El peligro de una jauría sin líder


Imagen de José Antonio Puglisi

Hay quienes consideran que muerto el perro se acabó la rabia. Sin embargo, dentro de la política no resulta tan sencillo. Las ideologías no fallecen junto con sus creadores, sino que, por el contrario, los pensamientos flotan sin norte, modificándose por valoraciones y suposiciones individuales. Esto supone un gran peligro, sobre todo cuando estos mensajes son alterados con una finalidad o interés específico. En este sentido, no habrá nada más macabro que utilizar el pensamiento de quien no puede defenderse para asegurar que: “A Chávez le hubiese gustado que… el Presidente creía necesario hacer… Cumpliremos el sueño de Chávez al…”. Frases que, si bien son el fuerte de la campaña oficialista, ya se utilizaron desde antes del fallecimiento de Hugo Chávez.

La manipulación de los ideales es todavía más peligrosa cuando se cuenta con un brazo armado bajo su órdenes y que, carente del líder original, puede ser redirigido por quienes desean asumir el poder. En este sentido, bajo la tutela de Hugo Chávez se creó un movimiento “armado pero pacífico” que se movilizaba o se replegaba según el interés del mandatario. Ahora, esa jauría sigue presente en el país, con el entrenamiento y el armamento necesario para causar grandes estragos en la sociedad venezolana, pero inseguros sobre a quién deben obedecer. Por el momento, el jefe sigue siendo Chávez, pero esa bandera puede cambiar de mano en mano según la habilidad política de los propios miembros del PSUV y con el fanatismo a la vuelta de la esquina.

El socialismo del siglo XXI quedará, entonces, en las manos de un grupo que se dedica a llorar desgarrado frente a las cámaras de televisión, pero que luego se reúne para repartirse el poder y trazar estrategias que le permitan seguir a la presidencia por las buenas o por las malas. No por casualidad, a menos de una semana de la muerte de Chávez, ya se distribuían por la capital gorras con el eslogan: Maduro Presidente y el logo del corazón utilizado en las últimas elecciones presidenciales.

Esta obsesión por el poder y la presencia de grupos armados oficialistas (contabilizados en más de 125.000 efectivos) son una mezcla mortal, aún más cuando se le intenta dar un carácter emotivo y no racional a la figura de Chávez. En lugar de respetar su imagen como militar, político o simplemente presidente, los representantes del Gobierno han buscado convertirle en un santo y su pensamiento en una religión. De esta manera, han apostado por crear su propia versión de un faraón caribeño, uno que no envejecerá y verá el paso de los años desde su ataúd de cristal. Un misticismo que, en lugar de apostar por una visión de futuro y progreso, se concentra en la muerte y el pasado. Entonces, parece idóneo recordar cuando Francisco de Quevedo advirtió que “cuando decimos que todo tiempo pasado fue mejor, condenamos el futuro sin conocerlo”.

Aún Venezuela está a tiempo de tomar el camino del futuro. En lugar de apostar por modelos tiránicos como el de otras momias embalsamadas de la política como Vladimir Lenin, Horloogiyn Choibalsan, Klement Gottwald, Joseph Stalin, Ho Chi Minh, Kim II Sun, Kim Jong II, Eva y Juan Domingo Perón y Mao Zedong, entre otros. Todos ellos con característica en común, el establecimiento o promoción de gobiernos totalitarios y populistas que, visto con la experiencia del tiempo, sólo sirvieron para empobrecer y retrasar a sus ciudadanos. Un claro ejemplo de la antítesis de las democracias.

A un mes de las elecciones, los oficialistas están mostrando los colmillos para no soltar el poder. En los discursos de Nicolás Maduro no han tardado en aparecer el tono ofensivo, discriminatorio y vulgar empleado por Chávez. Si hasta la fecha no ha amenazado con esa fuerza “armada pero pacífica” es porque se siente respaldado por la mayoría de la población. Una sensación que podría desvanecerse con el paso de los días, ya que él no es Chávez y su única propuesta ha sido mencionarle una y otra vez. Entonces, cuando se sienta perdido, intentará ponerse a la cabeza de esa peligrosa jauría que condena a las armas con quienes no coinciden en votos.

@JosePuglisi

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