La ceguera ideológica

Eduardo Posada Carbó's picture

El giro internacional que ha tomado la discusión sobre la crisis venezolana en algunos círculos no deja de sorprender.

Lo que es a todas luces un atropello abierto contra las libertades y la democracia se convierte, desde ciertas perspectivas, en un debate entre derechas e izquierdas. Como anclados en el pasado. Sin aprender de las lecciones del trágico siglo XX.

La defensa de lo indefendible (el régimen político imperante en Venezuela) se basa en dos premisas, tan simples como falsas: que la legitimidad democrática reposa en el gobierno bolivariano y que la oposición es un nicho de fanáticos derechistas asociados a un complot del imperio.

“A lo largo de muchas elecciones”, ha escrito el intelectual portugués Boaventura de Souza Santos, el gobierno de la revolución bolivariana “durante los últimos 20 años, nunca ha dado señales de no respetar los resultados” (La Jornada, 28/7/17). ¿Nunca?

Para comenzar, tendría que repasarse la forma cuestionable como Chávez manipuló el proceso constituyente de 1999, que le permitió consolidar un poder hegemónico extraordinario. Habría que repasarse también el proceso del referendo revocatorio en 2004. Y las respuestas de Chávez ante ciertas derrotas, como cuando creó una alcaldía paralela en Caracas tras el triunfo electoral de la oposición.

“Respetar los resultados” parece, pues, una noción bastante relativa. Que excluye además las condiciones en que se celebraron muchos procesos electorales –con el Consejo Nacional Electoral (CNE), dominado por fieles chavistas, y con una prensa estrangulada por el régimen–.

Aceptemos en gracia de discusión, sin embargo, que Chávez respetaba los resultados electorales. Desde la llegada de Maduro al poder, la aseveración de Souza Santos es insostenible.

El origen de esta crisis se debe a la falta de reconocimiento de la derrota electoral del 2015, cuando la oposición conquistó las mayorías del Legislativo. Primero, el régimen descalificó a varios diputados. Después le privó de funciones. Ahora quiere desplazarlo del todo. ¿Esto se llama “respetar resultados”?

Maduro tampoco respetó el proceso del referendo revocatorio, dispuesto por la misma constitución chavista –herramienta que hubiera facilitado una salida democrática de la crisis–. Ni respetó el calendario electoral cuando sus aliados en el CNE aplazaron las elecciones regionales en diciembre. El número de mandatarios locales elegidos por la oposición y perseguidos por el régimen crece.

Cualquier fachada democrática ha desaparecido con la constituyente corporativista que se ha impuesto de manera dictatorial en Venezuela.

Es, así mismo, falso y simple identificar a la oposición con un complot neoliberal de la derecha imperial.

Si algo caracteriza a la oposición venezolana es su diversidad –tanta que no hay líder indiscutible–. Enriquecida desde hace tiempo por disidentes chavistas, la fiscal general Luisa Ortega es apenas la más destacada recientemente. Con otros importantes miembros provenientes de la izquierda, como Teodoro Petkoff, cuyo periódico, Tal Cual, ha sido perseguido por el régimen.

Y los protagonistas centrales de las protestas callejeras son en su mayoría jóvenes, casi nacidos al tiempo con la revolución bolivariana –allí está la figura simbólica de Wuilly Arteaga, violinista del Sistema de Orquestas–.

Por supuesto que las torpes e indebidas amenazas de Trump de una “intervención militar” de Estados Unidos en Venezuela solo sirven para reforzar las posiciones de quienes siguen defendiendo lo indefendible.

Importa superar el debate trasnochado de izquierdas y derechas frente a la dictadura. En Venezuela se juega el futuro democrático de la región.
Eduardo Posada Carbó

Fuente: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/eduardo-posada-carbo/la-cegu...