El padre de la Patria y los guerreros del asfalto

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Hablarles del Padre de la Patria en la fecha en que se conmemora el día del padre, nos viene como anillo al dedo en estos momentos de lucha por la reconquista de la Libertad por la que tanto luchó Bolívar. Y es que el ejemplo de este joven venezolano, lo precede en la historia y su lucha viene a colación con el propósito de recordar que por más dura que se nos ponga la vida, cuando se tiene un sueño, es preciso luchar hasta alcanzarlo. Hablar del padre de la patria es hablar de un sueño grande: el de la libertad de todos los pueblos de América, más aun, es hablarles de un hombre sencillo, que consagró su vida a su país, así era Bolívar odiado por muchos, amado por otros tantos, el hombre de las dificultades.

En estos momentos de crisis, llegó la hora entonces de reconocer, de recordar nuestra historia y en ese orden también de reivindicar y defender la memoria del General Bolívar, quien fuera el padre de la patria y su realidad, para librarlo de alguna manera del circo mediático y la deformación a la que se ha sido sometida su figura, gracias a la dictadura que hoy oprime a los venezolanos.

La infancia del pequeño Simón no fue un lecho de rosas, muy por el contrario, tuvo una infancia muy triste. Cuenta la historia que un 19 de enero de 1786 estando en Caracas, muere Don Juan Vicente Bolívar y Ponce. Doña Concepción Palacios de Bolívar se pone muy triste, los niños reciben orden de no alborotar en casa, se entornan las ventanas. María Antonia, la hermana mayor lo comprende más que los demás: “Papá está muriendo” – dice en voz bajita a sus hermanos. Toda la familia se vistió de luto, numerosos amigos y parientes desfilaron ante el féretro. Doña Concepción entonces, reunió a sus cuatro hijos y luego de besarlos en silencio, con lágrimas muy limpias en los ojos les dijo: “Papá ha muerto, ha ido al cielo. Desde ahora yo sabré darles cariño de su ausencia”.

En esos momentos quizás Simón, no logra entender la muerte de su padre, porque apenas tenía 3 años, su abuelo, Don Feliciano Palacios, queda como tutor de los niños, pero murió al año siguiente por lo que Simón quedó bajo el cuidado de su tío Carlos Palacios, quien se hace cargo de él y de sus hermanos. La realidad es que a pesar de su orfandad, fue el primer hombre educado para ser una persona libre, tal y como se educa a un príncipe para ser rey, de esa misma manera, se educó a Simoncito, de la mano de insignes maestros: Simón Rodríguez y Andrés Bello.
Simón Bolívar, venezolano, de origen vasco, tenía una destacada posición económica y social, era un oligarca, titular de un rico mayorazgo, en un país donde se respiraban resquemores por las diferencias de derechos existentes entre la oligarquía española dueña del poder, la clase mantuana o criolla, terratenientes en su mayoría, y los estratos bajos de pardos y esclavos. Sin embargo, renuncia a todo, a su comodidad, a grandes riquezas y a ostentosos lujos, para alistarse en el ejército, de este modo, optó por batallar y aguantar embates, dolores, carencias de todo tipo e inmortalizarse en el tiempo y espacio como un héroe que guió a un pueblo oprimido por voluntad de un Imperio que amenazaba con exterminar a su país.
Bolívar hizo carrera militar, ingresa como cadete en el Batallón de Milicias de Blancos de los Valles de Aragua a sus 14 años. En julio del año siguiente, fue ascendido a subteniente, a finales de 1806, conocedor de los intentos realizados por el Precursor Miranda en Venezuela, Bolívar considera que ha llegado el momento de volver a su patria y se incorpora al Ejército, con el grado de Coronel, y si, leyeron bien, CORONEL en 1811 y bajo las órdenes de Miranda. A la cabeza de un pequeño ejército, limpia de enemigos las márgenes del río Magdalena, y en junio de 1813 dicta el Decreto de Guerra a Muerte, con el objeto de afirmar el incipiente sentimiento nacional de los venezolanos.
En octubre de 1813 la municipalidad y el pueblo de Caracas, le aclamaron Libertador y resultó nombrado Capitán General de los Ejércitos de Venezuela. A pesar de victorias como la de Araure, la de Bocachica, o las Batallas de Carabobo, y de resistencias tan heroicas como la del campo atrincherado de San Mateo y de la ciudad de Valencia, Bolívar resulta traicionado. El 4 de julio de 1827, sale por última vez de Caracas, y llega a Bogotá. Allí, el 10 de septiembre, presta ante el Congreso juramento como Presidente de la República. En Ocaña en 1828 Bolívar es acusado Dictador, para a comienzos de 1830 renunciar a la Presidencia. Simón enunció una vez, de manera demoledora y con mucha humildad, que ningún hombre está destinado de manera Divina a convertirse en héroe o en figura insigne de un colectivo, asegurando que fueron las circunstancias en su vida, las que orientaron el rumbo de su brújula y lo condujeron a luchar por la independencia de Venezuela.

