El Libertador y la anciana

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"Dicen que en aquellos caminos una anciana reconoció al General Bolívar que cabalgaba incógnito por los caminos de Colombia, su sueño. La viejita le dijo, luego de besarle las manos y acariciar a la mula: "General, General, Bolívar, cuídate niño", y le dio una cadenita con un dije del pez de los cristianos primitivos. Los escoltas se rieron con discreción para no herir a la abuela. Al finalizar la jornada, en el campamento, todavía hablaban del regalo de la anciana y contaban chistes. Bolívar, abandonando su hamaca, los arengó: "el pez, regalo de la viejita, es una enseñanza que brota de las entrañas de la sabiduría de los humildes, viene desde la resistencia de los cristianos primitivos, los macabeos, los zelotes. Y esa sabiduría hay que saberla leer, aún en la oscuridad. Nos decía la anciana que más importante que la espada, más importante que lo material, es el espíritu, la conciencia, el amor a la causa, ojalá tengamos esto siempre presente en los pueblos y gobiernos de Colombia. Ese regalo es para mí más importante que la espada, con ese regalo cruzaremos los Andes y triunfaremos en esta guerra".

Esta historia la oímos de unos niños que venden, lo que dicen, son réplicas de aquella cadenita del Libertador.

Todo el camino de regreso discutíamos qué escribir en el próximo texto, cómo contar esta historia, cómo relacionarla con el momento que vivimos. Y pensamos (era inevitable) en el Comandante Chávez, en su prédica Bolivariana, en sus usurpadores. Y creímos que este cuento podría ayudar a superar esta encrucijada. Mientras tanto, la situación de hoy nos golpeaba el pensamiento y el corazón:

"La penumbra ya casi concluye su labor fatídica, nos cubre con su manto de inercia. Los que ayer no hablaron, hoy balbucean ante la avalancha oscura. Los poetas de ayer devinieron detectives de lo mezquino, los líderes callan o crían conejos y pimentones. La masa estalló en mil mezquindades, sin vanguardia, sin rumbo, sobrevivir, arrancar, arrebatar es su día".

"Los tontos del gobierno creen que el problema es de yuanes o de dólares, de precios del excremento del diablo, de comprar afectos, caricias de meretriz. Se perdió la virilidad de los dirigentes, ya comienzan a llorar en los rincones de los palacetes.

"Es la hora de los locos, la sensatez no consigue romper el cerco de la infamia, sólo un latigazo, un corrientazo, un grito inoportuno, un escrito de quien no se espera, una renuncia a tiempo. Sólo así se podrá rescatar la cura del mal que padece la Patria, sólo esa medicina nos devolverá la autoestima, las razones para vivir, las grandes tareas y la fuerza para construir mundos.

"No hay un Chávez, eso lo sabemos, pero a falta de uno es necesario la unidad de muchos: reúnanse los líderes, no los nombramos para evitar su padecimiento, algunos quedan, vayan al Samán de Güere, beban la virilidad que allí dejaron los ángeles, los ungidos. Y regresen con la buena nueva de que no todo está perdido, hay todavía corazones dispuestos a expulsar los mercaderes.

"¿Es que vamos a dejar perder lo que avanzamos con Chávez, en humanismo, en fraternidad, en grandeza, eso lo vamos a cambiar por unas cajas destempladas, por vencer a Ramos o a Borges en batallas bufas?¿Vamos a medir la lealtad según las toneladas que llegan a la Guaira, o vamos a cruzar los Andes tantas veces como sea necesario?"
Toby Valderrama y Antonio Aponte

Fuente: http://elaradoyelmar.blogspot.com