¡Esto no es Venezuela!

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Ni en los peores momentos de la denominada IV República los venezolanos habíamos padecido tan trágicos embates por gobierno alguno ¡y mire usted que hubo gobiernos malos en el pasado! El chavismo ha hecho de los problemas de los venezolanos los número uno en el mundo, como el de la inflación e inseguridad.

Lo más triste, tras su memoria y cuenta ante la “constituyente”, Maduro enarboló cifras impalpables en la realidad, propone mismas fórmulas populistas y una criptomoneda que, según connotados especialistas, tiene todas las características de ser un bono, de esos que usualmente emitía la quebrada (por negligencia y corrupción) PDVSA. Maduro “al precio que sea” ha dicho que continuará instrumentando el mismo modelo de país que nos ha llevado a la más indignante sobrevivencia.

Los venezolanos pasamos de ser una raza bienvenida en todo el planeta, por nuestra simpatía, descomplejidad y demás virtudes que antes nos caracterizaban, a ser un gentilicio que las demás naciones miran con desdén, el avasallante número de venezolanos que día a día emigra desplaza puestos de trabajo en los países receptores y, hay que decirlo, muchos emigrantes acostumbrados a instituciones públicas cómplices, corruptibles y negligentes quieren continuar haciendo uso de una viveza criolla responsable de la destrucción de nuestro país, nos mal ponen.

Hoy somos una nación donde titulares de poderes nacionales ofrecen públicamente golpizas a sus detractores, usan palabras grotescas, son un enjambre de modelaje negativo. Por sí fuera poco, el nuevo programa educativo se elementarizó, prácticamente la educación inicial llega hasta bachillerato. Una nación donde los usuarios del populismo prefieren trancar calles por un pernil regalado que por educación de calidad, seguridad, empleo, respeto a la constitución, entre un inagotable etcétera.

Venezuela paga merecidamente el alto precio de la idiotización de su política, haber priorizado en la gestión pública la “ideología” por encima de la eficiencia y la transparencia tiene su costo. Está pagando el oneroso precio de haber permitido idolatrar gobernantes, la militarización de lo civil, la tergiversación de la venezolanidad desde sus cimientos, resulta que hasta el mismo Bolívar no era como él mismo dijo que era al verse retratado tan exactamente en la obra del pintor peruano José Gil de Castro, ahora Bolívar es cómo al régimen se le antoje que sea.

Todo ello nos ha llevado ser un país petrolero que, tras una década en boom de precio del barril, está en quiebra, ni siquiera cuenta con sus derivados como gasolina, aceites, cauchos ni asfalto. Un país con 900 kilómetros de costas donde el pescado es un lujo, una nación con 40% de tierras fértiles con productos agrícolas escasos y costosísimos, un país de maravillas naturales sin turismo, donde las autoridades privilegian empresarios y trabajadores de otras naciones antes que los criollos… somos un país desnaturalizado.

Póngale el nombre que usted crea conveniente… pero este oscurantismo no es Venezuela. @leandrotango
Leandro Rodríguez Linárez