Igualmente hoy en día, las circunstancias marcan nuestro destino nuevamente, como en época de Bolívar, nos enfrentamos a una realidad terrible en Venezuela, bajo el sol de esta hermosa tierra que nos vio nacer y el amparo del Padre de la Patria, enfrentando la dictadura, surgen nuevos héroes, en una gesta heroica por alcanzar la libertad de nuestra patria y deslastrarnos de un yugo opresor, que se empeña en perpetuarse en el poder dejando solo ruina y desolación a su paso.

A diferencia de Bolívar que hizo carrera militar, nuestros jóvenes héroes se reúnen en la Plaza Altamira, que más que un punto de encuentro, se ha convertido en un cuartel general. Este ejercito contemporáneo, se autodenomina: los guerreros del asfalto, definiéndose a sí mismos como “escuderos protectores” de los ciudadanos. En número son entre 50 y 200 y en su mayoría viven en las zonas populares de Petare, Catia, El Valle y La Vega. Nuestros guerreros salen al campo de batalla encapuchados y entre vítores ciudadanos, luchan sobre el asfalto caliente, con el rostro tapado para minimizar ligeramente los efectos del gas lacrimógeno de la represión, no pertenecen a ninguna organización que responda por su activismo y acompañan las protestas de la oposición, enfrentándose con valentía a las fuerzas de seguridad del estado: Guardia Nacional y Policía Nacional.

Se trata de los nuevos héroes de la libertad de nuestra Venezuela, quienes permanecen en la calle sin descanso, batallando por la independencia, van al frente, tragando gas del bueno y recibiendo perdigones a diestra y siniestra, exponiéndose irremediablemente… ellos representan la juventud, esa que no ha sido no contaminada aun por la maldad, que lleva a Venezuela en su corazón y que lucha incansablemente por rescatar la democracia, exigiendo sus derechos. Brillan con luz propia, vuelan con sus propias alas, saltan, van y vienen de aquí para, allá resultando heridos, detenidos y agredidos inmisericordemente por los verdes en sus tanquetas, ballenas, rinocerontes, motos, armados, los persiguen para asustarlos, enjaularlos, detenerlos, privarlos de su libertad, pero son la voz de un pueblo que en medio de su desesperación, exclama marchando en las calles: ¿Quiénes somos? Venezuela, ¿Qué queremos? Libertad.

Mientras tanto el régimen baila al son que le tocan, todo parece importarles poco, celebran su maldad, su único objetivo es mantenerse en el poder para seguir enriqueciéndose de manera fraudulenta, más allá de lo imaginable, convirtiendo a Venezuela en tierra de nadie, donde cada quien se maneja de acuerdo a su interés personal, unos con la corrupción del estado, otros financian el terrorismo, todos revueltos en un lodazal, desprovistos de los más esenciales valores morales, no se detienen ante nada. De modo que una vez vencida la fuerza bruta, juegan la última carta, arma infalible de las dictaduras… el miedo… que paraliza conciencias.

