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Fernando Egaña

No se puede o sí se puede

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A cada rato uno se topa con declaraciones de personas reconocidas, sobre todo en el campo del derecho, en las cuales afirman, a veces no sin cierta jactancia, que tal anuncio de la hegemonía no se puede llevar a cabo porque es ilegal o inconstitucional, o que tal ejecutoria de la hegemonía no se puede continuar por las mismas razones, o que tal hecho cumplido de la hegemonía no se puede aceptar y tiene que ser revertido de inmediato, por las razones ya expuestas.

Radicales y fanáticos

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En Venezuela hay un “debate”, por llamarlo de alguna manera, en el cual se cataloga a los participantes de la dinámica política de moderados o radicales. Los primeros serían los prudentes, los sensatos, los incluyentes, los que mejor entienden lo que pasa y debe pasar; los segundos serían los extremistas, los intolerantes, los polarizantes, los que son incapaces de ver más allá de su estrecho radio de opiniones o actitudes.

¿Poderío nacional?

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En tiempos relativamente recientes, el señor Chávez no pierde ocasión para proclamar el "poderío nacional" que la "revolución" le habría amasado a Venezuela. Es el latiguillo preferido de la temporada y de seguro lo será en esta extraña campaña electoral.
Incluso plantea que "están trabajando para reforzar, aún más, el poderío nacional de la patria". Es decir, que dicho poderío es un hecho, que es una consecuencia de su control del poder, y que lo continúan incrementando, de ser eso posible...

La angustia de las tribus

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Una de las consecuencias más notorias del desmoronamiento institucional que ha ocurrido en Venezuela con la “revolución bolivarista”, es que la tribu depredadora se haya convertido, una vez más en la historia, en el factor político crucial para sostener y ejercer el poder. Las remotas montoneras del siglo XIX tienen su herencia diferida en las tribus oficialistas del XXI. Sólo la relativa fortaleza de un estado de derecho y su configuración institucional, habían logrado contener y hasta debilitar el fenómeno tribal –por lo menos durante importantes trechos del siglo XX.

El poder de la desinformación

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Como la información es una fuente primaria de poder político, la satrapía censura, miente, desinforma, intimida y propagandea para tratar de mantenerlo. No se debe subestimar, por tanto, el poder de la desinformación. Pongamos el caso actual de la enfermedad del señor Chávez. ¿Acaso se ha informado oficial y públicamente sobre la naturaleza específica del cáncer que le aqueja? No.

Derrocamiento por la fuerza

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El peligroso delirio que envuelve al conflicto político venezolano es de tal naturaleza, que el propio jefe de Estado en funciones hace llamados públicos, notorios y comunicacionales para la eventual defenestración violenta de un eventual gobierno surgido de la voluntad popular, que no sea de su agrado o satisfacción. En otras palabras, ante el escenario de perder las elecciones del 2012, el señor Chávez ya proclama la necesidad de una sublevación para acabar con cualquier presidencia distinta a la suya.

Los contenedores: el nuevo símbolo de la “revolución”

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El que contenedores de alimentos importados por organismos estatales de la “revolución bolivarista” terminen abandonados en puertos y almacenes, y se pudran miles de toneladas de productos básicos, no es un hecho nuevo ni mucho menos, aunque ahora las noticias correspondientes sí alcancen el estatus de escándalo nacional. Ya van, por cierto, más de 70.000 toneladas en esta temporada… que se sepa...

El último de los pioneros

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A un mes de cumplir la venerable edad de 94 años, acaba de fallecer en Caracas el dos veces presidente Constitucional, Rafael Caldera, uno de los líderes políticos más importantes del proceso democrático venezolano, y en especial de la República Civil iniciada en 1958. Murió Caldera en su quinta Tinajero, rodeado de sus familiares y en la presencia de doña Alicia Pietri de Caldera, esposa y compañera durante 69 años. La historia del pluralismo de la democracia en Venezuela es inseparable de la trayectoria de Rafael Caldera.