Triste realidad de un país en crisis

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La crisis económica que atraviesa el país es de dimensiones incalculables, al punto que ya no tengo idea de cómo calificarla, de modo que todos los días me pregunto cómo fue que llegamos hasta aquí, en un afán por encontrarle una causa lógica a este debacle total que padecemos.

Obviamente, la culpa de la crisis es en gran parte atribuible a quienes tienen sobre su cabeza la responsabilidad de dirigir los destinos de la Nación, las autoridades y su plan económico, pero al parecer se distraen en politiquerías baratas dejando a un lado lo fundamental: resolver el tema económico para evitar que el venezolano muera de inanición. La realidad es que los venezolanos hemos llegado al punto en el que ya poco nos interesa quien es el culpable, o quien fue primero si la gallina o el huevo. Sin duda, hay opiniones, unos culpan al gobierno y otros a factores externos como el bloqueo o la guerra económica, pero todos coinciden en que el cambio debe producirse en el término de la distancia.

Sin embargo, la terquedad de quienes gobiernan en implantar medidas económicas desacertadas, ha agravado la situación de forma brutal, ajustar sueldos y salarios cada tanto ha generado una caída estrepitosa en términos de salarios reales, el asunto resulta impresionante, de modo que para muestra un botón, de 320$ al mes como sueldo mínimo en el 2008, estamos hoy en día a menos de 2$ en el 2018, como vivir con eso? La otra propuesta es tanto peor, cambiar la moneda, de modo que la solución a juzgar de las autoridades radica en quitarle o ponerle tres ceros, recoger e imprimir más billetes, digamos la generación de un nuevo cono monetario, esta es una propuesta risible porque no resuelve el problema de fondo, es solo escurrir la arruga. Por otro lado, finalmente y como guinda de la torta tenemos la expansión monetaria sin respaldo de BCV para financiar PDVSA. La realidad es que estas medidas locas, como no están dirigidas a resolver la situación, han traído como consecuencia más incredulidad y desconfianza en la población, produciendo una sensación de inseguridad desde todo punto de vista, y por supuesto ante el estrés y la desesperación, mas hiperinflación, al punto que sentimos que en cualquier momento el país estallará en mil pedazos.

La verdad es que aquí la escasez campea, escasez en todos los órdenes, de todo tipo, y en todos los ámbitos, escasez de productos a raíz de caída notable en producción nacional, en este sentido el 45% de los hogares venezolanos comen menos de 3 veces al día, lo más grave es que esto es en términos de cantidad y no de calidad. La escasez de dólares preferenciales dada la caída de la producción de petróleo, no permite tener acceso a productos importados, de manera que el que importa a dólar paralelo se cubre para reponer su mercancía y sube los precios enormemente, lo que llaman valor de reposición. El Sector privado está trabajando por debajo del 30% algo, inédito en el país. El costo de vida sube tanto y tan vertiginosamente, que ya el que tiene acceso a dólares no le rinde como antes, aun cuando la dolarización informal es un hecho. No podemos tapar el sol con un dedo, cada vez mas aumentan las transacciones en monedas fuertes y la poca importación que realiza el sector privado es a precios dolarizados.

La probabilidad que en Venezuela haya un embargo comercial ha venido incrementándose exponencialmente debido a la presión internacional. Desde Noviembre, Venezuela ha dejado de pagar a los tenedores de bonos, quienes al no albergar esperanza de pago, se están organizando para demandar a la República y a PDVSA, todo lo cual sin duda puede hacer muchísimo daño al país. El temor de muchos es el embargo a los efectos de poder cobrar la deuda. Lo más grave es que aún cuando PDVSA o Venezuela, quisiera pagar las deudas de los bonos, se ven frenados por los bancos internacionales, porque ya nadie quiere mezclarse con Venezuela lamentablemente, dada su reputación. Por lo que hoy más que nunca dependemos de USA para flujo de caja, de manera que si USA embarga a nivel petrolero, nos veremos sumamente afectados y adivinen quien pagara los platos rotos. La realidad es que es necesaria una reestructuración de la deuda para poder sobrevivir en estas condiciones de poca entrada de dinero y poca producción petrolera, seriamente, porque medidas como el Petro resultan risibles, son soluciones imposibles e inviables.

La locura en las políticas económicas de este gobierno llega hasta el punto que desde el 2014 hasta el 2018 se han perdido 1.300.000 barriles por día en producción, es decir que hemos dejado de percibir el equivalente a 30.000.000 millones de dólares, los cuales no vamos a recibir este año. Estamos produciendo lo mismo que en 1950 cuando éramos unos 7 millones de venezolanos, hoy día somos más de 30.000.000. Si lo analizamos per capita estamos ya a los niveles de por allá por el año de 1927, de tal manera que en el mejor escenario, la perdida de producción tardaremos en recuperarla en unos 5 o 6 años.