Sin embargo, no logran su objetivo, los chicos no tienen miedo, con una sencilla camiseta amarrada en la cabeza, escudos improvisados y una valentía quijotesca realmente sentida, se colocan en el frente, armados con piedras y algunas veces con bombas molotov o “puputov” de excrementos, luchan contra tanquetas y uniformados, mientras a su lado marcha todo un pueblo que cívica y democráticamente se moviliza, para derrotar a un régimen que hoy desea simplemente someter a la población.

La dictadura arremete y se afinca intentando destruirlos, porque sabe que se enfrenta a un ejército de guerreros del asfalto con una única arma letal: sus ideales, su dignidad. Guerreros que no están dispuestos a renunciar a sus derechos y que saben resistir… y siguen adelante a pesar del dolor, de las cicatrices y de sus propios errores, se levantan, secan sus lágrimas, crecen, maduran, construyen barricadas, saltan murallas y destruyen barreras… continúan avanzando, dando la cara por todos, muchachos y muchachas plenos de energía y sin lugar a dudas… muy valientes.

La verdad es que a Bolívar lo tildaron de loco, solo por el hecho de cosechar en su alma la semilla de la libertad de América, además, de alimentar en su cabeza grandes ideas libertarias. La determinación que tuvo el Libertador fue inédita, porque ni el tiempo ni el espacio, conocieron barreras para detener ni sus valores ni sus convicciones. Hoy podemos decir que viva la locura en los venezolanos! Porque ni más ni menos, es la misma que padecen nuestros guerreros, quienes evidencian su calidad humana, valentía y astucia, en contraste con una guardia irónicamente calificada de bolivariana, absolutamente ajena a los valores del Libertador, tristes monigotes del régimen, que robotizados, no ocultan su enorme carga de odio, apuntan sus cañones y descargan su resentimiento contra sus hermanos, en beneficio de la tiranía que ha vendido nuestra soberanía, así se preparan para asesinar a quien legítimamente inconforme, protesta aspirando solo un objetivo: la libertad de la patria.
Todos los días los venezolanos, recibimos el parte de guerra, y a pesar de nuestras oraciones y de no querer más bajas, recibimos noticias que nos quitan el sueño porque provocan inmenso dolor, a veces nos sentimos algo responsables, muchos de los nuestros han caído, hijos de la patria que Bolívar libertó, hijos nuestros, de todos, demasiados para perdonar tanta crueldad, la cifra se acerca a los 80 víctimas fatales, más de 10.000 lesionados por los gases lacrimógenos y más de 2.980 detenidos, muchos de ellos menores de edad, luego, acto seguido nos enjugamos las lagrimas y se produce a lo interno, un profundo sentimiento de admiración.

La lección de estos tristes meses ha sido dura e incomprensible, se trata de una mayoría contundente, capaz de generar jóvenes hinchados de ideales y determinación democrática, frente a una minoría armada empeñada en arrebatar su soberanía. El orgullo que siento por Bolívar, mi pariente, dicho sea de paso, hombre que luchó contra viento y marea por alcanzar su ideal y lograr coordinar ejércitos disimiles, es francamente admirable, todo lo cual lo convirtió en el líder de miles de hombres que creían en él y en ese orden estaban dispuestos a levantarse en armas y seguirlo, todo en pro de libertar a su pueblo y demostrar que Venezuela se respeta. Es ahora el mismo orgullo que siento por los guerreros, al observar como toda una generación se levanta sin directrices, para engrandecer nuestro país y así los seguimos.

El Libertador y padre de la patria Simón Bolívar, actuando como lo haría un buen padre de familia decía : “Primero el suelo nativo que nada: él ha formado con sus elementos nuestro ser; nuestra vida no es otra cosa que la esencia de nuestro pobre país; allí se encuentran los testigos de nuestro nacimiento, los creadores de nuestra existencia y los que nos han dado alma por la educación; los sepulcros de nuestros padres yacen allí y nos reclaman seguridad y reposo” (carta a Andrés de Santa Cruz, Popayán, 26 de octubre de 1826).

