La tragedia de la discoteca Kiss muestra la peor cara de Brasil


El incendio de Santa María y el funcionamiento de los sistemas de control estatales. La organización del Mundial y los Juegos Olímpicos como principales desafíos.

En el transcurso de los próximos cuatro años Brasil será sede de muchos de los principales eventos internacionales. En 2013 albergará La Jornada Mundial de la Juventud con la visita del Papa Benedicto XVI y la Copa de las Confederaciones. En 2014 La Copa Mundial de Fútbol de la FIFA y por último, en 2016, los Juegos Olímpicos. Estos acontecimientos harán que el planeta deposite sus ojos sobre Brasil como nunca antes. Sin dudas el broche de oro para una década de sostenida expansión económica y creciente protagonismo de la nación sudamericana en el escenario internacional.

Esta gran exposición es al mismo tiempo una oportunidad y un desafío. Que algo salga mal, o muy mal, en dichos eventos podría generar un efecto terriblemente contraproducente para la imagen del país.

En Rio de Janeiro la frase “Imagina na copa” cobra cada vez más popularidad. La traducción al español sería “Imagina en la Copa del Mundo” y suele utilizarse cuando el ciudadano común se encuentra ante un hecho particular, muchas veces cotidiano, el cual sería una vergüenza si sucediera durante el mencionado evento. Asaltos a turistas, cortes de luz en aeropuertos, errores burocráticos, actos de corrupción a la vista del público general, medios de transporte retrasados o saturados, y, lo más grave de todo, un incendio de una discoteca que se cobra más de 200 víctimas fatales. “Imagina na copa”, imagina si algo de esto sucede durante el Mundial de Fútbol. A eso se refieren los Cariocas con este “simpático” término.

La tragedia de la disco Kiss desnuda una de las peores caras de Brasil. Si bien catástrofes de este tipo pueden suceder en cualquier país del mundo, en este caso existieron irregularidades que muestran la inefectividad de las estructuras de control brasileñas, en muchos casos contaminadas por la corrupción. Según información distribuida por el comandante del Cuerpo de Bomberos de la Región Central del Estado de Rio Grande do Sul, el aval de funcionamiento del local estaba vencido desde Agosto de 2012. Dicho documento tiene como función principal comprobar que el lugar en cuestión cuente con condiciones que permitan evitar y combatir incendios. ¿Cómo es posible que la discoteca pueda haber funcionado durante casi cinco meses en forma irregular? Una pregunta sin respuesta. Otro factor que profundizó la gravedad de la situación fue que al momento de iniciarse el incendio, y cuando las primeras personas empezaron a “escapar” del establecimiento, el personal de seguridad evitó la salida alegando que no se podría abandonar el lugar sin pagar. ¿Falta de comunicación? ¿Ausencia de procedimientos de emergencia? Existen trascendidos que sostienen que fue el propio jefe del lugar el que solicitó al personal de seguridad impedir la salida de los jóvenes. Quizás la más evitable de las causas de la tragedia fue el hecho que desencadenó el incendio propiamente dicho. Dentro del lugar se desarrolló un espectáculo de pirotecnia, lo cual está prohibido en espacios cerrados. Una suma de hechos desafortunados y evitables que bien podrían haber impedido muertes gratuitas. Si las medidas de seguridad se hubieran respetado los hechos hubieran sido diferentes pero, desafortunadamente, las normas no siempre se cumplen en Brasil.

La noticia viajó como un rayo por el mundo y fue publicada en los principales medios de comunicación internacionales. En efecto, el solo hecho de que este triste episodio haya sucedido en Brasil hizo que la prensa mundial preste particular atención a la tragedia. En un momento en donde la organización de los eventos internacionales anteriormente mencionados son blanco de críticas por demoras en las obras, un hecho de estas características abre más dudas aún sobre la capacidad de las instituciones brasileñas de gestionar en forma eficiente y segura sucesos masivos. Inclusive teniendo en cuenta que la Copa del Mundo se disputará en 12 ciudades, muchas de ellas sin mayor trayectoria en la organización de grandes eventos. El retorno anticipado de Dilma Rousseff de Santiago de Chile, donde se encontraba participando de la cumbre CELAC – Unión Europea, manifiesta la gravedad de la situación.

Brasil ha mostrado grandes conquistas económicas pero la transparencia y la efectividad estatal son aún cuentas pendientes. La de Kiss es una tragedia lamentable y que prende luces de alerta en un país que afronta importantes desafíos de cara a los grandes acontecimientos que albergará en los próximos años.

Por Santiago Pérez desde Rio de Janeiro
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