Toque de retreta a la ciudadanía

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La revuelta ha tomado de sorpresa al bestiario militarista y su impacto ha sido tal, que no se ha terminado de comprender que esa retreta, entendida como el toque militar que avisa a las tropas en el cuartel de un evento importante. Ese evento importante no es otra cosa más que la insurrección, rebelión y conmoción de hombres que a lo interno de la organización están dispuestos al levantamiento. Amotinamiento como furia e irritación por falta de comando y comandantes que respondan a lo interno de la organización, y a lo externo no del sistema político sino de la República.

La revuelta como toque de retreta anima a lo interno de la organización a que se generalicen los revoltosos como consecuencia de una revolución incapaz, pero –sobretodo- inmoral ya no para responderle a la sociedad toda que se ha engañado y pervertido, sino cumplir con el mínimo de responsabilidades que corresponde y toca a lo interno de la organización armada. La revuelta es un revolcón a los inexistentes mandos, a los grises comandantes y a los jefes militares que no entienden de la miseria exponencial que hoy viven hombres y mujeres profesionales, sargentos y soldados que alguna vez creyeron en las mentiras sistemáticas que ya no pueden sostener Generales irresponsables, que bien sabe cuán destartalada es la situación que se vive a lo interno del cuerpo armado.

La revuelta con su toque de retreta convida a que los ciudadanos demócratas que hoy se organizan en las plazas públicas, donde seguramente está presente la esfinge del Padre de la Patria, entiende que ese gran hombre más que un militar fue filósofo y un político. Un hombre que leyó a Rousseau, a Hume y Voltaire, que entendió de manera extraordinaria la necesidad de confrontar al gigante del norte, pero no con revoluciones marxistoides capitaneadas con cobardes e ilusos, sino por hombres sabios, líderes civiles, académicos, ciudadanos y, en especial, por esa masa societal igualitaria que tenemos que ser el mestizaje de venezolanos que hoy están dispuestos -una vez destrozado el sistema político- a que no se pierda la República.

El toque de la retreta por la vía de la revuelta alerta al sistema internacional, pero además le muestra al Sistema Interamericano que ese toque de retreta es una alerta tempranera para que quienes tienen responsabilidades políticas de acuerdo a lo establecido en la OEA, cumplan con la responsabilidad geopolítica de que no venga más nunca a instalarse en América Latina, la desgracia oprobiosa guerrilla o revolución que ocurrió en Cuba y que por cincuenta años ha impuesto los más férreos controles para que no haya libertad, para que no exista ciudadanía y para que haya pobreza y marginalidad, tanto en lo social como en lo político, lo científico e histórico-moral

El toque de retreta pareciera que sugiere al demócrata venezolano la necesidad de que recorra como participación activa por las calles de la democracia a muchos hombres y mujeres, que teniendo como arma la Constitución y haciendo brillar la ecuación de la democracia, puedan construir por vientos favorables la transición. Casi sería como un concierto de demócratas prestos y dispuestos a reinstalar por la vía de la transición y la participación política el nuevo amanecer de la democracia.

El toque de retreta como invitación jamás pudiese indicar que la tarea por hacerse en el complejo espacio político es fácil. No. Es complicada, difícil, requiere del genio y del coraje del ciudadano, así téngase como cierto es el ciudadano que es tanto ciudadano por la vía de su convicción democrática, que tiene que oír la retreta para constituirse en masa crítica que entiende el peligro del 20 de mayo y que desde ya se disponga como demócrata hacer valer su decisión inquebrantable de oponerse a la arbitrariedad, que aún el bestiario militarista acaricia diciendo “Nosotros mas nunca vamos entregar el poder político”.

El toque de retreta expresado en la revuelta como disección, furia, revuelo y perturbación en el cuerpo armado pudiera asimilarse a un toque de diana del cuartel que retumba en las almas en el amanecer y en el gentilicio de los venezolanos demócratas, para que nunca más sea posible que ciudadanas y ciudadanos de uniformes instauren la democracia que la República demanda y requiere.

El toque de retreta, en esta tan grave coyuntura, quizá demanda de una interpretación hermenéutica con la cual se consolide todo el sentir democrático expresado en una responsabilidad de organización político social, que termine por desenmascarar al bestiario militarista incapaz, indolente y cobarde que le dio la espalda a la sociedad de la cual deviene y a la cual regresará enjuiciado como cobardesy vergüenza de una institución ahora desdichada y agónica. @JMachillandaP
Dr. José Machillanda
Director de CEPPRO