¿Una líder para la transición?

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Venezuela “no es un Estado de derecho, es un Estado policial”; “el procedimiento de convocatoria a la constituyente es totalmente inconstitucional”, “se está cerrando la última puerta que queda de la democracia”, la decisión del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de asumir las funciones del parlamento fue “una ruptura del orden constitucional”, en el país hay “terrorismo de Estado”.

No son palabras de la oposición. Ni de Luis Almagro, el secretario general de la OEA. Ni de funcionarios de los Estados Unidos. Aquellas son las denuncias de Luisa Ortega Díaz, fiscal general de Venezuela, reelegida por la Asamblea Nacional cuando aún era controlada por el chavismo, en el 2014. Hoy se ha convertido en la piedra en el zapato del régimen.

“Chavista originaria”, según El Nacional, diario de oposición. Un perfil publicado en El Comercio de Lima la retrata como “cercana a Chávez desde su campaña presidencial de 1998”. Ingresó en el 2002 al Ministerio Público, desde donde tomó decisiones que afectaron a la oposición. Otros tiempos.

Ahora Ortega Díaz simboliza las serias fracturas del chavismo bajo el gobierno de Maduro. Algunos comienzan a llamarla la "heroína" o "suerte de ídolo de la oposición". Algo exagerado. Muchos en la oposición no le perdonan quizás sus anteriores actuaciones. Pero un informe de la BBC sobre Ortega Díaz fue reproducido en El Nacional bajo el título ‘La voz del Estado más crítica con el Gobierno’. Según El País de España, la fiscal general tiene en jaque a Maduro.

Ortega Díaz se ha vuelto el blanco de ataques de los maduristas. “Traidora” la ha llamado Diosdado Cabello, uno de los hombres fuertes del régimen, presidente de la Asamblea Nacional que la eligió fiscal. Está en “preaviso”, advirtió en tono amenazante la ministra de Servicios Penitenciarios: acusó a Ortega de ser responsable de la impunidad en Venezuela. Sufre de “insania mental”, expresó Pedro Carreño, diputado gobiernista.

De los insultos y amenazas, a la acción. Carreño ha solicitado al TSJ la remoción de Ortega, así como que sea llamada a “juicio” por “violar, amenazar o menoscabar los principios fundamentales establecidos en la Constitución”. Por lo pronto, esta semana el TSJ ha decidido transferir al Defensor del Pueblo competencias de la Fiscalía.

Fue precisamente una acción similar (el traspaso de funciones de la opositora Asamblea Nacional a un órgano del poder cercano al Ejecutivo, en este caso el mismo TSJ) lo que motivó las primeras declaraciones disidentes de Ortega Díaz, a fines de marzo pasado. La usurpación del Legislativo por los magistrados fue considerada una especie de "golpe de Estado". Y desató una nueva ola de protestas ininterrumpidas en los últimos tres meses.

Los condenables ataques desde un helicóptero a la sede del Supremo de Justicia esta semana ponen de manifiesto, una vez más, lo que muchos auguran como la salida de la crisis venezolana: una intervención militar. El presidente Maduro ha enrarecido más la atmósfera con sus amenazas de “pasar al combate” para defender la “revolución bolivariana”: “lo que no se pudo con votos lo haríamos con las armas”.

¿No es acaso eso lo que están haciendo las milicias, armadas por el mismo Gobierno, y los militares que parecen haber capturado al Estado venezolano? Una de las nefastas herencias de Chávez fue la politización del ejército y la militarización de sectores de la sociedad.

“Yo llamo al país a mantenerse apegado a la Constitución y a la ley”, ha dicho Luisa Ortega Díaz. Urge una pronta salida constitucional. Chavismo y oposición deben llegar a un arreglo. Y la fiscal general ha surgido como la interlocutora del momento.
Eduardo Posada Carbó

Fuente: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/eduardo-posada-carbo/una-lid...