La trampa electoral

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Nuestra urgencia no es contrariar a cualquier precio a los otros factores de la Unidad con los que no coincidimos en esta hora. Nuestra premura y angustia es actuar responsablemente y continuar sirviéndole a los venezolanos a cualquier costo, aún el de pagar cárcel, destierros y persecuciones.
Alianza Bravo Pueblo (ABP) nació en los barrios y urbanizaciones de Caracas y se extendió a toda Venezuela. Nuestra cualidad ha sido el coraje que nos ha determinado como un movimiento combativo, pero al mismo tiempo reflexivo para parafrasear hoy a Fuente Ovejuna, diciendo que nadie quiere nada con el pasado. Pero la verdad es que si no vemos lo que ha venido ocurriendo en estos últimos años, desgraciadamente la historia se repetirá. Y si se deteriora el liderazgo en el que la ciudadanía ha creído, tomará cuerpo otra vez el fantasma del gendarme necesario para controlar a un país ingobernable. Por eso oímos a Maduro repetir, una y otra vez, que es él la única garantía de gobernabilidad. Eso es falso. Maduro encabeza una tiranía que carece de virtudes y se sirve de nuestros errores para ganar tiempo y sostenerse en el poder, a costa del sufrimiento de un pueblo.
Nuestra decisión de no avalar el proceso de elección de gobernadores convocado por el CNE que organizó el fraude más escandaloso de los últimos tiempos en el mundo, no es nada diferente a lo que casi todos los factores que integran la Unidad habían dicho hasta hace pocos días. La diferencia es que nosotros seguimos fieles a nuestra prédica, basada en denunciar el golpe que rompió el hilo constitucional cuando la saliente Asamblea Nacional designa maliciosamente, entre gallos y medianoche, el pasado 23 de diciembre de 2015, un grupo de magistrados, sin créditos académicos para poder asumir esos sillones en el alto tribunal de la república, desde donde actuando como el bufete adscrito a Miraflores le arrebatan diputados, competencias, facultades y además declaran en desacato a los legisladores elegidos por más de 14 millones de sufragantes. Dicho de otra manera, es la prolongación de la trampa, del ardid, que se puso de manifiesto el 13 de abril de 2013, cuando cometieron un fraude en contra del candidato presidencial de la Unidad. Y fueron a Perú a prometer que harían una auditoría confiable, y a esta hora en que hablamos todavía estamos esperando que honren su palabra.
Es la extensión de la mentira cuando el 10 de abril de 2014 invitaron a dialogar para estafar la buena fe de nuestra dirigencia que sabe que después de esos encuentros, lo que ha caído sobre Venezuela es una feroz persecución que se acentúa aunque se vuelva a dialogar, como ocurrió entre los meses de octubre y noviembre del año pasado, encuentros que sólo sirvieron para robarnos en nuestra propia cara el referéndum revocatorio y nuestras banderas de protestas, ultrajándonos ante la opinión pública cuando de 73 presos políticos que habían para esa fecha, ahora están las cárceles plenas de más de 620 presos políticos.
Es el golpe continuado cuando se redactaron en el TSJ a finales de marzo de este año las insólitas sentencias 155-156 mediante las cuales cerraban el parlamento nacional. Y el pueblo salió a luchar, la propia Fiscal General de la República se vio forzada por razones de legalidad a cuestionar ese adefesio jurídico que fue el detonante, esta vez, junto al hambre y la muerte por falta de medicinas, la que activó a miles de ciudadanos, muchos de ellos luchando por una democracia que no conocieron porque nacieron bajo este régimen y fueron asesinados por esta iracunda tiranía.
Queremos recordar, para justificar nuestra posición de no postular candidaturas a esas elecciones regionales, que los puntos fundamentales de la campaña de los candidatos a diputados durante el año 2015, fueron cambiar de gobierno nacional para poder conjurar la crisis y darnos en Venezuela nuevos poderes públicos, específicamente designar nuevos magistrados y nuevos rectores del CNE. Esa promesa aún no se ha cumplido y por falta de nuevos poderes, que le sirvan al pueblo y no a las camarillas de Maduro, es que nos robaron el referéndum revocatorio, no realizaron las elecciones regionales en la fecha correspondiente y desatan una violencia que ha tronado por los cuatro costados del mundo que hoy se manifiesta solidario con Venezuela. Pero por si eso fuera poco, montaron un circo con rótulo de Constituyente, pisoteando grotescamente, sin una pizca de escrúpulos, nuestra Constitución Nacional y la inteligencia de los venezolanos de todos los sectores del país. Eso fue un fraude, y los primeros que lo saben son los efectivos militares que vieron de cerca y de primera mano esa mascarada que se prestan a apañar, aunque en ello se hunda en un fango lo que queda de prestigio de nuestra Fuerza Armada Nacional.
Participar es darle un certificado de buena conducta a un CNE que produjo este engendro de Constituyente desde donde pretende la tiranía seguir desprestigiando a nuestro país, más de lo que está cuando se nos relaciona con la corrupción, el narcotráfico y el terrorismo.
Participar es entregar el más grande espacio conquistado con votos y sacrificios el pasado 6 de diciembre: la Asamblea Nacional, que es, sin duda, el espacio más importante del país, y en ese espacio se usurpa la soberanía popular.
Venezuela es mucho más que un país en crisis. Venezuela es un pueblo que es capaz de inventar oportunidades para que la crisis deje de ser un peligro, por eso nos movilizamos el pasado 16 de julio y protagonizamos una jornada ejemplar, un plebiscito que contó con el concurso de más de 7 millones 600 mil venezolanos , que dentro y fuera de la patria nos dieron un mandato que no podemos dejar de cumplir y es en esa referencia en la que gravita la posición ética, moral, principista y política que pautó con su arriesgado mensaje a Venezuela, nuestro líder fundador Antonio Ledezma. Hay que cumplir al pie de la letra ese mandato popular. Hay que honrar la memoria de los caídos a los que les decíamos que luchábamos por cambiar esta dictadura por la libertad, no por pasar la página y retornar a un punto superado, como era priorizar unas elecciones que no escaparán a las manipulaciones de un supra poder que estarían reconociendo automáticamente, al nada más inscribir aspirantes a unas magistraturas regionales, que seguramente serán atrofiadas a su antojo por quienes buscan sembrar divisiones en la Unidad, desactivar a la ciudadanía para que abandone la protesta de calle y luego hacer una cirugía caprichosa en las estructuras y competencias de esas gobernaciones.
Estamos a tiempo de salir de esta tragedia sin que nadie de la Unidad se sienta derrotado, porque nos une e identifica la sana y legítima aspiración de vencer el miedo que trata de imponer esta tiranía, con su sectarismo, y sembrando desesperanza entre nosotros. Apelamos a nuestra vocación forjadora de libertad, a nuestro empeño de cambiar esta realidad que no le gusta a más del 90% de los venezolanos, recordándoles a los militares que ellos no integran una fuerza armada castrista, ni chavista, sino venezolanísima, tal como lo fue el 23 de enero de 1958.
Mitzi Capriles de Ledezma