Hoy más que nunca entiendo claramente la vigencia de su mensaje, que esa voz ha tenido eco en los corazones de la juventud, la gesta de Bolívar definitivamente ha resultado un aprendizaje y un ejemplo; su doctrina y su ideología es un modelo que se enarbola para invocar la liberación de los pueblos amenazados por la mano de una dictadura moderna pero feroz, esa que sufrimos y padecemos hoy en día, y así lo hemos asumido, su obra trasciende en la historia y cautiva a todos. Un Bolívar renovado, llena hoy un vacío de ideales y liderazgo e impregna a estos guerreros de una energía gloriosa, que enciende la llama de la independencia, como un fuego sagrado, que consume eficazmente una ciudad y un país sembrado de conformismo y sumisión.
Pero es que Bolívar siempre salía victorioso, ante un atentado, una batalla sangrienta, y el fracaso de los imperios militares para derrotarlo…! En él se encontraba toda la magnificencia del gentilicio venezolano, su genialidad para superar imposibles, su firme decisión de luchar por un ideal, la fogosidad que imponía a todo lo que emprendía, la arrogancia de desafiar la naturaleza, al hombre apasionado, al héroe de mil leyendas, y el inmortal de la guerra, esa actitud es la que veo hoy reflejada en los ojos de nuestros guerreros.
Bolívar, mi General, significó mucho para nuestra patria, para los criollos era el salvador, para los esclavos el redentor, para los indígenas el Mesías, y para el común de la gente, el hombre inmaculado de una generosidad infinita, y por ello sus soldados lo amaban con veneración. Fue la personificación de los ideales más puros: lo material no le interesaba… no aceptaba sobornos y era incorruptible… no acumulaba riquezas de ningún tipo; y por el contrario las despreciaba… no utilizó las condecoraciones que con justicia se le otorgaba… no participaba en ningún tipo de negocio… su única razón de vivir fue la entrega total por su pueblo. Su nombre además representaba: liderazgo, inteligencia, valentía, disciplina, sabiduría, e inmortalidad. Era imagen de lo bueno, de lo sublime, de lo justo…ejemplo de un buen padre de familia.
Resulta sorprendente, pero es de esta manera que se comportan nuestros guerreros del asfalto, heredaron del padre de la patria tantas virtudes, lo que se hereda no se hurta, el es su líder, su ejemplo a seguir, el Libertador eres tú!
Si bien Bolívar contribuyó a la libertad, la independencia y la dignidad de los pueblos; al fortalecimiento de la solidaridad entre las naciones, favoreciendo su desarrollo o facilitando el advenimiento de un nuevo orden internacional económico, social y cultural, no es menos cierto que los guerreros se esfuerzan y luchan por emularlo.

La verdad es que el régimen no ha podido acabar con ese legado, apagar el espíritu de nuestro pueblo no es fácil, no en vano somos hijos de Bolívar. Los adeptos al régimen ahora lucen nerviosos, su fuerza se desvanece poco a poco. Se enfrentan una realidad imprevista, hemos perdido la paciencia y todos del este y el oeste estamos decididos a rescatar lo nuestro. La lucha de estos últimos días ha demostrado la valentía de los venezolanos, adelante van lo guerreros, protegen, animan, inspiran, son la representación del espíritu de sacrificio, representan la esperanza de la Venezuela noble, de la Venezuela de Bolívar. Como padres no podemos menos que llenarnos de emoción ante el hecho de ver el arrojo con el que se comporta nuestra juventud. Nuestra Nación está siendo defendida en todos los aspectos, por esos jóvenes que demuestran con su sudor, con sus lágrimas, con su sacrificio personal, su amor real para con esta tierra de gracia, luchan por el cambio, por sus ilusiones y por sueños de libertad y de progreso.

Hoy más que nunca mi corazón henchido del orgullo de ser venezolana, se llena de esperanza porque tengo claro que en Venezuela lo que sobra es futuro, y en aras de ese futuro es nuestro deber ineludible rescatar la Republica. En este orden, no se nos está permitido desmayar y junto a nuestros guerreros, debemos luchar para salir de este régimen oprobioso que pretende cercenar nuestra libertad y a través del odio y la violencia conducirnos por el camino equivocado de la historia! @mauxi1
María Auxiliadora Dubuc

“Usted formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que Usted me señaló”. (Carta de Bolívar a Simón Rodríguez, 19 enero 1824).