Lucha de poder entre avispas

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En el ámbito político, el sólo anuncio de elecciones es suficiente para que se produzca un sinnúmero de reacciones similares a lo que sucede en un panal de avispas ponzoñosas, cuando un niño travieso lo golpea y provoca una estampida en masa de centenares de esos animales voladores dispuestos a cobrar la osadía humana de la agresión. De lo que se trata, es de picar. Y si es de hacerlo muchas veces, mejor todavía.

En la africanizada Venezuela, por ejemplo, cuando hace pocos días, atendiendo a la decisión de la ilegítima Asamblea Comunal, el Consejo Nacional Electoral anunció que, finalmente, habría elección de Gobernadores el 15 de octubre, de inmediato, saltaron las avispas. No a cobrarle a quien hizo el anuncio. Sí a pelearse nominaciones para alcanzar la meta de las candidaturas, en respuesta a la carrera que representa la posibilidad de ser Gobernador o Gobernadora. Pero no necesariamente en respuesta a la presentación de las condiciones y ventajas comparativas para disputar el puesto de mando. Porque en este caso, de lo que se trata es de lucir alas, patas y ponzoñas para satisfacción de quienes dirigen los partidos políticos, que equivale a una especie de bendición de la selectividad para poder competir; a quién pican.

Por supuesto, saber picar no necesariamente equivale a una garantía de poder gozar de esa bendición. Porque, de hecho, a las avispas solitarias o independientes que no sean del panal -y que en el caso venezolano es sinónimo de Mesa de la Unidad Democrática- la posibilidad de competir, incluso en obediencia casi celestial de lo que significa devotamente democrático, no es posible alcanzar posibilidades competitivas de ninguna naturaleza.

Inclusive, aun formando parte del citado panal, eso no se traduce en la posibilidad de que las avispas comprometidas puedan entrar al terreno de lo posible. No. Y el motivo es que en el grupo que todo lo ve, califica y hasta pudiera identificar como viable para la bendición, están de por medio, además, 26 grupos de avispas trabajadoras con su respectivo grupo de dirigentes en cada uno. Pero al final del proceso selectivo, únicamente podrán competir las de los 5 grupos amigos de una especie de combinación entre “cacicado” y caudillismo, al mejor estilo de un producto de la revolución de las reformas de mediados de la década de los treinta en el Siglo XIX. ¿Y los demás?: buenos para todo; útiles para nada, si es que la nada importa. Porque todo se traduce en trabajar, hacer bulto y, dependiendo de habilidades, obtener -tal vez- un poquito de miel. Mejor dicho, pasar a tapar cualquier hueco burocrático entre tantos que existen en las colmenas.

Si a alguna avispa del panal se le ocurriera exhibir atisbos de rebeldía y atreverse a dar pasos independientes, hasta llegar a competir validando alternativas de posible triunfo, será acusada de divisionista; enemiga de la unidad y hasta tildada de cucaracha disfrazada de avispa. Perseverar tercamente entre las alternativas que ofrecen las polarizaciones extremas, además, también pudiera traducirse en lo peor de lo peor: ser triturada por las expresiones organizadas de los grupos dominantes, y que en estos casos funcionan como fuerzas para la alternabilidad destructiva de las expresiones emergentes de la propia sociedad civil.

Al ser escogidas oficialmente las avispas competidoras, se olvidan de lo destruida y arruinada que está la colmena. También que la avispa Reina y sus preferidas, ya con 19 años en el poder, están destruyendo la colmena. Y que en lugar de ocuparse todos en trabajar para cambiar a la Reina y a su grupo, e instaurar el orden y reconstrucción de la colmena, su dedicación se circunscribe a un exquisito interés. Interés que no es otro que el de ser electos; llegar a una frágil cima para ofrecer lo que no tienen, lo que no hay. Sembrar promesas que nunca cumplirán, indistintamente de que el incumplimiento se traduzca en frustraciones colectivas.

Las avispas amigas de la Reina y de su único grupo, no perdieron tiempo y nombraron sus candidatas a la calladita. Lo hicieron a puerta cerrada y sin que nadie chistara para no ser acusadas de traidoras y salta talanqueras. Las avispas opositoras, por su parte, realizaron una escogencia apoyadas en la propuesta y oferta de un acto democrático. Sin embargo, nadie pudo entender a qué se debió que sólo las de las 5-G fueran electas candidatas.

Toda una realidad con su carga de rasgos lamentables y patéticos, identificados por el hecho de que la gran mayoría de las avispas de la colmena no les prestó atención a la escogencia en el proceso de las primarias. Al extremo de que, ante el llamado a participar, sólo lo hizo un pequeño grupo de avispas locas. En tan poca cantidad que se convirtió en ejemplo convincente de una situación que, por igual, preocupa a los dos grupos competidores. Porque quedó demostrado que la colmena, en su mayoría, no quiere a las avispas de ninguno de los dos grupos competidores. Asimismo, que lo único que ansía es reconstruir la colmena íntegramente; no prestarse a un casuístico intercambio de avispas con las mismas reglas y vicios. Y, mucho menos, permitir que un batallón de cigarrones gordos y ricos, sometan a la colmena con el uso de armas.

