¿Hora cero?

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Semanas decisivas vive Venezuela. La Asamblea Nacional ha declarado que con la consulta popular de este 16 de julio está ejerciendo sus competencias y que, junto con la Mesa de Unidad Democrática, reconoce que la soberanía reside en el pueblo y que esta se ejerce a través del sufragio y de mecanismos de participación. Por eso pregunta a los electores si rechazan la constituyente que quiere imponer Maduro sin consulta previa ni sufragio universal, si le demandan a la Fuerza Armada obedecer y defender la Constitución de 1999 y si aprueban convocar elecciones, renovar poderes públicos y conformar un gobierno de unidad nacional.

Jóvenes y sociedad civil atienden la logística, universidades velan por la transparencia, mientras buena parte del Estado le pone todo tipo de trabas a la consulta montándole, incluso, un simulacro simultáneo de apoyo a la constituyente.

Una concurrencia masiva requiere tranquilidad pública. Y lograr que en lugar de constituyente se abra una real negociación de una transición les exige a las distintas vertientes opositoras unificarse en torno al cambio que se desea pactar y presionarlo con una movilización pacífica articulada a la protesta popular y al chavismo disidente. Demasiados retos para pocos días.

La presión interna y externa obligó al régimen chavista a excarcelar al preso político más conocido. Este podría ser un tímido y ambiguo mensaje de apertura, pero también un intento de paralizar la protesta y dividir a la oposición. Además, es un conato por diluir la imagen autoritaria y militarista del régimen, bien ganada con el centenar de muertos y los miles de heridos y detenidos de estos cien días, así como con el asalto a la Asamblea, el asedio a la Fiscalía y el empeño en liquidar a la oposición.

Para asegurar su poder, Maduro trata de frenar la fractura chavista y militar, desmontar las instituciones que lo enfrentan e imponer la constituyente con un sistema electoral monopartidista que le permita triunfar a pesar de ser minoría. Pero el Estado comunal ya fue rechazado en el referendo en el 2007, incluso por sectores chavistas. Entonces, ante el temor de que sus artimañas fracasen, Maduro no vaciló en lanzar tremenda amenaza: “Lo que no se pudo con los votos lo tomaríamos con las armas”.

Si se llega a esos extremos, que la mayoría venezolana no desea, se ahondarían todas las crisis y se desbordarían la ingobernabilidad, la inseguridad y la violencia. La implosión del régimen aumentaría el nivel de la confrontación, haciéndola incluso armada. Algunos militares estarían tentados a dar golpe para evitar procesos en su contra, tanto por violaciones de los derechos humanos, corrupción y enriquecimiento ilícito como para defender sus negocios minero-energéticos, agropecuarios, de agua, comida, construcción, transporte y comunicaciones.

Dos pronunciamientos buscan tender puentes. Un ‘Llamado al entendimiento nacional’ insta a Maduro a suspender el acto electoral del 30 de julio y abrirse a negociar teniendo al Vaticano como mediador y único vocero, y a conformar un grupo de países que garantice el cumplimiento de lo pactado. En otro, dirigentes que se consideran no polarizados reclaman que, en lugar de una confrontación entre dos gobiernos, el paralelo que saldría de la consulta y el autoinvestido con poderes supraconstitucionales, Maduro desista de su constituyente y la oposición renuncie a la consulta y a su exigencia de “¡Maduro, vete ya!”; que, en cambio, acuerden calendario electoral, rescate de la Constitución y vías para enfrentar las crisis y detener la violencia.

Urge apoyo internacional para que los venezolanos puedan construir una pronta salida democrática. Solo así esta “hora cero” podrá ser la hora de la esperanza.
Socorro Ramírez

Fuente: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/socorro-ramirez/hora-cero-cr...