Apaguen la luz, ordena Miraflores

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Nunca está más oscuro que cuando no va a amanecer, o usted anda de noche por Venezuela. ¡Apaguen las luces, ordenó Miraflores! Apenas algún farol proyecta una iluminación desmayada por las avenidas de El Cafetal. Nos acostumbramos a la oscuridad por las calles y a que el Presidente pase más tiempo en La Habana que en Caracas.
El Gobierno unió a todas las empresas eléctricas y volvió inmanejable el sector, Edelca y la antigua Electricidad de Caracas y otras empresas que estaban bien administradas se contagiaron con la antigua Cadafe. Gastan millones en construir plantas de generación de electricidad que no funcionan adecuadamente, le queda entonces una sola solución: apagar el país.
El pecado original de Corpoelec no tiene redención: el socialismo del siglo XXI no sacó las lecciones del socialismo del siglo XX sobre los males del burocratismo, la centralización, los proyectos monstruosos, ese es el marxismo de la brujería y el voluntarismo, el opio del venezolano.
Estamos a oscuras sobre la salud del Presidente y las tinieblas invaden las ciudades, ignoramos la verdad sobre las reservas, el gasto público y se nos pide que creamos que basta con la voluntad y la fe revolucionaria para curar un tumor, cuando todo depende del tipo de cáncer que sufra.
Algo no se puede ocultar, los crímenes que conmueven al país. Secuestran a un diplomático, agentes del Cicpc matan a la hija del cónsul de Chile en Maracaibo, asesinan al manager de Caramelos de Cianuro, tememos que nos maten en la puerta de nuestras casas ya sea que vivamos en un barrio o en una urbanización acomodada. El hombre nuevo mata a sus víctimas de 30 balazos, le divierte malgastar las balas, dispara sin necesidad, carece de humanidad. Sólo hay una forma de disminuir los riesgos de vivir en Venezuela: emigrar, manejar un vehículo destartalado, no usar relojes ni celulares llamativos, pasar inadvertido.
Con la vida en juego, al elector no le preocupan tanto las calles llenas de huecos, los puentes que se caen, la ruina de la agricultura, las cientos de compañías que abandonan el país, la paralización de las empresas básicas Venalum, Bauxilum, Sidor, etcétera. Nos abruma la imperiosa urgencia de salvar la vida. Lo demás parece secundario.
El Presidente ha ignorado el tema de la inseguridad durante 14 años, nunca lo menciona. Desapareció la PM, que con sus limitaciones y corrupción era mejor que nada, la policía no entra a los barrios, no se imponen límites a la circulación de los motorizados, no se invierten recursos en seguridad, se libera a los presos más peligrosos. Queda sacar una conclusión, oficialmente se considera que ese clima de acoso hacia la clase media ayuda al socialismo, sirve para aterrar a sus enemigos y para que los jóvenes profesionales, poco partidarios del chavismo, abandonen Venezuela. Una idea monstruosa, pero ¿qué otra explicación queda ante tanta indiferencia presidencial? Avanza una campaña presidencial con un candidato fuera del país, caso único en la historia de América Latina y que muestra asombrosa y terriblemente el poder del líder sobre sus lugartenientes, que aceptan lo inaceptable. ¿Qué le queda al resto del país? Mandar mensajitos por Twitter.
Nunca ha sido mayor la incertidumbre en Venezuela, si eso es lo que quería Chávez o es su última voluntad no puede quejarse, lo está logrando.

Fuente: El Nacional