Ley de Murphy: Cuando algo puede salir mal, entonces saldrá mal

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El gobierno de Venezuela, ha sido avisado, alertado, censurado, y criticado, casi, desde la instalación del chavismo como gobierno en Venezuela; para que efectuará un cambio de rumbo en la administración de Venezuela, vistos los desaciertos que venía cometiendo. Sus políticas públicas, basadas en el excesivo proteccionalismo (léase populismo) sin un norte claro de desarrollo industrial, ni petrolero, ni minero, ni turístico, ni ganadero, ni agrícola, ni pesquero, ni tecnológico, ni comercial, ni de transporte, ni de servicios, etc.; era imposible que el país se desarrollara, y mucho menos, que se endeudara, hasta los niveles históricos en que nos encontramos hoy día; endeudados y quebrados.
La apuesta al estatismo la perdió el régimen, y por bastante margen. La política del rentismo, en base a los ingresos por ventas de petróleo, también la perdió el régimen, el cual fue incapaz de agregar un solo barril adicional de petróleo a los 3 millones de producción, que le dejó la PDVSA Azul, del gobierno de Rafael Caldera. Al contrario, los del régimen, han sido tan incapaces, de aumentar este potencial de producción de petróleo, el cual, ya está por debajo de los 2 millones de barriles diarios de producción de petróleo, con tendencia acelerada a disminuir. Con el precio del petróleo cercano a los 100 dólares por barril, fueron torpes y fanáticos al pretender mantener a naciones amigas en base al prepuesto millonario de Venezuela, incluyendo a Cuba. La supuesta cuenta de ahorro que abrieron para el desarrollo de la micro economía, o (Fondemi), la dilapidaron los líderes corruptos del chavismo y familiares de Hugo Chávez. La apuesta de cambiar al empresariado privado por un empresariado mafioso, cercano al gobierno, tampoco les resultó. Venezuela llego a tener, más de 20 mil empresas estables, productivas y exitosas. Las ¾ partes de éstas, se han ido del país, las han expropiado a las obligaron a quebrar.
Me pregunto: ¿Cómo se puede justificarse un endeudamiento tan inmenso de 150 mil millones de dólares, sin haber invertido en sola una industria exitosa para Venezuela? Se supone que las inversiones “oportunas” y “exitosas”, se hacen durante la época, de las vacas gordas, cuando el país tiene ingresos suficientes para hacerlo. Peor aún, se dieron a la tarea, de ahuyentar al poco capital privado que deseaba invertir en Venezuela; esto, debido a su fanatismo enfermizo, de pretender sustituir a las empresas privadas por cooperativas y/o empresas comunales, formadas por el pueblo adoctrinado al marxismo leninismo.
Venezuela cayo oficialmente en “default” o quiebra económica como nación. De ahora en adelante transitaremos por un vía crucis, de consecuencias incalculables. Esto le está ocurriendo a Venezuela por primera vez en 200 años de existencia, como nación republicana. Por su talante: autoritario, represivo, irresponsable, deshonesto, arbitrario, negligente, mafioso, arbitrario, etc., El régimen venezolano, no tiene forma ni manera ni de cómo salir de este atolladero, al cual han llevado a Venezuela. No hay forma lógica ni posible de renegociar una deuda tan inmensa y compleja, con este mafioso, nefasto y corrupto régimen de gobierno.
Por tales circunstancias, la mejor, y solución, que pareciera ser la única, para Venezuela, es la de que el presidente Nicolás Maduro, junto a todo su gabinete, renuncie al poder, se aparte del cargo, y permita que Venezuela, elija, en un lapso apropiado y corto, a un nuevo gobierno, que se haga cargo de la grave situación existente. Aferrarse al poder, sin ni siquiera merecerlo, sería invocar a una guerra civil en Venezuela, que, de ocurrir, sería una solución peor e indeseable, e inconveniente, hasta para los mismos chavistas, que defienden su sistema político. Sin duda alguna, que el pueblo chavista, tendrá que dilucidar entre seguir hacia adelante, apoyando a un descarriado y nefasto proyecto, que, a todas luces, es y ha sido inviable; o girar 180 grados y respaldar a un nuevo gobierno democrático, capaz, confiable y eficiente; que tenga el apoyo total de la comunidad democrática internacional.
Guillermo A. Zurga