Los tribunales franceses condenan a un enriquecido político africano

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"Teodorín" Obiang tiene 48 años. Es hijo del presidente de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema, y es, además, vice-presidente de ese país, en lo que es realmente un ejemplo increíble de nepotismo.

Acaba de ser condenado por un tribunal francés por abuso de bienes sociales; lavado de dinero; abuso de confianza y corrupción, a tres años de prisión en suspenso y 30 millones de euros de indemnización, también en suspenso. Esto es por haber conformado, en Francia, un patrimonio muy significativo, considerado de origen ilegal, que fuera en su momento adquirido por Teodorín a través sociedades “pantalla” y de distintos “prestanombres” y que incluía nada menos que dieciocho vehículos de lujo, motocicletas, obras de arte, joyas, y ropa de marca de precios elevados.

En Francia, una condena en suspenso no se materializa si el condenado no recibe otra condena penal en un lapso de cinco años.

El tribunal galo actuante le confiscó, asimismo, una suntuosa casa -de unos 2.900 metros cuadrados- en plena avenida Foch, en París. Con discoteca incluida. A la manera de sindicalista argentino.

Ocurre que, para la justicia francesa, se trataba de un “bien mal habido”. Esa mansión -que costara unos 25 millones de euros y en la que, además, se hicieran trabajos por otros doce millones de euros- no podrá, sin embargo, ser incautada por ahora desde que Guinea Ecuatorial obtuvo, en la Corte Internacional de Justicia de La Haya, una medida precautoria que impone a Francia el deber de asegurar la inviolabilidad de ese inmueble, al que el país africano asigna un pretendido carácter diplomático.

Lo gastado por Teodorín en Francia entre 1997 y el 2011 se estima preliminarmente en unos ciento cincuenta millones de euros. Como vicepresidente, el joven africano tenía un sueldo oficial de unos 80.000 euros por año. Con ese ingreso parece imposible poder haber ahorrado la fortuna que luego le fuera incautada.

Para generar el dinero remitido a Francia, el joven Obiang recurrió sustancialmente a una presunta sociedad forestal y operó a través de la banca gala. Recordemos que Teodorín era, entre otras cosas, ministro de agricultura y forestación en su propio país.

La justicia francesa tiene simultáneamente abiertos procedimientos similares respecto de otros líderes africanos. Concretamente, con relación a Denis Sassou Nguesso, del Congo; Omar Bongo, de Gabón; y del presidente centroafricano Francois Bozizé.

Teodorín está siendo asimismo investigado en Suiza, donde se le secuestraron, en noviembre del año pasado, otros once autos de lujo. Teodorín es claramente un verdadero apasionado de los automóviles caros, queda visto. Desaprensivo, por lo menos.

Para asumir jurisdicción, la justicia francesa actuante entendió que el lavado de dinero es una infracción autónoma y, por ende, independiente de los posibles delitos cometidos en Guinea Ecuatorial para conformar la inmensa fortuna personal de Teodorín.

Todavía falta lo más difícil: encontrar la forma de devolver lo malhabido, para poder restituir al país africano lo que aparentemente le ha sido sustraído.
Emilio J. Cárdenas.
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

Fuente: https://www.eldiarioexterior.com/los-tribunales-franceses-condenan-a-495...