Panorama: Así se llevan la gasolina a Colombia (Fotos)


El bramido de los motores de lanchas cargadas con bidones de combustible se escucha entre los matorrales espesos de la Guajira venezolana. En apenas diez minutos pasa una, y otra, y otra. Con habilidad de marinos experimentados sus tripulantes serpentean las aguas marrones de uno de los afluentes más caudalosos del Zulia.

El disparador de la cámara fotográfica no para de captar una realidad. Todo un documento gráfico que no deja lugar a dudas.

A las 10:00 de la mañana de un día cualquiera el río Limón parece una autopista “inflamable”.

Pasa ante los ojos de todos. En los caminos verdes de la Guajira, a unos cien kilómetros de Maracaibo, el contrabando de gasolina es una forma de vida.

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Desde muy temprano y hasta entrada la noche, decenas de pimpinas de plástico son apiladas en el dique del río Limón, vena de agua que atraviesa los municipios Mara y Guajira y que es usado como “vehículo” para sacar gasoil y gasolina a Colombia.

Tan solo en una de las trochas ubicadas en Las Piedras, en la vía hacia La Lima y El Colorado, en la parroquia Elías Sánchez Rubio, una de las cuatro que integran el municipio Guajira, unos 150 camiones, en su mayoría 350, se abastecen a diario. La rutina se repite y desde que el sol se asoma hasta caer el ocaso, el combustible “mana” en la clandestinidad.

Es un secreto a voces. Aalgunos les inspira miedo hablar. Otros han aprendido a convivir con el paso de los traficantes. “A nosotros nos da miedo enviar a nuestros hijos a la escuela porque esos camiones pasan todo el tiempo y los pueden atropellar”. La preocupación de Dorila González, una madre wayuu de 24 años, deja ver una de las caras poco visibles de esta realidad.

Agrupados bajo el inclemente sol de la Guajira, quienes ejercen esta actividad ilícita se justifican al decir: “Con esto no estamos haciéndole daño a nadie, es un trabajo, preferimos hacer esto que estar pasando hambre, aquí no hay trabajo”.

Toda una red opera con precisión milimétrica desde que el combustible sale de las estaciones de servicio hasta que es pasado por el río y es llevado a los rudimentarios embarcaderos. ¿Y cuál es el principio de la cadena? “Muchos de esos carros de pasajeros se ‘bandean’ vendiéndole gasolina a los bachaqueros y de esta manera compensan un día flojo”, suelta con naturalidad un poblador acostumbrado a ver el contrabando del inflamable en la Guajira.

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“Embalsar”, la palabra es común para los contrabandistas de gasolina en la frontera. ¿Qué significa? amarrar los bidones de combustibles como si se tratara de una tira de chorizos para pasarla de un lado a otro del río. En la otra orilla un contingente de camiones 350, en su mayoría, esperan en fila para cargar “el oro” volátil.

En la parte alta del dique de barro, levantado para contrarrestar la bravura del río en temporada de lluvias, hombres, niños y adolescentes aguardan para embarcar los envases. La faena es un ritual que transcurre a toda velocidad.

“Esos camiones que viajaron anoche todos los días les hacen servicio para ir a cargar nuevamente”, afirma un habitante de la vía, mientras señala uno de los pulilavados donde pueden verse camiones empleados para el “bachaqueo”. Las unidades son acondicionadas a diario.

Lejos de pensarse que son vehículos deteriorados, los camiones que hacen fila para abastecerse de la mercancía, son nuevos, lo que da cuenta de las onerosas ganancias dejadas por el comercio ilegal del carburante.

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Una carga de 3.500 galones cuesta en Venezuela unos 1.700 bolívares. En Colombia, se eleva hasta 19 veces más y puede llegar a 34.000 bolívares. En Venezuela un litro de gasolina de 95 octanos está fijado en 0,97 bolívares; y la de 91 octanos en 0,80.

Para tener una idea, una botella de agua mineral de 900 mililitros se vende hasta en 10 bolívares, lo que lleva al país, que produce unos tres millones de barriles de petróleo por día, a elaborar la gasolina más barata del mundo.

Las autoridades militares venezolanas han emprendido operativos para tratar de contrarrestar el “desangramiento” registrado en el territorio nacional. La tarea es titánica, y pese a los controles, el contrabando no se detiene, tal como queda demostrado en estas imágenes captadas en uno de los caminos verdes.

“El contrabando se ha convertido en una actividad económica en la Guajira. Antes era más común otro tipo de delitos como el robo de carros o el cobro de vacunas. Hay mucho dinero de por medio y todos los involucrados comen de eso”.

La frase resulta repetitiva entre los pobladores de los 2.219 kilómetros de frontera con Colombia y para quienes el contrabando de combustible resulta más que un delito, un modo de vida.

