¿Ser o no ser? ¿Votar o no votar?

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Los ciudadanos venezolanos que afirman tener a su alcance legal la posibilidad de votar en su país, se plantean, sin embargo, si es o no procedente hacerlo. También por qué y para qué. Y la respuesta que cada quien se da, es casi la misma: cual sea la decisión final, el hecho es que a los votantes les llegó el momento de amarrarse bien los pantalones. Porque, con medias tintas y pasos en falso, no es posible sacar a la nación de la tragedia que vive y que insiste en abrirle brechas a las complicaciones.

Ya lo relevante e importante no es que la gente esté cansada de protestar y de denunciar; tampoco de acusar y de demostrar abusos y atropellos. Inclusive, de poner al alcance de todos la prueba de que en Venezuela hay hambre y ruina, además de atropellos. Por el contrario, la población está consciente de la gravísima situación del país; y eso incluye el doloroso hecho de que ya se calcula que 1/6 de la población se fue del sitio en donde vino al mundo, en procura de mejores oportunidades individuales y familiares, y hasta profesionales, en muchos casos.

En fin, los retos son innumerables y cada uno más exigente que el otro, como el comprometedor planteamiento de que hay que decidir entre querer ser venezolanos o no. ¿Y llega hasta allí?. Sí. Porque las demandas de los hechos ponen sobre el tapete la exigente precisión relacionada con el exhorto a demostrar si hay disposición a defender la Patria, o si, por el contrario, se continúa aceptando sumisamente la libre e impune violación de los derechos ciudadanos, a la vez que la diáspora sigue su trabajo de mermar el volumen poblacional. En todo caso, la historia es rica y valiosa para ofrecer ejemplos que hagan posible la necesaria ayuda dirigida a lo impostergable: a decidir.

Sin duda alguna, el caso referencial que tienen todos los latinoamericanos al alcance de sus manos, es el que se suscitó hace 60 años en Cuba. Entonces, se presentó una situación como la venezolana, atada a lo que se dijo entonces que era una "revolución" o un proceso político dirigido a reivindicar los derechos del pueblo.

0tros han sido los casos emblemáticos en distintas partes del mundo. Pero ya no en coincidencia con sus motivaciones, sino con su conclusión o sustitución Esta ha demostrado, una y otra vez, que ninguna de las citadas “revoluciones” ha sido reemplazada en el ejercicio del poder por la vía democrática. Sin excepción, han sido sustituidas entre convulsiones sociales, mucho dolor y dejando al país entre ruinas y destrucción.

El caso Venezuela ya es hoy un tema de preocupación mundial. Forma parte de las agendas de países y gobiernos vecinos. Figura en el grupo de naciones capaz de saberse involucrar en las diatriba política de poderosas naciones; entre situaciones que ubican al país fuera de su contexto, para hacerse sentir en el complejo mundo político internacional. En muchos casos, lo hace asumiendo altos costos económicos y sociales que después, como siempre sucede en circunstancias parecidas, las imputa tranquilamente a su población.

Es verdad, a nivel bélico, el país sólo califica como componente de las ligas menores. No obstante, ante esa aparente debilidad, apela a las ventajas de su posición geográfica estratégica, mientras presume de su importante utilidad para ser utilizada como cabeza de playa, para cualquier potencia o grupo de ellas interesadas en utilizarla como punto de penetración y de avanzada en el continente americano.

Los venezolanos han tenido y vivido múltiples desencuentros histórico internos, graves y con pérdida de muchas vidas. Eso ha sucedido en cruentas luchas, como en batallas épicas concebidas para alcanzar su libertad e independencia, también fuera de las fronteras liberando a países que luego pasaron a integrar la hermandad regional. Y eso, como era de esperar, ha hecho posible la formación de un arraigado concepto de venezolanidad, que su ciudadanía ha honrado con orgullo, además de un patrimonio lo suficientemente indiscutible, como para ser firmes creyentes en la democracia, en la justicia y en el respeto ciudadano.

No obstante, no son compatibles estos antecedentes con el presente nacional.

Porque Venezuela, innegablemente, vive una situación engorrosa y complicada. Tanto -y de tal magnitud- como para que los países vecinos se sienten afectados por la migración en masa de connacionales, invadiendo sus fronteras, y creándoles dramáticos problemas económicos y sociales. Para dichas naciones, el cuadro es dramático: hambre y escasez, además de una permanente afectación de poblaciones enteras, que hoy sienten y viven el deterioro acelerado de su calidad de vida de su población. Tal es la dimensión de lo que está planteado, especialmente en las zonas fronterizas, que las encuestas locales arrojan en sus múltiples sondeos que más del 80 % de sus ciudadanos alegan sentirse mal, con perspectivas para avanzar hacia peores situaciones. Mientras tanto, los venezolanos, forzados a estar allí y en esas condiciones, argumentan que la razón de su permanencia en rol de invasores, es provocado por su actual Gobierno, el gran promotor y dinamizador de la crisis venezolana.

