Bergoglio en Chile. Malos signos para la cristiandad

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Desde que fuera escogido como el vicario de Cristo en la Santa Sede me he preguntado muy seriamente si no tendrá en su alma la cifra de identificación del demonio apocalíptico, el 666. Pues atropellando dos mil años de historia, Bergoglio ha surgido del fondo de la tierra decidido a apostar por las vertientes políticas brotadas de quien consideraba que la religión era el opio de los pueblos, Karl Marx, y quienes han hecho compromiso de honor de sus dictaduras marxistas en arrasar con las iglesias cristianas e imponer el ateísmo a cualquier precio. Como lo hicieran Lenin, Stalin y los Castro.

A quienes, en un rasgo de soberbia e incomprensión que desconoce las tradiciones libertarias, anti dictatoriales y democráticas de la región le ofrece su emblemático y sonriente respaldo, mientras trata con desprecio y rechazo a quienes, observantes y fieles de la Iglesia, comulgan con creencias liberales. Raúl Castro, Evo Morales y Michelle Bachelet, sí. Mauricio Macri y Sebastián Piñera, no. ¿Por qué?

Nadie le pide que abra su corazón, como la abrieran sus predecesores y muy en especial Juan Pablo II a los anhelos de libertad de los fieles de su Iglesia. Quien, llevando sus obligaciones al extremo permitido de la acción política vaticana contribuyera de manera esencial a la caída de la dictadura polaca y al derrumbe del bloque soviético. Sólo se le pide que tenga la grandeza, la humildad y la sabiduría de su predecesor y mantenga la estricta ecuanimidad que debiera signar las acciones y el comportamiento del más importante pastor de almas de la cristiandad. El ser humano más importante de la parte católica, apostólica y romana de la viviente y sufriente humanidad. Sólo le pedimos absoluta imparcialidad y equidistancia. A Dios lo que es de Dios y al César, lo que es del César.

Nadie le pide, tampoco, que le dedique a Venezuela la atención y el amor que Juan Pablo II le dedicara a Polonia y a quienes luchaban en el interior de las dictaduras satélites contra la bestia apocalíptica parida por el marxismo leninismo. Pero su reciente actuación en Chile da pruebas de su fatal arrogancia, sus arbitrarias y antidemocráticas preferencias y su decisión de llevar a la Iglesia, contrariamente a lo que pretende con tales desaires, al borde del desprecio de una inmensa mayoría de chilenos. De todas sus visitas pastorales, ésta es la que ha encontrado mayor indiferencia, apatía y rechazo. Por lo visto, el populismo papal tiene límites históricos.

¿A una Iglesia contaminada de pederastia agregarle el signo de la Bestia, promover el odio entre los chilenos, hacer uso de la retroexcavadora y negarse a aceptar las decisiones libremente escogidas por quienes rechazaron al gobierno agonizante del socialismo chileno, al que llega a insuflarle vida sin que nadie se lo esté pidiendo? ¿O ha de verse en su comportamiento el siniestro efecto del castrismo, del peronismo y del kirchnerismo, por no hablar de la teología de la liberación, en el interior de algunos sectores de la iglesia, particularmente entre los miembros de la Orden de Jesús, a la que pertenece? Hoy mismo leo en el periódico El País de España un artículo en el que su autor, un periodista argentino, se pregunta por las razones del aparente desinterés en la Argentina del bonaerense Jorge Alejandro Bergoglio. No encuentra la respuesta.

No está en Caracas: está en Santiago de Chile, es cierto. Pero Venezuela sufre la peor tragedia vivida en la región en el presente siglo, bajo la devastación de una satrapía al servicio de la Cuba de Raúl Castro, a quien tanta simpatía le dispensa. Quien, por cierto, acababa de recibir una visita de cortesía política de su anfitriona chilena, con fines que nadie, salvo ella y sus cercanos conocen. En los mismos instantes en que se refería a las víctimas de Augusto Pinochet en la ciudad austral de Temuco, ante una muy pobre asistencia que no alcanzara a la mitad de lo que se esperaba, Nicolás Maduro, el sátrapa de Raúl Castro, ordenaba masacrar a un grupo de opositores haciendo gala del más bárbaro desprecio por los derechos humanos. El papa prefirió guardar el más estricto silencio sobre un hecho en curso para granjearse las simpatías de quienes llevaran a la tragedia que impusieron quienes hoy reciben el aprecio del papa de la cristiandad.

La situación que encuentra en su visita pastoral al Chile que se inclina abiertamente por la centro derecha no fue la más auspiciosa. Incomparable con el fervor y el entusiasmo que despertara Juan Pablo II hace treinta años. Y si bien llamó la atención en su primera comparecencia sobre los graves delitos de pederastia en que aparece involucrada una parte importante del clero, esta mañana, en su misa de despedida en el puerto de Iquique, al norte de Chile, respaldó sin ambages a un obispo que parece dispuesto a defender a uno de los principales acusados.

Demasiadas contradicciones para un papa que surgió de la controversia. Malos signos para la Cristiandad.
Antonio Sánchez García

Vi luego otra Bestia que surgía de la tierra y tenía dos cuernos como de cordero, pero hablaba como una serpiente. Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia; pues es la cifra de un hombre. Su cifra es 666.”
Apocalipsis, 13.