Redes sociales, también un escaparate de exhibición corporal

Pudor. Una palabra cuyo significado se diluye en las redes sociales. Quizá no colgarías una sábana en tu balcón con tus estados anímicos y tus tragedias diarias, pero seguramente lo hagas en tu muro de Facebook. Lo que antes era íntimo ahora no lo es tanto. Ver y ser visto, ‘voyeurismo’ y exhibicionismo en Internet.

«Con la llegada de Internet no solo podemos ser testigos, sino también protagonistas del dolor propio y ajeno», escribe la investigadora y especialista en nuevas tecnologías Rosalía Winocur en su artículo ‘Sufrimiento y performance en las redes sociales’, publicado en la revista Telos.

Exhibicionismo sentimental

Es común ver cómo nuestros contactos de Facebook o Twitter comentan el día tan desastroso que han tenido, si le han despedido o le han contratado, qué les parece el último escándalo de corrupción, si tienen pareja o problemas sentimentales o, incluso, si han perdido a un ser querido. Aireamos dolor, amor, ideología y traumas. Un escaparate de sentimientos.

Según el periodista digital Mario Tascón, «quien ya tenía tendencia a exhibir su intimidad, con las redes sociales la ha explotado». «No es que el fenómeno surja a raíz de las redes sociales, sino que con ellas se agiganta», afirma.

El periodista estadounidense Jeff Jarvis mantiene una opinión similar. En su último libro publicado ‘Partes públicas’ asegura que compartir lo que pensamos y hacemos no es perjudicial, sino que ayuda a los individuos a tener una vida más plena y con mayores posibilidades de progreso.

Eso sí, matiza su opinión: «Antes de exhibir algo se debe hacer una reflexión previa». Pero, ¿todo el mundo piensa antes de pulsar el botón de ‘publicar’? Según Tascón, ahí reside el problema de los ‘compartidores compulsivos’. «La gente no es consciente de que una vez publica algo, esos datos dejan de ser exclusivamente suyos», apunta.

Exhibicionismo corporal

Pero en la red no sólo mostramos nuestros pensamientos, algunos muestran su físico. Es el caso de Alicia Young, autora del blog 'Los escotes de Alicia'. Tanto aquí como en Twitter —donde ya cuenta con más de 20.000 followers— cuelga, principalmente, fotos de sus escotes. «La idea surge tras una conversación con unas amigas en la que hablábamos de que en Internet el sexo es demasiado explícito, incluso molesto. Se ha perdido el erotismo y pensé que esta era una buena manera de recuperarlo», cuenta esta bloggera. Pero, ¿por qué los pechos? «Simplemente tengo muchas camisetas, las guardo todas. Tengo algunas incluso de cuando tenía ocho años. Era una manera de enseñarlas», añade.

Alicia asegura que no es una persona superficial ni demasiado preocupada por su físico: «No voy de 'qué guapa soy' o 'qué buena estoy'. Sólo trato de mostrar un lado sexy y aprovecho para crear comunidad. Hablamos de todo. De hecho, el típico comentario de 'vaya tetas' no tiene cabida en mi página».

Esta tuitera empedernida, sin embargo, es muy celosa de su privacidad. Utiliza nombre falso y nunca muestra su cara. «Todos tenemos cosas que guardar, no soy partidaria de mostrar mi vida íntima en las redes sociales. Creo que es más peligroso el exhibicionismo emocional que el corporal», sentencia.

Suicidarse en la era Facebook

«Hace frío y prefiero morir que vivir solo», escribió el rapero Freddy E. en su Twitter momentos antes de dispararse en la cabeza con un rifle. La taiwanesa de 31 años Claire Lin retransmitió por su cuenta de Facebook su suicidio por asfixia con una parrilla de carbón encendida: «Es muy tarde. Mi cuarto está lleno de humo. Acabo de subir otra foto. Aunque me estoy muriendo todavía quiero FB (Facebook). Debe ser veneno de FB. ¡Ja, ja!» fue su último mensaje.

Y está el caso de la adolescente Amanda Todd, quien publicó un vídeo en Youtube en el que se podía leer «No tengo a nadie, necesito a alguien… Mi nombre es Amanda Todd». Un mes más tarde se suicidó. Pero la red, como afirma Rosalía Winocur en su artículo, «no solo actúa como catalizador simbólico del sufrimiento cotidiano, sino también como defensa frente al olvido».

Fuente: http://www.gonzoo.com/zoom/story/exhibicionismo-2-0-153/