Organización y figura jurídica son asuntos diferentes,


Imagen de José Gregorio Silva

Una de las cosas que hemos podido constatar en nuestro camino emprendedor y en el acompañamiento que hemos hecho a muchos emprendedores para ayudarlos a realizar su misión es que el lenguaje tiene, también en el emprendimiento, un papel fundamental. En efecto, algunas características del lenguaje empoderan, dan fuerza y energía, y otorgan direccionalidad al emprendimiento, mientras que la ausencia de ciertas distinciones de lenguaje confunde, entraba, resta fuerza y frena el emprendimiento.
Cuando alguien construye frases donde dice que no puede, normalmente tiene razón. Es la profecía autocumplida: Creo que no puedo, me digo que no puedo, me comporto consecuentemente como alguien que no puede y termino mostrando al mundo que tenía razón, ¡no podía! Para el espíritu emprendedor por el contrario la profecía autocumplida funciona en un sentido positivo. Estoy convencido de que puedo. Me comporto como alguien que puede. Sigo adelante después de fallos y obstáculos porque creo que puedo y termino, más tarde o más temprano, realizando mi convicción, mi profecía.
Pero el lenguaje no está ligado solamente a la actitud asertiva del emprendedor. El conocimiento sobre los procesos del emprendimiento se concreta en distinciones que si se tienen acortan el camino y si no, lo hacen largo y ponen a prueba la fortaleza del emprendedor. El problema no es si se llega o no, porque al final de la jornada muchos emprendedores, con su orientación al logro y su tesón, cumplen su profecía y desarrollan sus emprendimientos. El punto es que el camino puede ser muchísimo más largo o muchísimo más corto según se den las cosas. Allí es donde el apoyo certero que se recibe de personas con experiencia es importante y donde un lenguaje que diferencia bien ciertos conceptos básicos resulta clave.
Son muchos los ejemplos que podríamos dar de estas distinciones de lenguaje que ayudan al emprendedor o que, en su ausencia, le dificultan su vida. Varias de ellas las trabajamos en un pequeño libro: “Un lenguaje para emprender”, disponible a través de Amazon y cuyo texto completo puede leerse allí (incluso sin comprar el libro).
Entre estas distinciones hay una de ellas particularmente relevante: la diferenciación entre organización y empresa. Un tema de interés para los emprendedores que se inician, para los ya curtidos en sus emprendimientos y para los consultores que trabajan en instituciones de apoyo. Un tópico sobre el que hay que conversar ¡y bastante!
Lamentablemente cuando a muchos emprendedores se les ocurre una idea interesante para crear valor, encuentran, al querer concretar sus proyectos, orientaciones que los inducen a crear, rápidamente, una empresa, una cooperativa o una fundación. En nuestra opinión el mensaje es equivocado y normalmente oculta que se confunde organización con figura jurídica, dos conceptos que son muy diferentes y que deberían distinguirse inequívocamente para beneficio del emprendedor y de su emprendimiento.
Lo que el emprendedor necesita normalmente es crear una organización con la capacidad de llevar a cabo su proyecto. Una organización es un equipo articulado de personas identificado con una causa, con una meta, con la realización de una idea, con una misión. En una organización los códigos pueden estar escritos, pero pueden no estarlo porque lo que une a la organización es un interés común, una visión compartida, un algo en lo que se cree, el compromiso, la conversación y la confianza. Sin crear organización es difícil realizar un emprendimiento porque todo emprendedor requiere siempre de colaboradores identificados.
Por supuesto, una organización se expresa social y económicamente en forma concreta y esto siempre requiere actividades que involucran transacciones en uno o varios contextos. Por eso es que toda organización requiere normalmente la creación de al menos una figura jurídica adecuada a sus fines, bien sean estos de lucro o no. No es lo mismo crear una organización que crear una figura jurídica. Lo primero es esencial, lo segundo instrumental. Como profesional, un abogado puede ayudarnos en la tarea de crear una figurar jurídica adecuada a nuestros fines, pero no son sus competencias en el conocimiento de la legalidad las que nos ayudan en el proceso de construir una organización.
Una figura jurídica es sólo un instrumento, un vehículo a través del que una organización enmarca sus actividades en un país concreto, en un municipio concreto. La idea es que la organización actúa, se expresa, a través de su figura jurídica asociada. O sus figuras, porque podrían ser varias para una misma organización, por ejemplo, para actuar en distintos países puede requerirse una figura jurídica en cada país donde se actúa.
Lo interesante es darse cuenta que donde la gente se compromete, donde trabaja inspirado, donde funde sus propósitos personales con los de su equipo, es en una organización. Si creamos la organización adecuada lograremos asertivamente nuestros propósitos. Cuando esto no se entiende, cuando se confunde el concepto de organización con el de figura jurídica, se cree, por ejemplo, que un empleado es miembro de una organización por el hecho de que existe una relación laboral definida en un contrato o implícitamente a través de una ley. En su desempeño, en el transcurso del tiempo, el emprendedor va entendiendo, llevando golpes (metafóricamente hablando, afortunadamente), que una cosa es liderar una organización y otra es administrar una empresa, que la responsabilidad, la pasión y el amor por lo que se hace nace en la organización, que la conversación sobre retribución, responsabilidad, e impecabilidad fluye distinta cuando se realiza en una organización con colaboradores identificados con una misión que cuando se realiza con personas que se piensan a si mismos como empleados que trabajan con nosotros porque les pagamos un sueldo. Este último vínculo es débil y eso se muestra más temprano que tarde.
Distinguir lo más pronto posible que todo proyecto requiere para su realización de una organización y que las organizaciones se expresan a través de figuras jurídicas es fundamental para el emprendedor que se inicia. Tristemente, el hecho de que este conocimiento no esté generalizado en nuestro medio, que empresa y organización signifique lo mismo para muchos emprendedores y consultores, les alejó el éxito, durante varios años, a varios amigos y conocidos. Es una pena, porque tener esta distinción clara en nuestro lenguaje cotidiano no era difícil y podía haberlos acercado más prontamente, acaso diez años antes, al cumplimiento de su profecía.

El autor es emprendedor paralelo. Profesor universitario. Arquitecto de Información. Consultor en Innovación.

cheo@accede.net

Compartir



 
 
 
 
 
 
 
 

Comentarios