emprenden. Y 2) Emprender es difícil; de quienes lo hacen, muy pocos logran emprendimientos efectivamente sustentables.
Como resultado tenemos que la realidad de nuestro entorno deja la creación de bienes y servicios principalmente en manos de escasas grandes empresas y, cada vez más, en manos del estado, lo cual no favorece sino que al contrario hace distante, menos frecuente y hasta niega de plano en ocasiones, el derecho de los ciudadanos a emprender, a desarrollar con plenitud, responsabilidad y en libertad los emprendimientos.
Qué pasaría si lográramos que muchas más personas emprendieran, y además que gran cantidad llegara a superar las fases de sustentabilidad. El resultado es claro: ¡La creación de valor se multiplicaría! ¡La calidad de vida aumentaría, para todos!
Frente al hecho o percepción de que emprender es raro, debe aumentarse la cantidad de emprendedores. Para ello es necesario revisar los estímulos y los inhibidores para emprender, así como los valores socialmente aceptados en torno a este tema. Si bien nuestro país tiene una cultura que estimula el estudio como elemento fundamental de progreso personal y palanca importante para la movilidad social, ocurre que al culminar los estudios de cualquier nivel, el camino socialmente aceptado es la búsqueda de un empleo, sea este en el sector privado (y mejor si es en una “gran empresa”), o en el sector público.
Valoramos la estabilidad y los beneficios de tener un “buen empleo”. Apreciamos demasiado la cosecha temprana, el corto plazo. El “mejor pájaro en mano que 100 volando”, “denme aunque sea fallo”. Tememos la incertidumbre, rehuimos al riesgo, y sentimos vergüenza del fracaso. Consideramos el error como algo que debe ocultarse.
No obstante, hay buenas noticias, lo socialmente aceptable no es inmutable, no está escrito sobre piedra, se puede modificar. Es posible enseñar y modelar nuevas prácticas, en las que se comprenda la relevancia del emprendimiento y sus enormes beneficios potenciales: “hay que sembrar para cosechar”, “errando se aprende”, “mejor aprender a pescar, que tener que pedir pescados”, “el que no arriesga no gana”, “inventamos o erramos”. La opción de emprender debe estar entre las opciones válidas en la ruta de desarrollo del ciudadano, en todos los niveles. En la familia, en el barrio, en la escuela, en la universidad, en los medios, en las políticas públicas, en las conversaciones entre panas.
Y frente al hecho y percepción de que emprender es difícil, simplemente hay que hacerlo más fácil. Aquellos pocos audaces que se lanzan por este camino, entre los que contamos a los que lo hacen por no tener más remedio, se encuentran en un entorno que los favorece muy poco, que más bien les complica el camino. ¿Cómo comenzar? ¿A dónde acudir? ¿A quién preguntar? Situaciones tan básicas como la constitución y registro de la figura legal de persona jurídica se convierten en verdaderas epopeyas; por no hablar de obtener financiamiento o capital de riesgo.
El emprendedor puede tener dominio de un área técnica específica, pero cómo afronta tantos otros temas relevantes, laborales, logísticos, financieros, de mercadeo, sin mencionar los fiscales, de gestión de talento o legales en general.
Aquí también se cuenta con buenas noticias. Cosas importantes están pasando en nuestro país. Un interesante número de instituciones, de diversa índole, publicas y privadas, grandes y pequeñas, con o sin fines de lucro, han estado trabajando con mucha seriedad en el desarrollo del emprendimiento y los emprendimientos. Mejor aún, lo están haciendo de forma cada vez más articulada, conformando un verdadero “Ecosistema de Emprendimiento”. El emprendedor principiante sí tiene dónde acudir. Más información acerca de este específico tema y sobre otros de interés puede obtenerse en www.accede.net
Nuevas y auspiciosas realidades van en aumento, se ven potenciadas por oportunas citas y extraordinarios eventos, como el organizado la semana pasada por la Alianza Social de Venamcham. Aprovecho de agradecerles la invitación extendida y el honor de haber compartido tribuna con ponentes de altísimo nivel. Un encuentro en el que presentamos el tema de “Emprendimiento como elemento integral de la Responsabilidad Social Empresarial” que en una próxima entrega les prometo traer y compartir desde aquí.

angelo@accede.net
@burgazzi

El autor es emprendedor, especialista en tecnología de información, fundador y director de ACCEDE Espacio de Emprendimiento y de la organización DBAccess.

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