Independencia energética de Cuba le saldría muy cara a Venezuela


Para La Habana es un negocio redondo. Pone los terrenos y unas instalaciones anticuadas, venidas a menos por falta de uso, y obtiene tres refinerías modernas, una planta de regasificación y otras de amoníaco y urea. Para Caracas no lo es tanto. Asume obligaciones por más de $15,000 millones a cambio de una participación en una plataforma industrial que no necesita y que, en vez de brindarle beneficios tangibles, le resta capacidad para financiar las obras requeridas en Venezuela para apuntalar su alicaída industria petrolera.

El proyecto de expansión del sector energético y petroquímico cubano -de concretarse- podría convertirse en uno de los mayores regalos ofrecidos hasta ahora por el gobierno bolivariano al régimen de Raúl Castro, en un gigantesco acto de magnanimidad que acercaría a la isla a su tan deseada independencia energética pero que abultaría aún más el pesado endeudamiento de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA).

Es un proyecto que, según expertos de la industria petrolera, carece de sentido para Venezuela.

“Eso es una locura”, advirtió el ex director de PDVSA, Gustavo Coronel en declaraciones a El Nuevo Herald.

“Desde el punto de vista comercial, Venezuela no tiene nada que buscar allá. El problema está en esa alianza perversa, puramente política, entre Cuba y Venezuela mediante la cual Cuba obtiene prácticamente todo lo que le pide a Venezuela”, enfatizó.

PDVSA no respondió a las solicitudes de entrevista realizadas por El Nuevo Herald.

Según un informe escrito para el presidente Hugo Chávez a mediados del 2011, Venezuela se comprometió a conseguir el financiamiento para los proyectos de refinación y petroquímicos adelantados por las empresas cubanovenezolanas Cuvenpetrol y Cuvenpeq, en cumplimiento con los convenios establecidos por los gobiernos de los dos países.

Estos proyectos incluyen la expansión de la refinería de Cienfuegos, la construcción de una Planta de Regasificación GNL, la construcción de una nueva refinería en Matanzas, la construcción de una planta de amoníaco y otra de urea y la expansión de la refinería “Hermanos Díaz” en Santiago de Cuba.

El financiamiento de estos proyectos –valorados preliminarmente en unos $15,000 millones- provendría de Venezuela, para lo cual PDVSA debería aportar unos $2,250 millones de sus propios fondos y endeudarse por otros $12,750 millones, colocando cientos de millones de barriles de petróleo como garantía.

PDVSA, el principal motor de la economía venezolana, ya opera bajo una pesada deuda estimada en más de $47,000 millones.

Los proyectos deberían haber comenzado a construirse en el 2012 y estar cerca de la etapa de culminación para el 2016, pero la enfermedad del presidente Hugo Chávez, y los elevados niveles de endeudamiento de Venezuela, parecen haberse convertido en un obstáculo.

Fuentes cercanas a la situación citadas por la agencia de noticias Reuters dijeron que la expansión de la refinería de Cienfuegos enfrentaba dificultades en medio de las preocupaciones del gobierno chino -que debía prestarle los fondos a Venezuela- sobre la salud de Chávez y sobre las garantías de suministro de gas y de crudo.

Según las fuentes de la agencia, los chinos nunca llegaron a firmar el acuerdo final para financiar el proyecto, valorado en $4,500 millones por el documento, pero cuyo monto fue reportado por Reuters en $6,000 millones.

Esa negativa está llevando a Cuvenpetrol a a tratar de conseguir otros financistas para la ampliación de la refinería, que llevaría su capacidad de procesamiento a 150,000 barriles diarios desde los actuales 65,000, reportó la agencia de noticias.

Pero la salud de Chávez, a quien nadie ha visto públicamente desde el 8 de diciembre, no es el único tema de preocupación.

También existen una serie de razones técnicas que le restan coherencia al proyecto de Cienfuegos, cuyas instalaciones fueron construídas en 1990 por la ex Unión Soviética pero que no llegaron a tener gran uso debido a que Moscú suspendió los envíos de crudo pocos meses después.

Una serie de informes elaborados por equipos técnicos enviados por Chávez a Cuba para evaluar la factibilidad del proyecto, concluyeron que Venezuela no tenía nada que buscar en la refinería de Cienfuegos.

“Venezuela no podrá recuperar la inversión que realice para reabrir la refinería cubana de Cienfuegos”, afirmó en el 2006 el ex presidente de PDVSA Guaicaipuro Lameda, resumiendo los estudios de factibilidad hechos por la empresa estatal bajo pedido de Chávez.

“Los números no daban” para ejecutar el proyecto, reiteró Lameda, quien estuvo a cargo de la empresa estatal cuando se realizaron los estudios para Chávez.

Pero la inviabilidad económica nunca fue un tema de preocupación para el mandatario venezolano, quien había recibido constantes solicitudes del régimen de La Habana para que le ayudara a construir las instalaciones en la isla, comentó el analista Antonio De La Cruz.

“Fidel [Castro] siempre ha sido muy bueno en quitarle el dinero a los demás, les sacó provecho a los rusos, después se aprovechó de los europeos y los canadienses para que se metieran en la industria turística y cuando llegó Chávez se dijo: aquí hay una gran oportunidad”, afirmó De La Cruz.

“Fidel siempre le insistió a Chávez para que le ayudara a reconstruir las refinerías para poder producir gasolina y otros derivados. Al personal técnico de PDVSA nunca le pareció una buena solución, pero a Chávez eso no le importaba”, agregó.

China, sin embargo, debió haber visto el planteamiento con otros ojos.

“Los chinos deben tener el mismo cuestionamiento [de los técnicos de PDVSA]. Deben de haber dicho: pero si son instalaciones muy obsoletas. Eso es como si tuvieras un carro de los años cincuenta, y pidieras que te lo modernicen. Tú preguntarías: ¿Por qué no simplemente te compras una refinería nueva?”, señaló De La Cruz.

De hecho, Cuba esperaba que Venezuela también hiciera precisamente eso.

Los planes obtenidos por El Nuevo Herald muestran que adicionalmente al proyecto de Cienfuegos, Venezuela se comprometió a construir una nueva refinería de 150,000 barriles diarios en Matanzas por un costo de entre $7,385 millones y $8,180 millones.

Bajo el plan, PDVSA debería financiar un 15 por ciento de sus fondos y conseguir préstamos, garantizados con petróleo, por el restante 85 por ciento.

El esquema de financiamiento también era contemplado para la construcción de una planta de regasificación con capacidad de procesar anualmente 1.03 millones de toneladas de gas natural licuado, a un costo de $1,430 millones, y la construcción de una planta de amoníaco y otra de urea, por otros $1,700 millones.

Adicionalmente, los planes contemplaban la participación venezolana en la expansión de la refinería Hermanos Díaz, proyecto por $622 millones que llevaría la producción de las instalaciones a 50,000 barriles diarios desde los actuales 22,000.

Venezuela no tiene necesidad de involucrarse en nada de eso, dijo Juan Fernández, ex director ejecutivo de planificación de PDVSA.

“Hablan de $15,000 millones pero eso va a costar más, probablemente 30 o 40 por ciento más, y son montos que están siendo comprometidos cuando la producción de petróleo de Venezuela está cayendo, las refinerías venezolanas operan con problemas y requieren de inversiones y el país enfrenta un problema importante con el suministro de gas”, comentó Fernández.

“Y con ese panorama energético interno, ¿te vas a meter a hacerle la industria de refinación a los cubanos? Eso es económicamente incomprensible”, puntualizó.

Fuente: Elnuevoherald

EA

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