Venezuela se pregunta: ¿Y ahora qué?

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Una semana después de que se hubieran llevado acabo las elecciones regionales en Venezuela, en las cuales el partido del gobierno totalitarista presidido por Nicolás Maduro –una vez más– apoyado en un absolutamente parcializado Consejo Nacional Electoral logró imponerse con sus triquiñuelas en 18 de los 23 Estados. Los ciudadanos siguen desorientados por la incapacidad de reacción que ha mostrado el liderazgo opositor de la Mesa de la Unidad Democrática, al que pareciera lo hubieran sorprendido los resultados (muy a pesar de que muchas voces les advirtieron que el gobierno cometería fraude).
Sin duda una dirigencia seria hubiera realizado un análisis de los hechos acontecidos y como mínimo presentado ante sus electores las explicaciones respectivas, asumiendo las responsabilidades a las que hubiera lugar y consecuentemente presentado las renuncias por haber sido ineficaces e ineficientes en la consecución de los objetivos. Pero como ya es sabido si de algo carece la clase política de nuestro país es que “los lideres” nunca reconocen sus errores, jamás contemplan la renuncia como una consecuencia lógica a sus constantes metidas de pata, y por supuesto nunca vislumbran la posibilidad de echarse a un lado para darle paso a nuevos liderazgos que surjan dentro de sus propios partidos, movimientos políticos o sociedad civil.
El tiempo sigue pasando y los líderes de la MUD no han sido capaces de concretar una estrategia única que los lleve al poder político, siguen desconectados de la gente que ya no ve en ellos la esperanza de salir de este régimen. La exagerada inflación, la escasez generalizada y el bajo nivel adquisitivo de los ciudadanos están causando un desgaste significativo en la población que ha perdido la confianza en la clase política. No ven en ninguna parte una alternativa real al gobierno totalitarista de Nicolás maduro. Por todo esto es que los líderes comprometidos y responsables son lo que deberían estar trazando el camino y dando respuesta a la pregunta que se hacen los venezolanos: ¿Y ahora qué?

Diagnóstico errado = Correctivos inadecuados…

Si algo debe quedar claro es que el gobierno totalitarista de Venezuela, controlado por individuos implicados en la corrupción y el narcotráfico, no puede ser visto como un simple régimen socialista, es una corporación de mafias, por tanto un nuevo fenómeno que es más difícil de eliminar que si fuese solo una dictadura. La distinción es importante porque la lucha por recuperar la República y la democracia en Venezuela ha estado dominada por estrategias y paradigmas equivocados. Lo que se plantea en Venezuela no es solamente una pugna entre una sociedad que desea vivir en libertad bajo un régimen democrático y una élite que insiste en instaurar un modelo socialista.
El conflicto no es de ideologías, es una lucha entre la sociedad civil y un grupo de individuos que después de haber llegado el poder político a través de elecciones procedió a desmantelar las instituciones democráticas y a saquear sistemáticamente al Estado durante los últimos 18 años. Por ello es que los sectores de la oposición venezolana han estado diagnosticando mal la situación del país, y en consecuencia recetando correctivos inadecuados, como los fracasados intentos por convencer a través del diálogo al liderazgo chavista para que abandone el poder. Fue un craso error haber gastado tiempo y energía en pensar que el régimen permitiría la realización de un proceso electoral que culminaría en un cambio de gobierno en Venezuela.
Los venezolanos aún tenemos un camino muy duro por delante en la lucha por recuperar la democracia, pero no se podrán dar pasos si antes el liderazgo político que anhela ser alternativa no realiza una reflexión profunda, un diagnóstico correcto, para trazar unos objetivos y una estrategia única que vaya encaminada a un cambio político que concluya con la extinción del modelo neo-totalitarista que ha implementado el gobierno.

Urge presión internacional…

El país hace rato que vive bajo un neo-totalitarismo que sucumbió las instituciones de la República, eso ha quedado claro dentro y fuera de las fronteras. Ante este nuevo capítulo del golpe de Estado continuado, en el que, además, ha quedado evidenciado que la oposición democrática no puede sola, que no tiene cómo enfrentar a la mafia militar y delincuencial que se apropió del poder, a la comunidad democrática internacional lo que le corresponde es actuar, poner todo el peso del poder económico y diplomático para presionar al régimen a ceder espacios; por una parte, y dejar de forzar –abierta o disimuladamente como lo ha hecho hasta ahora– por un diálogo y una vía electoral sin condiciones previas que permitan garantizar el proceso.
No se puede seguir insistiendo en un diálogo en donde lo que se busque es legitimar al régimen y taparse los ojos ante la realidad de una crisis que sufren los ciudadanos cada día: Hambre, inflación, desempleo, escasez generalizada de alimentos y medicamentos, y un deprimente poder adquisitivo que consecuentemente están generando cada vez más un aumento de la pobreza extrema.
Las alarmas están sonando, Venezuela emite una señal de SOS para que la comunidad internacional pase del diagnóstico al “hacer”, hay que actuar ya, porque si algo queda claro en estos 18 años de “revolución chavista” es que el país siempre podrá estar peor. Porque hoy en Venezuela la única verdad absoluta es que mientras gobierne este régimen no hay posibilidad de cambio ya que como lo diría el gran escritor irlandés Oscar Wilde: “Las cosas son lo que son y serán lo que serán.” @edderferreira
Edder Ferreira