¡Cuidado con la soledad, tristeza y depresión!

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En una apreciación personal en el entorno familiar, social, local de una ciudad de nuestro país y que no dudo que esto se repite en otros espacios, ciudades y sectores de la nación, veo y oigo a personas de sentirse solos o en la familia, algunos con tristeza y melancolía por familiares que se han ido a otros países; frecuentemente lo relacionan directamente con los gobernantes actuales, con el régimen, por la crisis de alimentos, medicinas, entre otros, y en esa gente observo o refieren síntomas y signos de un síndrome depresivo inicial.

Al hablar con la gente o al oír que dicen que tienen problemas con el dormir, poco apetito o mucho, además de ver cierta tristeza en sus ojos e incluso el llanto, la perdida de peso, angustia, ansiedad o desánimo, me hacen corroborar mi apreciación en posibles cuadros depresivo que si no se tratan a tiempo por los respectivos especialistas de la medicina o psicólogos van a tener las consecuencias propias de estos trastornos del ánimo.

Las manifestaciones clínicas de la depresión y en palabras de Hamlet >, se puede relacionar en ocasiones con estados de ánimo desagradables casi todos los días, angustia mental, poco placer, pérdida de interés por las cosas, alteraciones del sueño, disminución del apetito y adelgazamiento, en ocasiones aumento de ganas de comer (hiperfagia), pérdida de energía, disminución del impulso sexual, inquietud, lentitud del pensamiento y de acción, dificultad para concentrarse, indecisión, sentimientos de inutilidad, culpa, pesimismo o pensamientos como muerte o suicidio. En casos avanzados las personas dejan de comer o de mantener los hábitos básicos de aseo personal. A manera de información hay subtipos de depresión como la melancólica (endógena), la atípica y la distimia. Así mismo, son conocidas como unipolar, bipolar, trastornos depresivos mayores (maniacodepresivos) donde hay euforia y depresión; depresión exógena o endógena, entre otras clasificaciones. No esta demás recordar la relación del cerebro con el aparato digestivo y el sistema inmunológico y pensar en el estreñimiento, el cáncer entre otras consecuencias que son atribuibles a cuadros depresivos. Todo esto está estudiado en los avances de la neurociencias, aunque muchos no lo crean .Les invito a profundizar en el tema. No dejen que factores exógenos, como la inflación, el régimen, la oposición, el desempleo, entre muchos otros los depriman o coayuden a las personas con antecedentes depresivos endógenos o genéticos a que reaparezcan los síntomas.

El gobierno nacional, regional, municipal y las diferentes autoridades de salud, quiéranlo o no, tiene mucha responsabilidad en esta crisis humanitaria existente en relación a la salud y la falta de medicamentos. Son los gobernantes con ideologías retrogradas, los incapaces, los comunistas serviles primitivos, la gente ignorantes de la realidad o nosotros mismos los que hemos dejado avanzar que nos quiten la alegría y la esperanza. Por eso el Papa Francisco insistió en decir “no dejen que nos quiten la alegría y la esperanza”, menos un grupo de resentidos que no gobiernan y no han podido darle la mayor felicidad a todo un pueblo, sino a un grupo reducido de serviles.

Hay que estar atentos a nuestros familiares, amigos o nosotros mismos de estos síntomas o signos de posibles de estados depresivos y actuar a su debido tiempo y tratar de ayudarlos, aconsejarlos o auto corregirnos para evitar males mayores a nuestra salud, entorno y sociedad.

Abraham Lincoln, quien durante un período de depresión dijo “Soy actualmente el más miserable de los hombres vivos. Si lo que siento se distribuyera por igual a toda la familia humana, no existiría un solo rostro alegre sobre la Tierra. No sé si alguna vez estaré mejor; tengo el horrible presentimiento de que jamás lo estaré. No puedo seguir viviendo así. Creo que debo morir o mejorar.” No quiero imaginar lo que escribí en los primeros párrafos de este artículo en relación a la extrapolación en otros sitios de Venezuela de lo que he visto y oído en relación a los estados de ánimo de muchas personas en las colas de las entidades bancarias, mercados, abastos, aeropuertos, farmacias, reuniones sociales o en familias de mi nación. Sobre todo mujeres de tercera edad.

Si se sienten solos acudan a su pareja, sus hijos, a sus verdaderos amigos, a un pastor, sacerdote o religioso, al psicólogo, psiquiatra o consejero. Si no tienen a ninguno de estos, el mejor amigo es Dios, la oración, meditación y su fe, es su mejor ayuda. Tal vez al orar los neurotransmisores del cerebro se acomoden y equilibren sus uniones con sus receptores para mejorar los estados del ánimo, emociones, sentimientos o sus creencias. La neurobiología, la genética, la neurociencia, la neuroquímica están logrando avances importantes para mejorar las consecuencias de los estados de tristeza, desamor, depresión, angustia, celos, odio, rabia, entre muchos otros Recordar también que somos humanos y que reaccionamos ante los estímulos, agresiones, insultos, mentiras, engaños, injusticias, indiferencias que percibimos diariamente en nuestro entorno y realidad y en ocasiones nos deprimimos.

Al margen de todo esto, recordar gobernantes, líderes de la MUD, oficialistas, opositores, que el diálogo en Santo

Domingo, conversatorios o congresos ideológicos comunistas serviles o engañosos en Caracas, que “Venezuela somos todos” y no un grupito de personas de la MUD y chavistas los que deciden la voluntad, emociones, necesidades o sentimientos de un pueblo y menos gente pagadas de diferentes países por el oficialismo o cancillería para un congreso o encuentro de pensamiento único, que no representan el sentir y padecimientos de muchos de los que viven en este país del socialismo del siglo XXI, me gustaría que convivieran un tiempo con los de a pie y no con los camaradas de las altas esferas del poder, porque ese comunismo en esa clase, si es igualitario en la Venezuela actual. El pueblo y los camaradas de a pie siguen padeciendo por el poder de los de arriba.

Hacer deporte, caminar, vida social, música, lectura, bailar, pasear es bueno para la salud.
Rubén D. Lopera