El opio de los pueblos

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¡A lo que ha llegado el socialismo en el siglo XXI! En vez de la plusvalía invoca a la Virgen de Coromoto y a los espíritus de la llanura.
No cita a Engels o Gramsci, sino las bienaventuranzas, como si fueran la base del marxismo. Algo anda mal cuando abandona toda pretensión de ser científico. Ni en sus momentos finales, aguardando que lo mataran, el Che invocó a los santos, en la Sierra Maestra no hay fotos de Fidel, Raúl, o de cualquier comandante, con un rosario en el cuello, según acostumbraban los guerrilleros humildes.

Este socialismo abandonó cualquier pretensión de expresar la marcha invencible de la historia, su poder reside en el más allá, en el opio de los pueblos, en las fuerzas oscuras del destino. ¿Alguien imaginó que el socialismo del siglo XXI encendiera la cruz del Ávila fuera de la fecha acostumbrada? Colocado en un callejón sin salida, víctima de una enfermedad que le restará fuerzas, a menos que estemos viviendo una puesta en escena, sólo queda confiar en los milagros, en que se aparezca José Gregorio Hernández en persona con una franela roja, para lograr una recuperación milagrosa, pero la mayoría de los dirigentes chavistas, que nunca han sido cristianos fervientes, llevan la procesión por dentro, deben maldecir el destino y esta enfermedad terrible que les impide una victoria electoral.
El propio Presidente se comporta como cualquier persona, no como el superhombre de Nietzsche. Es humano, demasiado humano. No acepta la muerte al estilo de los grandes mártires del comunismo como el autor de El reportaje al pie del patíbulo de Julius Fucik, escrito aguardando la muerte.
Otra vez Chávez intenta demostrar que gobierna desde La Habana sin que se le escape un detalle. Nos enteramos de que al Presidente le prepararon un consomé, y nos informa que le servirán una sopa de auyama y que se levanta temprano para hacer ejercicios, como cualquier viejo soldado, en realidad debió decir como cualquier viejo, civil o soldado.
Fuera de Venezuela renació el interés por la suerte de Chávez; desde hacía tiempo no se publicaban noticias de Chávez en El País de España, y ahora no pasa una semana sin que aparezca alguna. Al chavismo lo indigna que el país especule sobre la enfermedad. A falta de informaciones convincentes dadas por médicos de prestigio, los rumores vuelan de un lado a otro, lo que parece para los voceros chavistas una impiedad, en una actitud semejante a los que se indignan en otros lugares cuando se viola un tabú, como si la enfermedad fuera un asunto religioso, y constantemente se habla de que el amor, la fe, el carisma del Presidente derrotará a este nuevo enemigo, en una actitud que nadie imaginaría en un Fidel Castro, Marx o el propio Nietzsche.
Esta actitud es derrotista, provoca un culto a la personalidad que, salvando las distancias, recuerda al de Corea del Norte; hasta ocasionalmente se derrama alguna lagrimita y nadie recuerda aquello de socialismo o muerte, ese eslogan sería mentar la soga en casa del ahorcado. Chávez no quiere ni pensar en la posibilidad de que otro sea el candidato del PSUV, evita que surja un sucesor, pero el tratamiento que se anuncia quizá lo obligue, si quiere sobrevivir, al reposo.
Chávez quiere seguir siendo irreemplazable. ¿Hasta cuándo? Esperemos el próximo capítulo de esta telenovela, real, trágica.
La religión dejó de ser el opio de los pueblos.
¡Qué cosa!

Fuente: El Nacional