Por otro lado, está el tema político – electoral, la verdad es que si existe un país donde se produzcan procesos electorales, ese es Venezuela, de modo que si la democracia se trata de organizar procesos para que la gente vote, en Venezuela definitivamente existe una democracia, incluso si lo analizamos desde el punto de vista constitucional Venezuela es un país democrático porque nuestra Constitución así lo consagra, sin embargo está visto que votamos sin mucha posibilidad de elegir lo que queremos. Votamos porque queremos expresar nuestra opinión, el pueblo es demócrata y prefiere ir a votar que abstenerse de hacerlo, sencillamente no lo vemos como opción. Sin embargo, poco a poco la letra constitucional ha ido muriendo, producto de las acciones del propio gobierno, quien se ha encargado de imponer una serie de mecanismos de control absolutamente discriminatorios, que nos impiden participar y expresarnos como quisiéramos, en libertad, así generan el carnet de la patria, las bolsas clap, los bonos especiales que se inventan todo el tiempo, como medios de coacción que intentan comprar conciencias. Todos estos mecanismos generan listas, data y a partir de ella, saben quienes les apoyan y quiénes no. Adicionalmente tenemos el control del gobierno, sobre todas las instituciones del Estado, en este orden, ya muy pocos confían en el órgano electoral, el CNE, dados los antecedentes electorales que hemos vivido, de modo que la gente no irá a votar porque no hay garantías de una elección transparente y limpia, todo ello además de la desconfianza manifiesta en el liderazgo opositor.

Ante el panorama electoral que se nos avecina, pienso que la discusión no debe estar centrada en votar o no votar, ya creo que eso es tema ya superado, se trata realmente de la legitimación o no del gobierno. Una elección propuesta por un órgano ilegitimo, produce una proceso electoral legitimo? Coherencia por Dios! Lo cierto es que si el gobierno gana el proceso electoral esto le daría la legitimidad aspirada, quedan bien a la luz de lo internacional, de modo que, hacia allá apunta el gobierno, mientras la oposición buscara como desligitimarlo. Pero más allá de esta discusión, se trata también entonces, de cómo enfrentar como nacionales, cualquiera de los escenarios. La verdad es que el deber ser es enfrentarlos con políticas claras y unitarias, coherentes, con opciones de cuál es el plan entonces si vamos a votar o cual es si no vamos a votar, el camino por el que nos vamos a enrumbar debe estar claro para todos desde todos los puntos de vista. Tristemente, lo que vemos es que a pesar de toda esta situación, no existen propuestas en este orden, no sabemos cómo actuar o que pasara después de la elección, de tal modo que todo queda en el aire, mucha confusión en el ambiente, porque se desconoce cuál es la hoja de ruta.

La realidad es que mientras los políticos dan traspiés de uno y otro lado, nuestro pueblo sufre depresión, tristeza, desesperanza, rabia y frustración, tanto, que algunos psicólogos en un afán por rescatarnos, apuntan que si seguimos actuando desde la queja no lograremos salir del atolladero en el que estamos y nos hundiremos más cada vez. Pero todos estos sentimientos, generados por la politiquería barata, desmovilizan y evitan que la gente reaccione. Así que con la fe cierta que deben resolver su problema personal, porque el hambre no espera, la gente se centra, y toma decisiones de vida, me quedo pasando hambre aquí o paso trabajo pero no hambre afuera, ante la disyuntiva y a las pruebas me remito la gente huyendo de la crisis se va del país, en la búsqueda de una salida a su problema económico y sin duda de nuevas oportunidades. Por lo que ya son cerca de 2.500.000 personas las que se han ido en 3 años aproximadamente y el éxodo continua. En consecuencia, la solución que la gente ha encontrado a la crisis al no encontrar otras propuestas y después de tanta lucha, es sencillamente, irse del país.

Soy de las personas que piensan que siempre hay una salida, simplemente aquí lo que se necesita es la implantación de un plan económico serio, sincerar los precios, privatizar algunas empresas publicas que las han llevado a la quiebra, generar confianza a los efectos que haya un estimulo a la inversión privada, esto entre otras muchas medidas. Sin embargo es poco probable que con este Gobierno se logren implantar algunas de ellas, por lo que lo aconsejable es respirar profundo y vivir un día a la vez.

En definitiva el gobierno solo busca perpetuarse en el poder, el riesgo para ellos ahora está en la acción internacional, la acción social, la rebelión y su propia división interna. Las sanciones personales, con nombre y apellido les afectan en grado sumo, por lo que ante esta situación su única opción es consolidarse como autocracia, así que a mi modo de ver es muy poco probable que declinen voluntariamente, de modo que intentaran lavarse la cara ante el mundo una vez más, por lo que reitero la misión es legitimarse. Las elecciones del 20 de mayo van porque si y como sea, llueve, truene o relampaguee, de tal manera que desprovistos de un candidato opositor confiable, sin garantías y sin derecho a réplica, lo más probable es que gane de nuevo el gobierno, de modo que ante este panorama es muy poco probable que opere algún cambio en el orden político, social o económico. Sin embargo, la historia no termina allí, y si algo he aprendido estos últimos años es que siempre se puede estar peor, esta crisis trasciende y en este sentido me temo que no veremos luz al final del túnel, al menos no por ahora. @mauxi1
María Auxiliadora Dubuc