Devaluación 2013, la recaída del bolívar


Imagen de José Antonio Puglisi

La historia se repite, hay que devaluar el bolívar. Una medida que, al ser pronunciada, aún eriza la piel de los venezolanos que tuvieron que vivir el trágico y recordado “Viernes Negro”. Las promesas de una economía blindada, de una moneda “fuerte” y de un futuro mejor son mentiras que encajan a la perfección en el discurso chavista, pero que son incapaces de engañar a las matemáticas o a los mercados internacionales.

Aunque la medida aún no se ha decretado, todos los indicadores apuntan a que Venezuela empezará el año con una devaluación de su moneda frente al dólar norteamericano. En este sentido, el control de cambio que, durante la última década, ha defendido el gobierno de Hugo Chávez para evitar la fuga de los capitales nacionales demuestra, una vez más, su inviabilidad económica y pone en peligro las finanzas de las familias venezolanas.

Lo que grupos oficialistas tildan de rumores, en realidad son las conclusiones realizadas por prestigiosas instituciones financieras, analistas y empresarios; todos ellos coincidiendo en un mismo punto: a inicios de 2013 se devaluará el bolívar. El banco de inversión Barclays, por ejemplo, asegura en un informe que “seguimos esperando que el gobierno hará una devaluación de la moneda y cortes de gastos para re-balancear las cuentas fiscales”. ¿Por qué están tan seguros?, pues es bastante simple, el gobierno de Venezuela necesita de esta medida para poder reducir el déficit fiscal y aliviar la actual presión que existe sobre el mercado cambiario; donde encontrar dólares es tan complicado como entrar en un supermercado donde no exista desabastecimiento.

El actual desajuste de la economía está vinculado a las pésimas políticas económicas de la nación caribeña, ya que las arcas estatales se han visto menguadas por el alto gasto público previo a las elecciones presidenciales y el que está previsto para los comicios del 16 de diciembre. Lo que, grosso modo, se traduciría en un déficit fiscal entre 15% y 19,8% del Producto Interno Bruto para 2012, según Barclays y la firma Ecoanalítica.

Con todos los indicadores apuntando hacia una posible devaluación, la “revolución” mira hacia otro lado y afirma que las “variables macroeconómicas están bastantes estabilizadas y la política cambiaria está funcionando”. Una opinión que, con toda certeza, no comparten aquellas empresas del sector privado que deben esperar meses para recibir las divisas necesarias para la importación y cuyos retrasos se traducen en pérdidas en la producción y endeudamientos con los proveedores. En cualquier caso, la postura del gobierno de Hugo Chávez era de esperarse y se mantendrá hasta inicios de 2013 por varios motivos.

En un primer lugar, anunciar la necesidad de devaluación dejaría en evidencia el exagerado gasto público empleado para la campaña de reelección presidencial; lo que, a su vez, degeneraría en una pérdida de votos en los próximos comicios regionales previstos para el mes de diciembre. Asimismo, reconocer esta medida afectaría al sector comercial, frenando las importaciones en una fecha estratégica como son las festividades decembrinas.

En este sentido, el Gobierno esperará hasta inicios de 2013 para anunciar la devaluación, precisamente cuando los nuevos gobernantes regionales hayan asumido sus cargos y los candidatos oficialistas no se vean perjudicados por el descontento popular a la medida económica. Por el contrario, la población venezolana será la que salga perjudicada, ya que durante el próximo año las familias del país deberán hacer frente a un incremento en la tasa de la inflación (índice que durante los últimos dos años ha superado el 25%), sobrevivir a la pérdida del poder adquisitivo y acostumbrarse al desabastecimiento y la necesidad. Una historia que, una vez más, se repite en Venezuela.

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