Este cuadro, definitivamente trágico y dantesco, ha generado como consecuencia un repudio general al gobierno venezolano, Y lo ha hecho sentir una gran parte de las naciones vecinas, como las organizaciones internacionales responsables de hacerle seguimiento. Algunas de las primeras han propuesto y hasta adoptado sanciones directamente a personeros oficiales y al propio Estado, en ciertas circunstancias. Las otras, mientras tanto, apuestan por la posibilidad de que el país sede de la dura realidad, que incluye la violenta expansión de la violencia humana que significa la escasez de alimentos y de medicinas, abogan por comprensión y aceptación gubernamental. No obstante, la resistencia gubernamental venezolana a admitir dichas posibilidades, es la obvia causa que, en el fondo, flexibiliza el tratamiento a la migración, que comienza a ser calificada de refugiados políticos.

Recientemente, el legítimo Tribunal Supremo de Justicia con sede accidental en el exterior, aceptó de la Fiscal General de la Republica en el exilio una demanda penal contra el Presidente de la Republica. También le solicitó a la Asamblea Nacional la autorización de acuerdo para que, con base en la vigente Constitución de la República, se procediera a enjuiciar al Jefe de Estado por haber sido señalado como beneficiario de supuestos delitos relacionados con los pagos efectuados por la compañía brasileña Odebrech a varios funcionarios en distintos países, con el fin de favorecerlos por autorizar la ejecución de obras y, en ciertos casos, para compensarles con beneficios adicionales relacionados con lucrativos contratos.

De favorecer la Asamblea Nacional la autorización del citado juicio, el Tribunal ordenaría la detención del Presidente de la Republica y la separación inmediata del cargo. Para quienes le hacen seguimiento y evaluación política a lo que está planteado, ante dicha situación, procede el peso del refranero, por aquello de que "del dicho al hecho hay mucho trecho". No obstante, se abrigan expectativas alrededor de los alcances ciertos de que ante dicha situación, el tiempo hablará y ofrecerá los resultados que correspondan para que se haga presente algún resultado.

Lo cierto es que todas estas circunstancias han creado una gran desconfianza, temores y angustias en la ciudadanía que está dispuesta a votar. Porque lo sorprendente es que se insista en celebrar unos comicios presidenciales el venidero 20 de mayo, a sabiendas de que se estaría en presencia de un evento electoral que, a poco menos de 30 días de su celebración, no termina de liberarse de las dudas predominantes en torno a la figura de un competidor, en este caso, de quien opta por una reelección.

Las encuestas revelan que la mayoría se abstendrá de votar, y que asumirá dicha actitud por dudar del ente electoral, como de la pulcritud del proceso, incluyendo sus resultados. Adicionalmente, un respetable número de países también ha dicho que desconoce el evento, no acepta anticipadamente los resultados y, por lo tanto, no reconocerá los resultados reeleccionistas, al calificarlo de fraudulento.

Y ante ese patético escenario que sobrecarga tales comicios de incertidumbre, por supuesto, no pareciera propicio realizar un evento electoral en el que, además, se dan cita candidatos de oposición impedidos oficialmente de concurrir como tal, al igual que aparecen ausentes los principales partidos opositores, excluidos por los más inverosímiles argumentos.

La curiosa intención legitimadora de la reelección, sin duda alguna, no conduce a ningún resultado que reafirme la seriedad del procedimiento. Y su primera fragilidad está relacionada con el sistema que se empleó desde las instancias oficiales, para que fuera la Asamblea Nacional Constituyente la que adoptara una decisión que no le correspondía constitucionalmente.

Lo que ya se considera imperativo, además de recomendable, es que se proceda a posponer tales elecciones y a, como dé lugar, crear las condiciones para que se dé un nuevo diálogo, con bases y fundamentos que ofrezcan garantías de seriedad, respeto y cumplimiento a las partes.

Forzar la barra y tratar de avanzar sobre impedimentos, definitivamente, no va a conducir a otro resultado que no sea el agravamiento del presente venezolano. Sí es posible dialogar, pero no a partir de la participación de cazadores de oportunidades para capitalizar beneficios. Lo que se necesita, es la participación de ciudadanos altamente reconocidos, capacitados, imparciales y de limpia trayectoria, dignos representantes de la sociedad civil.

De no ser así, entonces, la única salida pacífica, unificadora, justa y posible sería recurrir a una consulta al soberano, como único y legítimo dueño y mandante, de cómo los venezolanos deben echar las bases para definir la manera y destino nacional. Sería una consulta que se realice bajo la tutela de entes internacionales, rectores universitarios y representantes de las Iglesias.

Ante el tenso y difícil momento por el que atraviesa Venezuela, hasta quienes se dedican a la astrología se atreven a sugerir que, en vista de que se está saliendo de Mercurio retrogrado, período que imposibilita acercamientos y comunicaciones en condiciones armoniosas, por lo que se hacen presentes convulsiones, desencuentros, hay que saber actuar ante un nuevo período de cambios que se hace presente.

¿Es para creer y hacerlo valer?. Quizás. No abundan los convictos y confesos en torno a semejante posibilidad. Incluso, otros prefieren deslindarse y expresan que son escépticos y que no creen en estas cosas. Ahora, lo cierto es que “de que vuelan, vuelan”. También de que mientras más se apuesta a mayor conflictividad, más se acerca Venezuela a la necesidad de depender de la incidencia e influencia externa, para acercarse a las luces que, por momento, tienden a ocultarse.
Egildo Luján Nava

Coordinador Nacional de Independientes Por el Progreso (IPP)