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El bramido de los motores de lanchas cargadas con bidones de combustible se escucha entre los matorrales espesos de la Guajira venezolana. En apenas diez minutos pasa una, y otra, y otra. Con habilidad de marinos experimentados sus tripulantes serpentean las aguas marrones de uno de los afluentes más caudalosos del Zulia.

El disparador de la cámara fotográfica no para de captar una realidad. Todo un documento gráfico que no deja lugar a dudas.

A las 10:00 de la mañana de un día cualquiera el río Limón parece una autopista “inflamable”.

Pasa ante los ojos de todos. En los caminos verdes de la Guajira, a unos cien kilómetros de Maracaibo, el contrabando de gasolina es una forma de vida.

Desde muy temprano y hasta entrada la noche, decenas de pimpinas de plástico son apiladas en el dique del río Limón, vena de agua que atraviesa los municipios Mara y Guajira y que es usado como “vehículo” para sacar gasoil y gasolina a Colombia.

Tan solo en una de las trochas ubicadas en Las Piedras, en la vía hacia La Lima y El Colorado, en la parroquia Elías Sánchez Rubio, una de las cuatro que integran el municipio Guajira, unos 150 camiones, en su mayoría 350, se abastecen a diario. La rutina se repite y desde que el sol se asoma hasta caer el ocaso, el combustible “mana” en la clandestinidad.

Es un secreto a voces. A algunos les inspira miedo hablar. Otros han aprendido a convivir con el paso de los traficantes. “A nosotros nos da miedo enviar a nuestros hijos a la escuela porque esos camiones pasan todo el tiempo y los pueden atropellar”. La preocupación de Dorila González, una madre wayuu de 24 años, deja ver una de las caras poco visibles de esta realidad.

Agrupados bajo el inclemente sol de la Guajira, quienes ejercen esta actividad ilícita se justifican al decir: “Con esto no estamos haciéndole daño a nadie, es un trabajo, preferimos hacer esto que estar pasando hambre, aquí no hay trabajo”.

Toda una red opera con precisión milimétrica desde que el combustible sale de las estaciones de servicio hasta que es pasado por el río y es llevado a los rudimentarios embarcaderos. ¿Y cuál es el principio de la cadena? “Muchos de esos carros de pasajeros se ‘bandean’ vendiéndole gasolina a los bachaqueros y de esta manera compensan un día flojo”, suelta con naturalidad un poblador acostumbrado a ver el contrabando del inflamable en la Guajira.

“Embalsar”, la palabra es común para los contrabandistas de gasolina en la frontera. ¿Qué significa? amarrar los bidones de combustibles como si se tratara de una tira de chorizos para pasarla de un lado a otro del río. En la otra orilla un contingente de camiones 350, en su mayoría, esperan en fila para cargar “el oro” volátil.

En la parte alta del dique de barro, levantado para contrarrestar la bravura del río en temporada de lluvias, hombres, niños y adolescentes aguardan para embarcar los envases. La faena es un ritual que transcurre a toda velocidad.

“Esos camiones que viajaron anoche todos los días les hacen servicio para ir a cargar nuevamente”, afirma un habitante de la vía, mientras señala uno de los pulilavados donde pueden verse camiones empleados para el “bachaqueo”. Las unidades son acondicionadas a diario.

Lejos de pensarse que son vehículos deteriorados, los camiones que hacen fila para abastecerse de la mercancía, son nuevos, lo que da cuenta de las onerosas ganancias dejadas por el comercio ilegal del carburante.

Una carga de 3.500 galones cuesta en Venezuela unos 1.700 bolívares. En Colombia, se eleva hasta 19 veces más y puede llegar a 34.000 bolívares. En Venezuela un litro de gasolina de 95 octanos está fijado en 0,97 bolívares; y la de 91 octanos en 0,80.

Para tener una idea, una botella de agua mineral de 900 mililitros se vende hasta en 10 bolívares, lo que lleva al país, que produce unos tres millones de barriles de petróleo por día, a elaborar la gasolina más barata del mundo.

Las autoridades militares venezolanas han emprendido operativos para tratar de contrarrestar el “desangramiento” registrado en el territorio nacional. La tarea es titánica, y pese a los controles, el contrabando no se detiene, tal como queda demostrado en estas imágenes captadas en uno de los caminos verdes.

“El contrabando se ha convertido en una actividad económica en la Guajira. Antes era más común otro tipo de delitos como el robo de carros o el cobro de vacunas. Hay mucho dinero de por medio y todos los involucrados comen de eso”.

La frase resulta repetitiva entre los pobladores de los 2.219 kilómetros de frontera con Colombia y para quienes el contrabando de combustible resulta más que un delito, un modo de vida.

Margioni Bermúdez
Ver todas las fotos en: http://www.panorama.com.ve/portal/app/vista/detalle_noticia.php?id=23028

YU

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