¿Amar a la revolución por decreto?

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Estaba claro que a este régimen no le iba bastar con haber impuesto de una forma inconstitucional y fraudulenta a la Asamblea Nacional Constituyente –con miras de hacer una nueva estructura constitucional a la medida de sus intereses–. Es sabido que esta institución carente de legitimidad ha sido creada para ejercer mayor control político, ello quedó evidenciado con la convocatoria a elecciones regionales y el posterior sometimiento de los gobernadores electos a juramentarse ante su “autoridad” (por supuesto esto con el beneplácito de quienes fueron elegidos y acudieron a legitimarla).
Pero no bastando con esto, dicha institución se ha atribuido la potestad legislativa creando un adefesio jurídico al que llamó: “Ley Constitucional contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia”, es decir, el régimen ha creado un instrumento legal para prohibir que le critiquen su pésima gestión de gobierno, desde ahora los ciudadanos no pueden expresarse libremente, los medios de comunicación estarán sujetos a una mayor autocensura y el uso de las redes sociales será “supervisado” por los agentes del gobierno.
No cabe duda que este instrumento jurídico será utilizado para amedrentar, las penas que en él están contempladas son a todas luces desproporcionales a las conductas que estos “ilustres” diputados de la ANC han decidido ahora tipificar como “delito”. ¿Qué entenderán estos “revolucionarios” por la expresión “odio”? Un término que en el derecho penal no es universalmente compartido.
Ante la descomunal crisis que está padeciendo la sociedad venezolana en estos momentos en que el ingreso mínimo no llega a $10 mensuales, la hiperinflación se ha hecho presente, aunado a la escasez generalizada de bienes y servicios de primera necesidad; el gobierno neototalitario presidido por Nicolás Maduro busca de silenciar las quejas de los ciudadanos, de someter a quien se atreva adversarlo políticamente y terminar de prohibir la libertad de expresión. ¿Pretenderá este régimen que los ciudadanos amen por decreto “la revolución”?
¿Volvemos al diálogo?
Venezuela lleva más de dieciocho años de desgobierno, el régimen instaurado desde 1999 se encargó de ir desmontando poco a poco los valores republicanos, concentrando el poder político exclusivamente para las filas de “la revolución”. En la acera del frente quedaron una serie de partidos políticos dando tropiezos tras tropiezos e intentando hacer oposición, sin presentar un proyecto de gobierno alternativo.
En la actualidad, en medio de una ilegitima Asamblea Nacional Constituyente instaurada, con un Tribunal Supremo de Justicia absolutamente parcializado y sin un Consejo Nacional Electoral transparente el margen de maniobra para hacer frente al neototalitarismo que gobierna el país es muy poco. Pensar en salidas electorales cuando no hay un juez justo, y en medio del inmenso ventajismo que posee el régimen es absurdo. Por ello en política no sería descabellado se buscara tender puentes para realizar un diálogo encaminado a generar un cambio político en el país si este es garantizado por la comunidad internacional.
El problema es que ese diálogo no puede ser uno más de los ya vividos, no se puede acudir a interactuar con un gobierno neototalitario en un proceso en el que no haya garantías y sin haber resuelto los problemas de liderazgo opositor que se han suscitado en los últimos tiempos. ¿Dónde quedó la reestructuración de la "unidad"? ¿Quién va a representar a los ciudadanos en esa mesa diálogo? ¿Con cuál legitimidad se sientan a dialogar y negociar el futuro de Venezuela? Todas esas interrogantes deberían estar claras antes de iniciar cualquier proceso.
Por supuesto que quien entienda de política debe comprender que los “diálogos” son parte del juego, el problema es que todas las experiencias recientes han sido muy negativas para el país, por ello para no generar suspicacias lo primero que debería suceder como mínimo es que los actores que se sienten en la mesa a interactuar en nombre de los ciudadanos deben estar investidos de legitimidad.
En Venezuela los ciudadanos no pueden seguir siendo considerados por los políticos de turno simplemente como “tontos útiles” a quienes se les busca para un evento electoral, la gente necesita respeto de quienes aspiran a representarlos en los cargos de gobierno. Se requiere un proceso de pedagogía que explique la necesidad del diálogo, las condiciones en las que este se va a dar y los límites y alcances del mismo, no hay porqué vender ilusiones sino hay bases reales para ellas, el país requiere urgentemente un cambio de gobierno, el chavismo no puede seguir presente en el ejecutivo nacional ¿El diálogo estará encaminado en ese sentido? Veremos…
¿Cómo parir una nueva clase política?
No cabe duda que cuando los sociólogos y politólogos estudien como un caso la crisis que vive Venezuela en esta era, deberán evaluar el papel que ha tenido la clase política que se dice adversar al gobierno. No solo por sus repetitivos errores, sino en muchas ocasiones por su complicidad en sostener el statu quo.
Ya a ese sector político no le basta el escudo de defensa discursivo de la “antipolítica”, argumento usado para referirse a todo aquello que critique la ineficiencia e ineficacia de la estrategia de la MUD durante estos años. Los últimos acontecimientos con el apaciguamiento de la presión de la calle y la decisión de participar en las elecciones regionales del pasado 15-O, desechando la opinión de los ciudadanos consultada en el plebiscito realizado el pasado mes de julio, dejó claro que esa agrupación no tiene una estrategia para cambiar el gobierno, por el contrario quedó evidenciado que partidos políticos como Acción Democrática tienen agenda propia, y que los otros partidos como Primero Justicia y Voluntad Popular no se atreven a realizar grandes cambios porque a estas alturas dudan cómo enfrentar a un régimen totalitario como el que gobierna Venezuela.
Ante esta crisis de liderazgo político ¿Qué deben hacer los ciudadanos? ¿Están destinados a esperar que surja un mesías que saque el país de esta debacle? La respuesta evidente debería ser un rotundo: “NO”, la sociedad civil debería organizarse y participar más activamente de las decisiones que definirán el rumbo que tome el país, los ciudadanos no pueden seguir siendo utilizados de un lado y del otro, incluso sectores como las universidades deberían comenzar a tener vos propia y usarla para plantear soluciones a esta abismal crisis en la que han sumergido a Venezuela. ¿Los empresarios que quedan no tienen nada que decir? Seguramente sí, es tiempo de que las fuerzas que desean un cambio de rumbo en el país se junten para que así surjan no solo las ideas sino los planes que las lleven a su ejecución. @edderferreira
Edder Ferreira Pérez