¡Al fin se acabó el Odio!

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No podía continuar eso de odiar por odiar así no más. Por suerte, contamos con una fantástica Asamblea Constituyente (…Cubana, a mucha honra).

Así que se ha tomado la mejor decisión: promulgar una Ley que prohiba el odio.

Uno supone (por favor, ¿cómo dudarlo…?) que se llegó a un consenso sobre lo que es el odio y las formas en las que el odio se expresa.

De esa manera no quedará la menor duda entre quien odie y quien no odie.

Quien sabe, hasta es probable que hayan previsto desarrollar un revolucionario aparato que garantice un castigo ejemplar y acorde con la intensidad del odio. El odiómetro.

Sería una inversión productiva más de nuestra maravillosa revolución socialista.

La Ley contra el Odio llega muy oportunamente. Porque nos previene que, en el futuro, algún gobernante o alto funcionario del Estado, abusando de su poder, pueda insultar o sentir odio hacia algún ciudadano. Casos se han visto.

Con el permiso de las lúcidas mentes de la Constituyente (…Cubana, nuevamente a mucha honra) que crearon esta Ley, cabe acotar un pequeño detalle que quizás hubiera enriquecido aún más este eficaz instrumento.

Porque resulta que castigar solamente las expresiones de odio quizá no sea suficiente. Como se dice coloquialmente, de pronto “no alcanza”.

¿Por qué? Porque el odio se siente. Con odio se piensa.

Por lo tanto, se hace como necesario también prohibir taxativamente el sentir odio y el pensar con odio. Así sí la Ley estaría completa.

Finalmente, una humilde sugerencia para nuestra Asamblea Constituyente (…Cubana, nunca nos cansaremos de repetirlo: a mucha honra).

Es la siguiente: conviene que la Ley contra el Odio sea complementada con tres Leyes adicionales.

La Ley del Amor Incondicional. La obligación de cada ciudadano a profesar sentimientos de amor permanentemente. No importa las circunstancias a las que esté sometido.
La Ley de la Felicidad Suprema. Ya tenemos el ViceMinisterio correspondiente, con su exitosa y eficiente gestión demostrada a diario. Con una Ley, acabaremos todos por alcanzar el más alto grado de Felicidad.
La Ley de Veneración y Adoración Obligatoria hacia Nuestros Gobernantes. Indispensable para que cuenten con nuestro estímulo y nuestro respaldo para que puedan seguir gobernándonos tan acertadamente como lo han hecho hasta ahora.
En resumen, el odio mágicamente se ha acabado en Venezuela.

Como todo lo demás.
Bernard Horande