En Caracas funciona ya el primer club de intercambio sexual entre parejas


Pese a la discreción con la que se practica, las variantes de matrimonio abierto y swinger tienen seguidores y hasta clubes en Venezuela... "Me llamo Vicky, y tengo una relación abierta". La frase no impacta a quienes transitan por la autopista Facebook donde hombres y mujeres ofrecen detalles de su vida social y a veces hasta de su preferencia sexual.

Vicky y Luis, su novio, ambos profesionales de 31 años de edad, practican una de las variantes sexuales más actuales y quizás la más extendida del mundo. Como si siguieran un rito, cada noche del último viernes del mes asisten a una residencia en Los Palos Grandes donde funciona el más reconocido de los clubes para matrimonios swinger en Caracas.

"No es un simple intercambio de esposas ni se trata de una orgía, sino de una forma de ampliar el placer más allá de los límites de nuestra intimidad", se justifica Luis, economista, que subraya el voto secreto de sus aventuras parafraseando el lema que suele decirse después de una noche loca en Las Vegas: "Lo que pasa aquí se queda aquí".

Intercambio limitado

Aunque existe una marcada diferencia entre parejas abiertas y matrimonios swinger, ambas variantes son parte de una cultura sexual surgida en 1940 pero popularizada durante la revolución sexual de 1960 como hapenning o menage a trois.

Entonces, el término "cambio de esposas" fue tildado de sexista y sustituido por "intercambio de parejas".

El matrimonio swinger es un acuerdo entre parejas, sin mediación del dinero; mientras que en la relación abierta el acuerdo se limita a tener sexo o flirteo sin obligación de informarle al novio o cónyuge.

En otras palabras, las parejas abiertas tienen libertad de expresar su gusto afectivo y/o erótico por otras personas, y de llegar a acuerdos en forma con extraños sin que exista necesariamente intercambio de parejas; mientras que los swingers intercambian al compañero de relación con otros y pueden llegar o no al contacto sexual.

"La nominación de este `estilo de vida’, como es definido, viene de swinging (columpiarse, balancearse) y remite al sexo practicado por parejas casadas o comprometidas que mantienen relaciones con parejas similares o con algún soltero", explica la psicóloga Ruth Hernández Boscán, cuyo consultorio en Sabana Grande es uno de los más visitados por adolescentes y jóvenes matrimonios.

Para Hernández, que también es psicoanalista, en teoría un swinger disfruta su libertad sexual y fantasea con la idea de ampliar su círculo de contactos íntimos más allá de la pareja, "sin que ello tenga que ver con sentimientos, y ello se hace con la entera aceptación de todas las partes".

En su opinión ­aunque parezca paradójico­, el swinger debe ser practicado por parejas felices, comprometidas y seguras de su relación, con el fin de evitar las presiones que acarrean los conflictos cuando uno de los integrantes desea practicarlo y el otro se rehúsa.

De la moral y otras costumbres

Como esta variante involucra matrimonios sólidos, la siguiente misión de las parejas es esquivar los dardos de la ley y del "que dirán", pues el swinger es visto como un pantano movedizo. Los que lo practican lo definen como estilo de vida y no como moda o patología.

Pero quien lo rechaza lo tilda de desviación sexual, perversión y hasta de promiscuidad.

"Más allá de la idea de trasgresión o la falsa creencia de que pasa por encima de la moralidad, pienso que lo que está en juego es la imagen del vínculo amoroso. Muchas personas piensan: si me va a ser infiel pues por lo menos que lo sepa; o mejor: si quiere tener sexo con otros, yo también lo haré", explica Ruth Hernández y añade que en cuanto a la práctica en sí misma "el voyeurismo, el exhibicionismo y la masturbación compartida son prácticas esenciales en el mundo swinger". Pero la psicóloga subraya diferencias entre mantener una relación abierta y participar en tríos u orgías.

"Quienes asisten a citas privadas y hoteles de swingers tienen un código de honor y requisitos previos. En una reunión de intercambio de parejas se puede llegar sólo al flirteo en público, ligeras caricias con la pareja cercana; o se puede elegir mantener relación sexual solo con la propia pareja mientras que la otra está en la misma habitación.

En cuanto a la forma de intercambios, existe el tradicional `dos para dos’, en la que las parejas intercambian a sus compañeros en actividades sexuales y participan a veces en un juego bisexual. También hay relaciones de a tres, en los que una pareja invita a un hombre o a una mujer para que juegue junto a ellos. Otras parejas prefieren hacer el intercambio solamente de sus compañeras bisexuales".

En Venezuela, indica Stephan Roy, propietario del club de swingers de Los Palos Grandes, se siguen dos reglas de oro internacionales: discreción y "no es no". La primera, aduce, obedece más a medidas de seguridad; la otra resulta obvia, porque no se trata de una orgía como las que muestra el cine porno. Otra regla apunta a cuidarse de los actos de discriminación, por lo que las parejas previamente indican sus preferencias (gorditos, no; nada con cincuentones; rubios solamente, ropa sexy o desnudos; flirteos o coito en la primera cita, etcétera).

"Lo importante es que las parejas se sientan desinhibidas y obtengan el placer que la vida real les niega", apunta el gerente del club que, sorprendentemente, a la pregunta de cuál es su preferencia responde sincero: "¿Quiere que le diga una cosa? Yo soy muy tímido para eso".

ELIZABETH ARAUJO
EL NACIONAL
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