Quien Reparte y Comparte...

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Formato del Futuro… Muerto Hugo Chávez Frías, uno de sus adláteres confesó públicamente que había desaparecido aquel que –palabras más, palabras menos- se ocupaba de mantener la recta conducta de sus seguidores, especialmente de los más allegados o cercanos al susodicho.

Es decir, a partir de entonces, el orden era un accidente; la disciplina una posibilidad; el comportamiento ajustado a las normas, una deferencia social; el respeto y acatamiento del estado de derecho un gesto, giño o simulacro. Pero cumplimiento civilizado, jamás.

¿Alguien duda de la seria y honrosa confesión hecha en esa ocasión, y a partir de la cual ha sucedido lo que más de treinta millones de ciudadanos han visto, vivido y hasta sufrido?

Lo cierto es que cuando el 2017 ha cubierto ya su 50%, y se apresta a entrarle de lleno a los restantes seis meses del año en curso, la imagen del difunto emerge de nuevo como símbolo de un reclamo político, social e histórico. Y lo usan como estandarte aquellos que hoy no dudan de que poco menos de 4 años han sido suficientes para que los herederos, con su administrador del legado a la cabeza, hayan convencido al resto de los venezolanos en qué consistía su disciplina mientras vivía el “amo” del sueño transformador. Porque lo que sí es innegable, es que, ausente aquel que los “obligaba” a comportarse civilizadamente en el mundo de la política, sus ¿ungidos?, si acaso, serán recordados como sepultureros de lo que llaman “chavismo”. Nunca como dignos transformadores del país; mucho menos de ejemplo de reivindicación vertical y transparente de los “derechos del pueblo”; imposible redentores de las causas de los desposeídos.

Desde luego, es ese el dilema al que se enfrenta lo que queda de aquello que a partir de 1992 se convirtió en una esperanza para muchos. Y que hoy, definitivamente, no puede hacer nada más que simular una unidad de peso en el presente y con fuerza para el futuro, como último recurso para evitar, impedir, de la manera que sea, que la marea de la frustración y de la decepción les arrastre. Sobre todo de la misma manera que el colapso económico, social, moral y cultural que provocaron y profundizaron con sus equívocos, está sembrando rabia, odio y resentimientos en contra suya.

Hoy sólo ellos creen que lo están logrando. Y lo están cacareando a partir del ingenuo convencimiento de que con discursos, arengas, impresión de dinero inorgánico para aliviar hambre y circo de entrada libre, amén de acciones represivas en contra de una población que reclama libertad, democracia y derechos ciudadanos, mañana podrán honrar históricamente al difunto. Sólo a él, porque ellos, definitivamente, prefieren pasar “agachados”, antes que comprometidos con la inevitable sanción que les tienen reservada la historia y la justicia nacional e internacional.

Desde luego, creer en ese logro, definitivamente, es un patrimonio; un recurso útil para la segura puja que debe estar presente de manera constante entre los individuos y grupos que, en ausencia de Hugo Chávez Frías, se sienten líderes, jefes de tendencias, amos de conductas, propietarios de decisiones inminentes. Incluso, para determinar “cuántos de los míos” deben ir en el aquelarre de la Asamblea Constituyente Comunal. Pero, además, cuántos de los 300.000 cargos burocráticos que surgirán del alumbramiento posterior al dictamen de Tibisay el 30 de julio en tempranas horas de la noche y no de la madrugada, pasarán a estar bajo “mi control”. Porque hay que distribuir; hay que repartir y, sin duda alguna, también hay que compartir.

Sólo que en cualquier acto que se realice para convertir en hecho una distribución que nazca de allí, tiene un inconveniente y muy serio: nunca deja conforme a nadie; jamás satisface a mitómanos; es un no puede ser para los ególatras; lleva implícita la necesaria utilidad del pragmatismo político que, en la mayoría de los casos, se traduce en la necesidad de preservar jefaturas, aun cuando hayan sido mantenidas en el medio de un total rechazo -¿o desprecio?- colectivo.

Aquellos que hoy se ocupan obsesivamente de hacerle creer a la sociedad que aquí todo ésta listo, y que ya fue engendrada la vigésimo octava Constitución de Venezuela, llevando implícitos los ya promovidos descabezamientos de traidores, enemigos, contrarios, sospechosos, opositores, pelucones, apátridas, “pitiyankis”, derechistas, realistas, entre otros, en efecto, pudieran estar en lo cierto. Pero no en lo seguro; en lo confiable.

Porque no estando presente el difunto, y apelándose solamente al recurso de “tenemos que estar unidos para salvarnos todos”, sin duda alguna, no es suficiente. Mucho menos cuando la Venezuela de la espada y de la chequera que camina por América Latina, si hoy tiene un espacio más allá de su ámbito geográfico, es la de un país también moralmente arruinado, comprometido con la urgente necesidad de cuantificar el volumen que está dispuesto a pagar precisamente como parte de América Latina y del resto del mundo, después del arrebatazo a la Constitución y a la democracia civil.

Además, entre los que reparten y comparten ¿existe plena seguridad de que la “hermana Cuba”, ahora obligada a adelantar la transición gubernamental que debía darse a mediados del 2018 por los serios problemas de salud de Raúl, pudiera estar dispuesta a servirle de soporte político internacional al circo venezolano, apoyándose solamente en los respaldos de los “hermanos Evo y Daniel”?. Todo es posible.

Sin embargo, por lo pronto, las otras hermandades, es decir, las de China, Rusia e Irán, y consideradas determinantes en las jugadas económicas que, de hecho, ya están convertidas en áreas de atracción, parecieran no estar muy dispuestas a verse involucradas en eso de la repartidera. Porque, después de todo, lo suyo no es precisamente optar por un ministerio, gobernación o alcaldía. Quizás, sí, sacarle provecho a lo que pudiera ser lo “nuevo”, después del 30J. Aunque eso también hay que relacionarlo con lo que surja de la nueva repartición, en la que, desde luego, siempre va a estar presente la voz –y aspiraciones- de los Estados Unidos.
Egildo Luján Nava
Coordinador Nacional de Independientes Por el Progreso(IPP)

“Todos los estafadores del mundo son nada comparados con los que se engañan a sí mismos”. (Charles Dickens)