En la colmena, predomina una inobjetable situación: quieren avispas nuevas, sanas, con nuevas ideas, bien formadas y, por sobre todas las cosas, con unas nuevas reglas sobre la manera de gobernar. Reglas justas, democráticas y de obligatorio acatamiento y cumplimiento. De igual manera, que le quiten facultades y atribuciones a las avispas Reinas, para no permitirles que se conviertan en Dictadoras. Y que se estructuren varios grupos de poderes autónomos, capaces de garantizar un verdadero equilibrio en el ejercicio del poder.

Ya las avispas saben que esto únicamente se puede lograr con un proceso Constituyente originario, democrático y apegado a la ley. Es la manera de poder reformar y reestructurar todo desde las bases. Esto se le propuso a las avispas de la unidad democrática y a las avispas de la Asamblea. Pero es evidente que no entendieron el alcance de la propuesta. 0 que, en su defecto, desestimaron la oportunidad política e histórica de actuar con la vista puesta en el futuro, para facilitarle a la otra parte de la polarización aquello que convirtieron en oportunidad.

Es así como las más audaces del grupo de la Reina avispa, montan rápidamente una Constituyente chucuta a la brava y sin consultarles a todas las avispas de la colmena. Luego pasan a nombrar amañadamente sólo a las de su grupo como avispas constituyentistas, desvirtúan el proceso, y se lanzan en una jugada atrevida para ganar tiempo y, hasta donde las condiciones se lo permitían, adueñarse de la colmena en su totalidad.

La colmena, sin embargo, ha terminado siendo aquello en lo que debía convertirse: en un desastre. Porque las avispas constituyentistas se creen las dueñas del patio. Olvidaron las condiciones como fueron escogidas; el mecanismo de selección; el procedimiento de la llamada elección. Y, por si fuera poco, decidieron autocalificarse suprainstitucional, cuando su única función es la de sugerir y presentar un plan de reestructuración de la colmena y someterlo a consulta, para que todas las avispas lo aprueben o no. Dedicarse a funcionar como un tribunal de alzada y funcionar como una fuerza arbitraria para anular avispas disidentes o supuestamente traidoras, se le convirtió en un recurso efectista de poca vida y que ahora sólo le presenta como un simple Tribunal Disciplinario.

Todo este nuevo desorden en la administración de otra cuota de poder se ha traducido en protestas dentro y fuera del espacio de mando. Además, se ha convertido en un motivo de gran fuerza para identificar responsables y responsabilidades relacionadas con peleas, avispas muertas y heridas; con las verdaderas razones por las que más de 2 millones de avispas se han visto obligadas a huir para otras colmenas.

Y la consecuencia ha sido el fortalecimiento irreversible de un gran malestar en la región. Al extremo de que más de 60 colmenas -y entre ellas algunas muy grandes y fuertes que se ha visto afectadas- han difundido quejas, desconocido a las avispas constituyentistas y a su Reina, además de acusarlas de haber cometido delitos y violando “derechos avíspicos”. Incluso, de haber movilizado azúcar -y no miel entre los panales- lo cual se ha convertido en causa para que, en nombre de la necesaria restauración del orden, varias colmenas vecinas estén amenazado hasta con invadir la colmena, al considerar que su comportamiento sí constituye una amenaza para todas ellas.

Ya en la colmena hay un gran grupo de avispas sin ponzoña, organizadas, que viene trabajando seriamente en un proceso Constituyente y en un Proyecto País como único camino legítimo, Constitucional, democrático y originario. Sus promotores consideran que es la única opción para salvar y reconstruir la colmena. Ellos, durante años, han revisado y estudiado todas las celdas de la colmena, sus estructuras y todos los procesos de operación necesarios para llevarla al éxito. Y, a partir de la sectorización, lo harán creando formas de distribuir el poder y las atribuciones de una manera equitativa, para evitar abusos, como para imponer justicia, orden y eficiencia.

Este grupo de avispas denominadas Alianza Nacional Constituyente, y que ya están repartidas por toda la colmena estudiando y organizando la propuesta, únicamente, están esperando que los dos grupos, es decir, el que conforma las emponzoñadas de la Reina, como el de la unidad democrática, y siempre en unión de la mayoría de las avispas de la colmena, generen una respuesta real que se traduzca en efectos positivos.

Dichas avispas argumentan estar cansadas de peleaderas, de culto al egoísmo, de insultos y de competencias exacerbadas alrededor de ambiciones desmedidas. Pero, además, que si apuestan hoy por un camino racional de entendimientos, es también obedeciendo a la posibilidad verdadera de tener una gran colmena con abundante miel y felicidad.

Que entiendan que no hay diálogo que se traduzca en efectos positivos, si no se deponen los individualismos que insisten en sobreponerse por sobre lo obvio: la construcción de una gran colmena que permita vivir en paz y en abundancia. Porque sólo así, únicamente así, y a partir de allí, es como se puede invitar a todas las avispas que se fueron de la colmena, para que regresen a su bello panal, Venezuela.
Egildo Luján Nava
Coordinador Nacional de Independientes Por el Progreso (IPP)

Cuando las avispas pierden la colmena, quedan a merced de los pájaros” (Pensamiento de una avispa asustada)