Deseos no preñan

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Venezuela vive un deslave económico, institucional, social y humanitario que hasta ahora es imposible resolver, sobre todo cuando la política pasa a un segundo plano.

Rodamos por un tortuoso barranco empinado. En un tramo de la caída abrimos los ojos y caemos en cuenta de que estamos inmovilizados, adoloridos, débiles, sangrando por incontables heridas y con la certeza de que el tiempo se agota y no seremos socorridos.

Esa es la escena de la película en la que nos encontramos atrapados. Se repite una y otra vez: Los gobernantes de países vecinos se desgastan en declaraciones huecas, los organismos internacionales se toman nuestra tragedia con soda y un poquito de hielo, en la Corte Penal Internacional de La Haya se emocionan con la entrega de regalos de un San Nicolás trajeado como Maikel Moreno que llega a destiempo, justo cuando la moral nacional se deshace en una historia de terror de Estado y violación de derechos humanos, con el uso desproporcionado de la fuerza de guerra contra 5 jóvenes de la Resistencia, pasando por alto el desprecio y odio demostrado a sus familias, golpeadas por el dolor, a quienes le expropiaron hasta el luto y el duelo de honrar a sus seres queridos asesinados.

Es la misma historia que se repite a toda hora, la escuchamos en la cola nuestra de cada día por la búsqueda de comida, de los que andan rogando por una medicina con la receta en la mano, hasta de los que hurgan de la basura, todos intentando sobrevivir a un gobierno que no se hace responsable de sus actos cada vez más violentos y despiadados, unas medidas económicas erradas, una industria petrolera chatarra, administrada y colapsada por quienes detentan el poder, un BCV y unas FANB cubanizadas y el control absoluto de las instituciones de poder, las gobernaciones y alcaldías. Lo tienen todo, no hay duda, la responsabilidad de tanta destrucción es totalmente de este gobierno.

“Es una provocación pensar que el gobierno es responsable de las carencias de nuestro pueblo, es culpa del imperialismo y de la guerra económica”, dice Erika Farías, nueva alcaldesa de Libertador en la implementación del nuevo Plan de la Patria 2019-2025, segura de que los males que matan de hambre y condena a la desnutrición a miles de niños, la que genera el éxodo de casi 4 millones de venezolanos, la mayoría hacia la nada, es del imperialismo y la oligarquía, sin reparar que las medidas tomadas por Maduro no fueron dictadas por Trump y que la nueva casta oligarca es militar y se viste de rojita.

Como dice el alemán George Eickoff, político y representante de la Fundación Konrad Adenauer en Venezuela, “Cuando ellos hablan de guerra económica es porque se sienten derrotados por otros y tienen razón”.

¿Pero qué tan derrotados? ¿Una situación como la de Venezuela amerita un Plan Hausmann?

Eickoff señala que tanto EEUU, Canadá como la UE seguirán tratando al gobierno venezolano como lo que son: Un grupo de delincuentes que se ha hecho con el control de un gobierno fallido. “No espero que invadan Venezuela. Van a perseguir el narcotráfico e impedirán cualquier consolidación del terrorismo internacional que es trabajo suficiente. Para la comunidad internacional Venezuela no es un tema político sino de seguridad”

Deseos no preñan. Maduro tiene todo el poder y le es indiferente como lo vean, ni siquiera tiene intención de llegar a algún acuerdo en Santo Domingo. Solo busca estabilizar la dictadura al precio que sea. Es la tarea del CNE y la ANC.

El plan de Maduro durante el 2018 seguirá siendo reducir la población del país. Recalca Eickoff que “menos clase media significa menos oposición y menos clase baja significa menos gastos para bolsas CLAP y otros consumos y más margen para el enriquecimiento personal. La tragedia humanitaria se promueve y se usa con esa intención. Los bebes y viejitos muertos por mengua en Venezuela son víctimas de una guerra del gobierno contra la población. Es una antigua utopía comunista, crearse una población conveniente y al crimen organizado obviamente le gusta la idea”.

Maduro ve las elecciones presidenciales como un trámite más para mantenerse en el poder por tiempo indefinido. No habrá cambios como ya lo advirtió Cabello, el diálogo solo consume tiempo y deja las ilusiones de los líderes de partidos como Ramos Allup, Falcón o Guanipa sin oxígeno. Lamentablemente hasta ahora no hay presión visible para el corto plazo. ¿Un outsider? ¿Una recomposición de la Unidad? ¿Un punto de giro más allá del malestar de la población? Todo puede suceder, pero nadie trabaja para ello. ¿Saldremos de esta pesadilla?

Hasta ahora el mayor peligro es la pugna interna del PSUV. Internamente hay sectores del chavismo que creen que la línea entre dictadura y democracia no debe ser tan implacable y creen que con una economía sana a nadie le importaría quien gobierne, pero nadie los verá recorriendo el país. Eso sí, tienen planes distintos para que el legado de Chávez sobreviva y desde allí generar cambios económicos en el modelo. Pero Maduro es el modelo y es un modelo stalinista. @damasojimenez
Dámaso Jiménez